Martes, 19 de Agosto de 2008

El largo verano de Brian Wilson

El líder de los Beach Boys disfruta de su propia resurrección

VÍCTOR LENORE ·19/08/2008 - 22:10h

Desde su vuelta a los escenarios a comienzos de siglo, Brian Wilson disfruta de una resurrección en toda regla. Sus conciertos son anunciados como acontecimientos históricos y decenas de bandas jóvenes le reconocen como maestro e influencia. Y estos meses anda más activo que nunca. La noticia más jugosa es que tiene previsto un disco nuevo que llega a las tiendas el 2 de septiembre.

Se titula That lucky old sun (a narrative) y recoge esa visión típicamente suya de una California idealizada como paraíso terrenal. La música del disco celebra la cultura hedonista de Venice Beach, los años dorados de la industria del cine y edificios emblemáticos de la ciudad como la Capitol Tower o el Hollywood Bowl. Una obra conceptual basada en piezas separadas por intermedios poéticos musicados (lo que los anglosajones llaman spoken word).

En el álbum también hace referencia a sus años de depresión y dependencia de las drogas. La canción Midnight’s another day contiene versos como “cogí el diamante de mi alma y lo convertí en carbón”. La revista británica Uncut ha sido la primera en hacer una crítica del álbum, otorgándole cuatro estrellas de cinco. La frase final de la reseña sentencia que “este año se han publicado muy pocos discos que se puedan comprar con este en fuerza, brío e imaginación musical. Y ninguno de los que llegan a este nivel lo ha compuesto un músico de 66 años de quien en algún punto pensamos que jamás volvería a pronunciar una frase coherente y mucho menos volver a hacer música tan extraordinaria como esta”. Su gira será una golosina codiciada para los festivales de verano en 2009.

El disco está compuesto junto al mítico Van Dyke Parks, uno de sus colaboradores más veteranos y talentosos. También participa el miembro de su actual banda Scott Benett. El renacimiento artístico de Wilson ha sido posible en gran parte gracias a The Wondermints, un joven grupo capaz de recrear sus armonías deslumbrantes y detallistas (él casi se ha limitado a hacer de asesor espiritual en el escenario). El exlíder de los Beach Boys estará de gira todo lo que queda de año.

¿Otra obra magna?

Amazon ha anunciado que el 23 de septiembre saldrá a la venta A world of peace must come, un disco casero grabado en 1969 (su época dorada) basado en textos del poeta Stephen John Kalinich. La obra fue idea Marilyn Kalinich, esposa del escritor, que recuerda que “grabamos la mayor parte en la casa de Brian, pero fuimos a otros estudios como Wally Heider y Sunset Sound a trabajar algunos fragmentos”. Dennis Wilson, su hermano colaboró en la composición de dos canciones. ¿Otra obra magna?

Wilson no ha dejado atrás su temperamento caballeroso y perfeccionista. El pasado julio participó en un concierto benéfico contra el cáncer de pulmón. Tocó setenta y cinco minutos con una banda de seis miembros. Decenas de fans se quejaron porque la publicidad colgada en la red prometía diez músicos en el escenario y un repaso a éxitos de los Beach Boys que no se llegó a producir. El problema fue un “recorta y pega” inapropiado de la descripción de sus conciertos habituales , que no era aplicable a este show especial.

Tanto él como su mujer y mánager Melinda se han ofrecido a desde su página web a devolver el dinero a quien no esté satisfecho con lo que escuchó. Aunque parezca una anécdota, seguramente es la primera vez que un artista pop reconoce que no cumplió los mínimos exigibles y compensa a sus seguidores sin mediación judicial. La web del diario The Guardian ha lanzado el debate “¿Deben de ser responsables los artistas por no cumplir las expectativas del público?”.

Sexagenario pop

Hablamos de un artista que siempre quiso dar el máximo y algo más. Antes de cumplir los 25 había compuesto Pet Sounds, una de las cumbres de la historia del pop. Definió el disco Smile como “una sinfonía adolescente para Dios” donde también pretendía “reflejar todo lo bueno y puro del espíritu de EE UU, desde los colonos que lo fundaron hasta el radiante renacer contracultural de los 50 y 60”.

Wilson se esforzó siempre por avanzar en su arte, a pesar de que su vida fue una carrera de obstáculos donde tuvo que sortear minusvalías auditivas, a un padre maltratador, la lucha de egos en su grupo, desequilibrios mentales, adicciones, un malvado pseudopsiquiatra y una discográfica que llegó a desfalcar al grupo 18 millones de dólares. Las batallas legales mantuvieron el disco Smile (grabado en 1967) cuatro décadas en los cajones.

Precisamente la grabación de este disco estuvo marcada por todo tipo de experimentos: construyó una tienda de campaña dedicada a fumar marihuana y tomar LSD. “Yo probé ambas cosas: me hicieron profundizar más en la música, pero también me asustaron”, confiesa Wilson. En plena paranoia, llegó a creer que su canción Fire (retitulada Miss O’Leary Cow) había provocado un incendio en California.

Hoy Wilson es un sexagenario bénefico y admirado por todos en el planeta pop, un habitual en los conciertos para recaudar fondos: actúo en el Live 8 contra el cambio climático y consiguió un cuarto de millón de dólares prometiendo llamar personalmente a quien donará cien dólares para las víctimas del Katrina.