Lunes, 25 de Agosto de 2008

"Barack Obama nunca ha sido muy progresista"

Los testigos de los inicios de su carrera política recuerdan que el senador es una persona pragmática cuya prioridad es forjar acuerdos

I.PIQUER ·25/08/2008 - 20:20h

Los lugares, incluso las raíces, no siempre explican a la gente. En el caso de Barack Obama el reto es triple: madre de Kansas, padre de Kenia, criado en Hawai. Pero si hay un sitio que define al candidato demócrata es Chicago. Y más concretamente, Hyde Park, uno de sus barrios más peculiares. Ahí Obama tomó conciencia de su identidad afroamericana, construyó su carrera política y sobre todo aprendió a sortear los obstáculos del racismo y convertirse en un candidato a la vez blanco y negro.

Hyde Park es un barrio donde apetece quedarse a vivir. Los pájaros cantan, las ardillas corren por el césped, los arboles se mecen con la brisa. Los edificios de apartamentos tienen un estilo vagamente inglés. Todo rezuma a buena conciencia y pulcritud. Es uno de los escasos enclaves mixtos en una ciudad segregada; respira la tranquilidad y discreta satisfacción de vivir adosado a la Universidad de Chicago, una de las más prestigiosas del país.

Sus librerías despliegan con orgullo su selección de autores afroamericanos, su museo expone arte de la antigua Nubia. Postes en los jardines rezan por la paz en el mundo, carteles en las ventanas piden enjuiciar a Bush por la guerra de Irak. Hyde Park es progresista hasta la caricatura en un sitio más conocido por sus políticos despiadados y sus negocios turbios.

Aquí aterrizó Obama cuando llegó a Chicago en 1985; donde se estableció más tarde, tras graduarse brillantemente en Harvard; donde besó por primera vez a su futura esposa, Michelle Robinson (delante de la heladería); donde empezaron a vivir de recién casados. Es parte del distrito que representó durante ocho años como senador local y es donde, con la ayuda de un especulador inmobiliario, Tony Rezko, compró hace tres años por millón y medio de dólares una mansión, y se metió en un lío (del que por cierto ha salido indemne). Hyde Park es parte de la historia del candidato.

La coalición

Es sobre todo el lugar que primero vio la coalición de progresistas blancos adinerados y políticos negros que le han llevado a las puertas del poder. “Barack tenía todas las herramientas del éxito. Conoció a mucha gente, hizo muchos contactos. En aquel momento era alguien muy buscado y supo aprovecharlo” dice Judson Miner, el socio del bufete de abogados que contrató a Obama a finales de 1992 . “Barack es alguien de sustancia que aprende muy rápido y sabe integrar esos conocimientos”.

Miner, que trabajó durante un tiempo para el único alcalde negro de Chicago, Harold Washington, introdujo a Obama en los ambientes políticos locales. El otro lazarillo del candidato en los complicados tejemanejes de la ciudad fue su propia esposa, Michelle, que estudió en el mismo colegio que una de las hijas del reverendo Jesse Jackson, el único antecedente afroamericano serio en buscar la presidencia.

Entre los contactos que Obama hizo cuando empezaba a afianzarse políticamente, figuran dos en particular: David Axelrod, el estratega más importante de Chicago y que dirige ahora su campaña, y Penny Pritzker, heredera de la fortuna de los hoteles Hyatt, que apostó por respaldar a Obama en su salto hacia Washington en 2004 y ahora se encarga de sus finanzas, a las que ha contribuido.

Reconciliación

Mientras cimentaba estas alianzas, el candidato iba afinando un mensaje de reconciliación que integrara a los negros y redimiera a los blancos. “Me divierten esos artículos en la prensa que dicen que ha cambiado de política. Barack nunca ha sido extraordinariamente progresista. Tiene opiniones muy marcadas pero también es flexible y sobre todo quiere llegar a un acuerdo. Nunca ha sido un ideólogo estricto. Tiene la cualidad de los abogados. Si ve que hay elementos nuevos, los incorpora a su pensamiento para apuntalar sus argumentos”, explica Miner que trabajó con él durante casi nueve años.

Obama también trabó lazos importantes con la comunidad judía de Hyde Park. Su vecino, el rabino Woolf, que dirige una imponente sinagoga de estilo bizantino frente a la mansión del candidato, salió en su defensa recientemente para aclarar la postura del candidato en el tema israelí.

“He trabajado con Obama durante más de una década”, decía el rabino en un artículo publicado en la prensa local. “Es uno de los nuestros, la única figura en la escena política que recuerda nuestro pasado y tiene una auténtica visión para reparar nuestro presente”.

Fue la particular naturaleza de Hyde Park la que permitió a Obama integrar su doble identidad. “Encontró una manera de formar parte de la comunidad negra pero también de vivir más allá”, declaraba recientemente a The Wall Street Journal, Gerald Kellman, el hombre que contrató a Obama como organizador social. “Descubrió que podía vivir en ambos mundos”. Y sin demasiadas estridencias.

“Es un poco complicado buscar una narrativa coherente en la vida de las personas. A veces los periodistas quieren recomponer el pasado como si fuera un rompecabezas que encaje perfectamente y no siempre es posible. Barack es alguien que se piensa mucho las cosas pero también sabe aprovechar las oportunidades”, añade Miner.

¿Cómo vive Hyde Park la celebridad de su todavía inquilino? “Casi como algo normal”, dice Gabriel Piemonte, director del Hyde Park Herald, que se autodefine como el diario vecinal más antiguo de Chicago (1882). “Aquí siempre ha habido gente muy activa políticamente. Ven con buenos ojos que alguien que piensa como ellos pueda ser presidente”.

Luego, duda y añade: “Muchos son cosmopolitas e intelectuales. Consideran a Obama como una prolongación de su excelencia”.