Sábado, 23 de Agosto de 2008

Gaza se deja barba

REPORTAJE: Hamás aplica la mano dura para acabar con clanes tribales como el de los Dogmush, conocidos como ‘Los Soprano de Gaza’.

"La criminalidad ha descendido notablemente"

ÓSCAR ABOU-KASSEM ·23/08/2008 - 18:03h

Nawaf Hassanein era un conocido delincuente de Gaza con delirios de grandeza. Convencido de su poder, decidió ampliar su patrimonio con una nueva adquisición. Cuatro de sus secuaces entraron la noche del 27 de noviembre de 2005 en el zoo de Gaza. A punta de kalashnikov, encerraron al vigilante en la cafetería y fueron a cumplir con el encargo del jefe. El capricho de Hassanein era Sajer, un león africano. Intentaron atraparlo con unas mantas. “El animal se resistió de forma feroz y se tuvieron que conformar con Sabrina, su hermana de apenas tres meses”, cuenta Emad Abu Ahmad, el director del zoológico. También se llevaron a dos loros capaces de decir algunas palabras en árabe.

Sabrina se convirtió en la mascota preferida de Hassanein. El matón le limó los colmillos, le lijó las garras y le cortó el final de la cola donde crece el pelo negro que distingue a los leones africanos. Le gustaba pasear por las calles de Gaza con ella. Si entraba en una peluquería dejaba a la leona encadenada en la puerta mientras le afeitaban. Si alguien quería una fotografía con Sabrina le cobraba cinco shekels, el equivalente a un euro.

Nadie le paraba los pies. La anarquía reinaba en Gaza tras la retirada israelí del verano de 2005. Los criminales y las bandas armadas campaban a sus anchas. Las fuerzas de seguridad palestinas, divididas entre Fatah y Hamás, eran incapaces de imponer el orden. En un alarde de impunidad, Hassanein se presentó dos veces en el zoo de Gaza con Sabrina. Sólo quería que los veterinarios revisaran su salud y completaran un apareamiento con Sajer. La dejaba un par de días y se la volvía a llevar encadenada.

Cuando Hamás se hizo con el control de Gaza en junio de 2007 decidió dar ejemplo con Hassanein. Sus fuerzas policiales se presentaron en su casa de la ciudad de Gaza para detenerle. Se resistió y acabó acribillado. En la guarida de Hassanein encontraron un arsenal de armas, drogas y a la desnutrida leona. Sin rastro de los loros. Montaron a Sabrina en un todoterreno y la devolvieron al zoo.

Sajer, que había pasado meses rugiendo de forma inconsolable y sin apenas apetito, reconoció inmediatamente a su hermana y se puso a jugar con ella. “Llegó en muy mal estado y temimos por su vida. Ahora, sin los colmillos, tiene dificultades para comer. Ya sólo toma carne picada”, dice el director del zoo.


Fin de la anarquía

En junio de 2007, tras barrer de Gaza a sus archirrivales de Fatah en unos enfrentamientos que dejaron 160 muertos, Hamás decidió acabar con el caos local. Entre septiembre de 2005 y junio de 2007 se habían producido 28 secuestros de extranjeros, la mayoría periodistas y trabajadores de ONG. Las capturas eran protagonizadas por grupos armados que exigían seguir recibiendo la financiación que obtenían de las autoridades palestinas durante su lucha armada contra la presencia israelí en Gaza.

La mayoría de los secuestros terminaba pasadas unas horas o un par de días. Pero el caso de Alan Johnston, el periodista de la BBC que pasó 114 días de cautiverio, marcó el siguiente objetivo de los islamistas de Hamás: acabar con el poder de los clanes locales.

Johnston fue secuestrado el 12 de marzo de 2007 por el autodenominado Ejército del Islam, una pequeña facción de islamistas radicales que estaban protegidos por la familia Dogmush. El clan, dedicado al contrabando, la extorsión y el tráfico de armas, era conocido como Los Soprano de Gaza. Los métodos violentos que empleaban en su negocio familiar les hacían muy temidos y odiados en toda la franja. “Querían crear una situación de violencia generalizada y desorden social de la que se pudieran beneficiar económicamente”, cuenta Taufik Jaber, el jefe de la Policía de Gaza.

Hamás presionó y amenazó “con matar a todos los Dogmush” si no soltaban a Johnston. El periodista fue liberado tras un intercambio de rehenes entre ambos bandos. Hamás se puso la medalla de la liberación. El primer ministro de Hamás, Ismail Haniya, posó esa misma noche con Johnston, recién liberado, como si se tratara de un trofeo.

Venganzas y torturas

El orden había vuelto a Gaza y se multiplicaban las acciones contra los clanes, el de los Dogmush incluido. La reputación de los islamistas crecía. Pero la mano dura también creó una fama de torturadores. Hamás admite ciertos excesos pero también justifica sus acciones como represalia por el trato que sus seguidores reciben en la Cisjordania controlada por Fatah.

Las bandas armadas campaban a sus anchas en el caos posterior a la retirada israelí 

“Si entras en una cárcel de Hamás con una talla 41 de pie sales con una 48”, dice medio en broma Nabil, un miembro de Fatah. Nabil, de 28 años, estaba en los cuerpos policiales leales al presidente, Mahmud Abás, durante la toma de Gaza por parte de Hamás. Ahora no trabaja pero sigue recibiendo su sueldo. “Parece que el mes que viene vamos a dejar de cobrar”, cuenta este joven palestino. A su lado está Riad, su mejor amigo. Riad no tiene tantas quejas como Nabil. Este electricista es partidario de Hamás.

“Creo que Haniya es buena persona pero no tiene poder”, opina Nabil. Riad está de acuerdo sólo en parte: “Haniya es buena persona pero es un poco blando”. Los dos cuentan que discuten a menudo. Para enfadar a Riad, Nabil le llama “chií” por el apoyo económico que los islamistas reciben de Irán.


Control total 

El siguiente en pasar por la ventanilla de Hamás fue el clan Hilles. Se trataba de un caso excepcional en Gaza. El clan siempre había sido leal a Fatah pero durante el enfrentamiento con Hamás se mantuvo al margen.

Su líder, Ahmed Hilles, estaba enfrentado a otros dirigentes de Fatah y logró un acuerdo con Hamás para mantener a sus hombres y sus armas en la Gaza de los islamistas. El patriarca de los Hilles era visto como un hombre de consenso que podía facilitar futuras negociaciones entre las dos principales facciones palestinas.

Abusando de su condición de protegidos, los miembros del clan empezaron a cometer excesos. Se creían intocables. La población local los detestaba al igual que a los Dogmush. Pasaron a ser un aliado muy incómodo para los fundamentalistas que intentaban imponer el orden con puño de hierro.

Un matón de Gaza secuestró a una leona del zoo local y se paseó con ella como mascota 

Vivían en un extenso complejo residencial dentro del populoso barrio de Shejaia, en la ciudad de Gaza. Allí también se refugiaban conocidos criminales cuando huían de las fuerzas policiales.

La paciencia de Hamás se agotó cuando el pasado 26 de julio un atentado en un local junto a la playa causó la muerte de cinco de sus miembros y de una niña de ocho años. La Policía se presentó en la residencia de los Hilles para pedir que les entregaran a los presuntos responsables. Decían contar con pruebas, fotografías y vídeos, que demostraban la participación en las explosiones de Zaki Assakni, un protegido de los Hilles. Los miembros del clan se negaron y agredieron a los agentes policiales.

“La operación fue un éxito. Duró seis horas y era una zona muy complicada de actuar con calles estrechas”, cuenta el jefe de Policía Jaber, encargado de la operación. La Policía encontró un arsenal en la residencia de los Hilles: 16 minas, cinco lanzaderas de mortero, varios lanzagranadas, diferentes tipos de detonadores, cohetes caseros y 25 rifles kalashnikov.

Penosa huida

El asalto acabó con once muertos y una penosa huida de 188 miembros del clan hacia Israel. En la frontera tuvieron que esperar cuatro horas hasta que los israelíes les dejaron pasar. Cuando abrieron el paso fronterizo de Nahal Oz fueron despedidos a balazos por los hombres de Hamás que los acosaban. Entraron con 22 heridos, incluido el líder del clan, que fueron ingresados en hospitales israelíes.

En principio, el presidente Abás no quería que los hombres fueran enviados a Cisjordania. Pretendía que se quedaran en Gaza para mantener la presencia de Fatah en la zona. Pero, tras ver cómo los 32 primeros en regresar fueron enviados directamente a prisión por Hamás, finalmente permitió al grupo trasladarse a Ramala. “Hemos liberado a 92 personas del clan y otros 35 van a pasar a disposición judicial. Hasta la gente que odia a Hamás estaba encantada con la operación”, presume Jaber.

No opinan igual los dirigentes de Fatah en Gaza. “Lo que ha pasado es malo para la popularidad de Hamás”, dice Abdalá Abu Samhadana, gobernador de la zona central de Gaza. “Se trató de algo injusto e ilegal. No se puede disparar con artillería a un barrio entero creando explosiones por toda la zona. Expusieron a muchos inocentes a un riesgo muy grande”, dice Abu Samhadana.

Los islamistas acabaron con la impunidad de los delincuentes con métodos expeditivos 

Los partidarios de Hamás están encantados de ver a los islamistas dominar los ministerios, los edificios oficiales y los controles de carretera. Su presencia, con sus trajes oscuros, sus rifles y sus barbas, es notable en toda la franja.

Pero los abusos de poder de los islamistas, por los que tanto habían criticado a los dirigentes de Fatah les están pasando factura. La última encuesta del Centro Palestino de Encuestas (PSR) daba en junio un 26% de apoyo para Hamás y un 35% para Fatah entre la población de Gaza.

Los leones Sajer y Sabrina siguen con su vida en su pequeña jaula del modesto zoológico de Gaza. El pasado enero, Sabrina tuvo a sus dos primeros cachorros. El director del zoo se lamenta de que las instalaciones no fueran las adecuadas: “Las dos crías murieron por el frío”.