Domingo, 17 de Agosto de 2008

Marta tropieza con el podio

La palentina Marta Domínguez cae en la antepenúltima valla cuando luchaba por una medalla en los 3.000 metros obstáculos

IGNACIO ROMO ·17/08/2008 - 15:18h

Sólo le quedaban tres obstáculos. Poco más de 200 metros. Marta Domínguez estaba acariciando una medalla cuando se golpeó con el obstáculo y cayó. Intentó levantarse otras dos veces y no lo consiguió. Su sueño quedaba hecho trizas pero su valiente apuesta por los 3.000 metros obstáculos no hace sino engrandecer su historial.

Galkina ganó con récord del mundo: 8:58.81. No quiso problemas. Impuso un ritmo duro, constante desde la primera vuelta y el pelotón se estiró. Marta iba sexta. Marta sexta en la primera vuelta. Perdió el contacto con las primeras en el primer paso de la ría, en el que tropezó y perdió metros. Se quedó ya miuy cortada en el primer kilómetro mientras las de adelante volaban. Galkina cruzó el primer kilómetro en 2: 58.6, a ritmo de récord mundial.

La zancada de Galkina 

La exhibición de Gulnara Galkina (quizá una de las zancadas de mayor belleza plástica de los Juegos) continuó hasta la línea de meta. Marta remontó desde el séptimo puesto y ya era quinta a dos vueltas del final. A falta de 600 metros ya era cuarta. Poco después de la campana era tercera, pero su progresión quedó frenada 100 metros más tarde. 

Marta partía con la sexta mejor marca -contabilizando sólo los cronos de esta temporada- de las participantes en la final. Aparte de las favoritas Galkina y Jepkorir, los 9:21 de la palentina eran inferiores, en las estadísticas, a los 9:15 de Petrova, y los 9:18 de Nyangau y Volkova. El próximo año, en los Mundiales de Berlín, tendrá la oportunidad de vengarse. Los obstáculos con un a prueba durísima. Marta, también.

Caída dramática, reacción sensacional

NOELIA ROMÁN, Pekín

Fue una imagen impactante, dramática, desgarradora. Marta Domínguez abatida en el suelo, a 200 metros de la meta, herida, intentando recuperar la vertical para seguir corriendo; sin poder. Prueba, pero se marea y cae de nuevo y la cabeza, que le da vueltas, impacta contra la valla de protección de la pista. Apenas lo recuerda. Nunca se había visto así. "Iba muy lanzada y he dejado la pierna un poco atrás y, no sé, son cosas del destino. Parece que estoy gafada con los Juegos, aunque no creo en la maldición olímpica", dice, con los ojos vidriosos y una sonrisa, su rodilla herida. Se ha quitado la cinta rosa y ha atravesado todo el césped del estadio caminando para saludar a un grupo de aficionados. Y, con sorprendente humor, atiende a unas cuantas cadenas de televisión. Desdramatiza. Y no se rinde: "Creo en los finales felices y por eso pienso en Londres 2012".

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