Domingo, 17 de Agosto de 2008

El Valencia pega duro al Madrid (3-2)

El equipo de Emery se levantó frente a la adversidad y realizó una gran segunda parte

ALFREDO VARONA ·17/08/2008 - 23:06h

Fue un partido enérgico jugado a muy buen ritmo por el Valencia, que tropezó frente a la eficacia de Van Nistelrooy. Balón que le llegó al área balón que acabó dentro. Ni en los partidos de baloncesto se obtiene semejante grado de rentabilidad. Pero hablamos de Van Nistelrooy, un tipo que probablemente ganaría más a comisión que a sueldo fijo. Su sentido de la puntualidad no decae con los años. Qué manera de arrancar la temporada.

El choque se puso muy feo para el Valencia desde el principio. Y precisamente fue en el primer balón que llegó a la bota del holandés. A la derecha, que es su favorita. Y en el costado diestro del área mayor. A partir de ahí ya se pueden imaginar tratándose del personaje. Bajó la pelota al piso, la colocó a su manera y le pegó un derechazo que, por encima de todo, obedeció a una intención. Y fue gol, claro. Son las cosas que pasan con este hombre.

Pedradas locales

El gol complicó la noche al Valencia, que hasta entonces había tirado varias pedradas. Y las siguió tirando para acompañar la excitada petición de la grada. Pero la suerte no estuvo de su parte en la primera mitad, en la que tuvo a Casillas varias veces en el suelo. Una vez, incluso, la pelota chocó con el larguero cuando lo más fácil es que se hubiese enrollado en la red.
Lo cierto es que el mejor Valencia apareció tras la reanudación, cuando remontó el gol en contra. Mostró entonces una propuesta rápida y habilidosa, precisamente las señas de identidad en las que Villa se siente mas cómodo. Y Silva. Y también Mata. De hecho, fue Mata el que encontró el empate con un zurdazo que completó una jugada en la que la aceleración no significó precipitación. Era el momento del Valencia, que tenía al Madrid a los pies de los caballos, sin instinto de rebeldía. Y le cayó el segundo. Esta vez fue de Villa, el futbolista mas inquieto de la noche. Quizá también el que más veces se quedó en fuera de juego. Y no siempre fue culpa del asistente.

Estaba el Madrid casi arruinado en medio de la tempestad. Pero entonces apareció Van Nistelrooy para cazar uno de esos balones sin dueño en el área y que cada día ensanchan su leyenda. Y volvió a complicar la cosa para el Valencia. Pero la diferencia es que anoche el grupo de Emery tenía lo que no tuvo el Madrid, una sexta velocidad.

Sacó la pelota del medio campo con intención y anticipación, que fue lo que le volvió a ofrecer una nueva opción de gol. Y eso que la pelota llegó confusa al área, pero por ahí andaba Vicente que tuvo la fortuna de enviarla dentro de la portería. No está del todo claro que esa fuese su intención.

En realidad, el Valencia fue mucho más que un Madrid donde sí se percatan buenos signos para el futuro. Por ejemplo, da gusto ver jugar a Van der Vaart, una zurda que casi siempre elige lo correcto. Acaba de llegar al Madrid y parece que lleva media vida. A balón parado ya nadie discute que el jefe es él. Es como si le sonase el teléfono. Ahí acude el centrocampista holandés, que tiene más peligro que un niño de primaria con un revólver.

El Valencia fue aún más que eso. Tuvo motivos para desanimarse, en la primera y en la segunda parte, con los azotes de Van Nistelrtooy. Pero hizo de la adversidad una facultad que se acompaña con el hambre de sus mejores futbolistas.