Lunes, 25 de Agosto de 2008

Los irreductibles de Clinton no bajan las armas frente a Obama

La frustración de los seguidores de Hillary pone en peligro la unidad de los demócratas. La ex primera dama debería cerrar las heridas este martes

"Obama nunca fue muy progresista"

ISABEL PIQUER ·25/08/2008 - 20:28h

Michelle Obama, la esposa del candidato demócrata a la presidencia de EEUU, es aclamada en la Convención del partido en Denver.

Se respira un cierto ambiente últimos de Filipinas en el Fuel Café, en el centro de Denver, donde un centenar de simpatizantes de Hillary Clinton se abalanza sobre los canapés.Es la fraternidad de los marginados, o de los que se consideran como tal. Se han reunido para compartir su ira y frustración ante el inminente encumbramiento de Barack Obama como candidato del Partido Demócrata a la presidencia de Estados Unidos. Son un grupo minoritario de irreductibles pero ilustran el malestar que sigue existiendo entre las campañas de los dos contendientes que tanto lucharon durante las primarias.

El martes, la ex primera dama, en la intervención más significativa de la convención que empezó este lunes en la capital de las Rocosas, debería cerrar las heridas en un discurso de unidad y fraternidad. Para algunos no será suficiente. “No hay democracia en el Partido Demócrata. Obama ha sido designado, no elegido. Es un racista y un machista”, dice Mary Kivlin que ha decidido votar al candidato conservador, John McCain. 

Minorías atrincheradas

Su compañera, Kathy, no es tan radical. Sólo piensa abstenerse en noviembre. El hecho de que Obama eligiera a Joe Biden para la vicepresidencia, ha sido la última bofetada. La velada del bar ha sido organizada por Pumapac (People United Means Action), una organización espontánea que se creó hace unos meses con la derrota de Clinton en las primarias.

Junto con otras organizaciones como 18 millions voices (18 millones de voces, en alusión al número de votos que consiguió Clinton) o Just Say No Deal (di que no hay acuerdo), tiene previsto organizar manifestaciones a lo largo de estos días. Han rescatado viejas pancartas de la campaña y ya desfilan por las calles gritando “Hillary presidente”. Las minorías atrincheradas gustan de las teorías de la conspiración. “Obama tiene esqueletos en el armario. Se habla de que tenía doble nacionalidad, estadounidense y keniana o indonesia y si es así, según la Constitución no puede presentarse a presidente”, dice Nancy Saboori, que nació en Irán y vive desde hace 36 años en Massachusetts.

En unas elecciones tan reñidas las minorías cuentan y mucho. Entre los 1.640 delegados que Clinton consiguió durante las primarias, alrededor de un 30%, según las encuestas del Washington Post y el New York Times, sigue albergando ciertas dudas sobre Obama. Un núcleo duro de 5% asegura que no apoyará al candidato.

Eleanor Thompson, una de las delegadas de Nueva York, dice que votará a su senadora, pase lo que pase. “¿De qué cambio habla Obama si ésta es la política de siempre? Los superdelegados (los pesos pesados del partido que pueden votar a quien quieran) tenían que haber esperado el final de las primarias para pronunciarse por Obama”. Thompson espera que cuando se llegue al recuento final, su voto de protesta, y el del resto de irreductibles, quede registrado para la historia. El Denver Post aseguraba que Clinton “liberaría” finalmente a sus delegados mañana para la votación final. El hecho de que no lo haya hecho ya no ha sentado muy bien del lado de su ex rival. Su nombre se ha incluido en las papeletas de voto como gesto simbólico.

Sembrar cizaña

“Vamos a tener una convención estupenda”, dijo la ex primera dama a la delegación de Nueva York tras asegurar y repetir que dará todo su apoyo a Obama: “No nos podemos permitir cuatro años más de las políticas fracasadas de Bush. Estoy deseando estar en la Casa Blanca cuando el presidente Obama firme la reforma para que todos los norteamericanos tengan acceso a cobertura sanitaria”.

Las negociaciones para la puesta en escena de la convención demócrata no han sido exactamente fluidas. Un miembro del equipo de Obama comentaba a la página web Político, anónimamente claro, que los asesores de Clinton defendían a la ex candidata como “los soldados japoneses del Pacífico que no sabían que la guerra había terminado”.

Hillary ha conseguido que su discurso de hoy sea precedido con un breve vídeo biográfico, un privilegio que normalmente se reserva exclusivamente al candidato. Bill Clinton, por su parte, no parece estar muy contento con el tema de su intervención que le han asignado para mañana. Quería hablar de economía y la diferencia entre la prosperidad de los 90, cuando estaba en la Casa Blanca, y la crisis actual. En su lugar, se centrará en política exterior.

La cosa está lo bastante tensa como para generar un desmentido: “Entiendo que la prensa esté más interesada en hablar de los rumores de controversia pero el hecho es que nuestros equipos están trabajando juntos para garantizar el éxito de la convención”, dijo el portavoz y estratega de Obama, David Axelrod. Los republicanos están encantados. Han instalado un pequeño cuartel general cerca del centro de convenciones, “Not ready 08” (No está preparado), donde esperan sembrar toda la cizaña que puedan.

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