Lunes, 18 de Agosto de 2008

El general que hizo posible la edad dorada de la ‘yihad’

IÑIGO SAÉNZ DE UGARTE ·18/08/2008 - 21:19h

AFP - Musharraf, en la despedida oficial de su cargo.

Poco antes de la invasión de Afganistán, el número dos del Departamento de Estado, Richard Armitage, viajó a Islamabad para reclutar a Pakistán en la guerra contra Al Qaeda. No era época de delicadezas diplomáticas pero, aun así, el director de los servicios de inteligencia paquistaníes debió de quedarse lívido cuando Armitage le explicó lo que le ocurriría a su país si Pakistán no se ponía del lado de Washington: "Prepárense para volver a la Edad de Piedra".

Lo contó años después Musharraf y lo desmintió Armitage, aunque este no negó que el aviso se hizo en los términos más tajantes. No resultaba extraño. Los talibanes nunca hubieran llegado al poder en Kabul sin la ayuda de Pakistán.

Desde entonces, Musharraf se convirtió en el gran aliado de Bush en el mundo islámico. El socio no contaba con credenciales de peso en la supuesta cruzada contra los enemigos de la libertad. El general había llegado al poder con un golpe de estado y tutelaba un régimen autoritario concebido para perpetuarse.

El último reducto

Casi siete años después de este pacto, los resultados no son nada alentadores. Las regiones fronterizas de Pakistán con Afganistán son hoy el último gran reducto con que cuenta Al Qaeda. Su influencia se hace notar en la mayor parte de Pakistán, incluida su capital. Los talibanes, tanto afganos como paquistaníes, nunca han sido tan fuertes como durante la presidencia de Musharraf.

La crisis de la Mezquita Roja, que acabó con centenares de muertos, el asesinato de Benazir Bhutto y varios atentados contra la vida del mismo Musharraf demuestran que los fundamentalistas más violentos no han sido derrotados.

El presidente dimitido se convirtió en un buen amigo de George Bush. "Aliado clave" eran palabras que se repetían en Washington al referirse a Musharraf. EEUU financió su guerra contra los radicales y a cambio obtuvo el permiso para atacar objetivos de Al Qaeda en territorio paquistaní.

En el último año, se vio que la estrategia de centrarse en los peces gordos de Al Qaeda. olvidando el mar en el que se movían, estaba siendo un fracaso. Los integristas desafiaron al Ejército paquistaní fuera de sus bastiones habituales, como el valle turístico del Swat, con la tranquilidad que da saber que la cantera siempre les surtiría de carne fresca.

En todos estos años, Musharraf ha sido incapaz de imponer la autoridad del Estado en las regiones fronterizas. Este Wild West del islam radical ha mantenido viva la idea de yihad violenta contra Occidente y se ha convertido en la retaguardia de los talibanes afganos. Musharraf ha fracasado y quizá haya condenado al fracaso a sus sucesores.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad