Domingo, 24 de Agosto de 2008

Las 5 amenazas de Doñana

El cambio climático se suma a la acción del hombre para poner en jaque un espacio tan valioso como vulnerable 

Á. MUNÁRRIZ/O. CARBALLAR ·24/08/2008 - 13:08h

La reciente aprobación por parte del Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino de una Declaración de Impacto Ambiental favorable a la línea de alta velocidad Sevilla - Huelva –que, en opinión de Adena, “aislará aún más” a Doñana– ha avivado el debate sobre si el cuidado del Parque Nacional es suficiente. “Desde el punto de vista científico y ecológico, nunca estuvo más protegido”, afirma el director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC), Fernando Hiraldo, que sostiene un discurso cauto y ponderado. No obstante, subraya que la ubicación del Parque lo pone en una situación de extrema vulnerabilidad: “Lo que caracteriza a Doñana es que depende tanto de lo que se hace dentro como de lo que se hace fuera”.

Numerosos peligros de documentada incidencia se ciernen sobre las 54.000 hectáreas del Parque: exceso de asfalto, pesca ilegal, presión urbanística, turismo irresponsable, especies invasoras... Público recoge, bajo cinco epígrafes, las principales amenazas.

Amenaza 1
Infraestructuras

El debate ahora se centra en el oleoducto que el industrial extremeño Alfonso Gallardo pretende construir a lo largo de los 200 kilómetros que separa Huelva de la comarca pacense de Tierra de Barros. Un informe de la Estación Biológica de Doñana señala que “el incremento del tráfico de petroleros en el polo industrial de Huelva elevaría significativamente el riesgo de mareas negras”. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el de Extremadura, Guillermo Fernández Vara, ambos del PSOE, apoyan el proyecto, que requiere la aprobación de la Junta de Andalucía. El oleoducto no es la única espada de Damocles. El PP reclama una autovía de Huelva a Cádiz, que supondría agresivas incursiones en el Parque. “Se hace demagogia con el progreso que conllevaría”, denuncia el director de la oficina de Adena en Doñana, Juan José Carmona. El portavoz de Los Verdes, Francisco Garrido, es más escéptico aún sobre esta amenaza. “Es un señuelo. Piden esa barbaridad para luego conseguir lo demás”, afirma. La Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía mantiene de momento la negativa a esta autovía.

Otra infraestructura que preocupa a los defensores de Doñana es la Mina de las Cruces, evidencia palpable de que el desastre de Aznalcóllar no ha servido de escarmiento. La prueba: la autorización por parte de la Junta de Andalucía de esta mina, a 10 kilómetros de Aznalcóllar. “La principal amenaza es el vertido de metales pesados al estuario del Guadalquivir las 24 horas del día. Y eso durante los 15 años de explotación o más, porque la planta hidrometalúrgica puede seguir después”, lamenta el coordinador de Ecologistas en Acción en Sevilla, Isidoro Albarreal. La propia Junta, tras conceder los permisos, tuvo que parar en mayo los trabajos en la corta de la mina porque la empresa que hace los trabajos, Cobre Las Cruces, hizo sondeos ilegales que contaminaron un acuífero.

La falta de un plan global de movilidad ha propiciado, además, la proliferación de “carreteras y caminos convertidos en carreteras”, según Garrido, que denuncia que la proliferación de infraestructuras corta los imprescindibles corredores verdes hasta Sierra Morena.

Los proyectos de desdobles y ampliaciones responden a una demanda fundamentalmente turística. “En El Rocío no viven ni 1.000 personas. Para que a la romería vayan 600.000, ¿hay que ampliar la carretera? No se puede planificar todo pensando en los fines de semana de verano. Ampliar una carretera no elimina atascos, sólo provoca que vaya más gente”, afirma Carmona. El asfalto conlleva, además, atropellos. El último año en que se contabilizaron los atropellos, 2006, fallecieron 3.000 vertebrados por esta causa.

Amenaza 2
Falta de agua

Las extracciones de agua para regadío suponen una amenaza para el acuífero que nutre al Parque. En los últimos 20 años, el regadío agrícola se ha duplicado en la comarca, en muchos casos debido a la perforación de pozos ilegales, que suponen una pérdida de unos 25 hectómetros cúbicos al año. Hay zonas del acuífero en las que el nivel de almacenamiento se sitúa a 18 metros por debajo del nivel del mar. El pasado enero, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir anunció una aportación de 30 hectómetros cúbicos de aguas pluviales a los agricultores de la zona a cambio de que redujesen las captaciones del acuífero. Pero no es suficiente. “Es necesario un proyecto, quizá desde instancias europeas, para hacer compatible el uso agrícola con Doñana, porque Doñana depende del agua”, afirma Hiraldo. Cambiar los cultivos de riegos muy intensivos, como el arroz o el algodón, por otros más sostenibles podría ser una solución que, además, reduciría un importante foco de contaminación de las aguas superficiales: el uso de plaguicidas. “Hay que incentivar la agricultura ecológica”, insiste Hiraldo.

La sobreexplotación de acuíferos establece claros maridajes con el problema de las viviendas ilegales. “¿De dónde sacan el agua?”, pregunta retóricamente Carmona, que calcula que existen 2.000 en la zona. El portavoz de Ecologistas en Acción Juan Romero, critica la “total falta de información” al respecto.

Amenaza 3
Actividad portuaria

La incidencia de la actividad del puerto se Sevilla en Doñana demuestra su vulnerabilidad. La entrada de barcos de gran tamaño al único puerto fluvial de España obliga a dragar el Guadalquivir en su camino hacia la costa gaditana, lo que agrede los ecosistemas y, más grave aún, puede alterar la dinámica del estuario. Cientos de familias de arroceros se ven afectadas por la turbidez del agua y su mayor salinidad. “El cauce del río está siendo alterado”, denuncia el director de la Federación de Arroceros, Manuel Cano. Intereses económicos y medioambientales se aúnan contra la draga. Adena también vincula la actividad en el puerto con la entrada de especies invasoras. “Los cangrejos chinos y los moluscos de Nueva Zelanda han podido entrar al soltar aquí los barcos su agua de lastre”, afirma Carmona.

Amenaza 4
Cambio climático

Doñana está abocada a la salinización de sus aguas, si la mano arrolladora del cambio climático sigue aumentando las temperaturas, frenando las lluvias y acelerando la velocidad del viento. Según un estudio de la Universidad de Huelva, el nivel del mar habrá aumentado a finales de siglo a cotas en torno a 0,5 metros. Doñana, situada entre 0 y 40 metros sobre el nivel del mar, registró en los últimos 100 años una subida de 20 centímetros. “Es el problema más grave. Hay que plantearse la posibilidad de crear un delta de agua dulce, estudiar la situación y tomar una decisión”, explica Hiraldo. “Y en ello tienen que tomar parte los políticos”, añade. La entrada de agua del mar al Parque Nacional afectará a la composición química de acuíferos y lagunas, imprescindibles para la supervivencia de este espacio.

Amenaza 5
Escasa concienciación

“Estos problemas se solucionan con dinero y educación, necesitamos concienciación social. Doñana es un espacio que debemos cuidar entre todos como una joya”, afirma el director de la Estación Biológica, que lanza también un reproche velado a la capital andaluza: “Hay más conciencia en los pueblos del entorno que en Sevilla capital”. Asociaciones como Doñana 21, cuya labor de vigilancia de la actividad empresarial en la zona ha alcanzado una notable proyección mediática, evidencian el creciente interés social por la cuestión. Pero queda mucho por hacer. “La gente debe mentalizarse de que a Doñana es difícil ir. No es como ir de turismo a cualquier parte”, dice Carmona, haciendo un llamamiento a la reflexión: “¿Podemos decir que Doñana es un espacio protegido con los atropellos que hay?”. A su juicio, el planteamiento pedagógico de la Junta de Andalucía, por más que haga esfuerzos en campañas concretas, es erróneo. Pone como ejemplo la insistencia en la protección del lince, absolutamente necesaria pero que lo ha convertido en una suerte de animal mediático, que distrae la atención del resto de especies amenazadas.

Garrido atribuye parte de culpa a la clase política. “Poco avanzaremos mientras se mantengan posturas tan dañinas como la de reclamar la autovía Huelva-Cádiz, algo así presenta al Parque como si fuera un enemigo del progreso, cuando la realidad es justo la contraria”, remacha.