Sábado, 16 de Agosto de 2008

India emerge bajo la sombra del miedo al terrorismo

El Día de la Independencia se ve marcado por la amenaza de atentados y la tensión religiosa.

ELISA RECHE ·16/08/2008 - 21:38h

La Policía india vigila una manifestación de musulmanes en Cachemira el viernes.

India: un gigante económico y humano que emerge sobre un trasfondo de tensiones religiosas y la creciente amenaza del terrorismo islámico. El viernes, este país celebró el 61 aniversario de su independencia con el miedo que acompaña cada año la celebración de esta efeméride.

"En el Día de la Independencia, es mejor no viajar en tren ni ir al cine o al mercado; es decir, evitar los lugares con mucha gente. Hoy, prefiero quedarme tranquilamente en casa", afirma Ambar, joven indio de 28 años que trabaja en un canal de televisión. Al final, no hubo atentados, aunque nuevos disturbios en Cachemira acabaron con 25 heridos, cinco de ellos por herida de bala.

Pero si el Día de la Independencia implica una seguridad extra, en la vida cotidiana de la capital, Nueva Delhi, la prevención contra un posible ataque terrorista está presente en muchos lugares.

Al entrar al metro, centros comerciales, mercados, salas de cine y templos es habitual pasar por un detector de metales y el subsiguiente cacheo por parte de los guardias de seguridad. Con una cámara de fotos o un mechero a cuestas, no puedes ver una película. Por la noche, los barrios están cercados con barreras y control policial. En ocasiones, Nueva Delhi parece una ciudad en guerra.

Este miedo cada vez más presente al terrorismo islámico no podía faltar del discurso oficial en fecha tan señalada. El primer ministro indio, Manmohan Singh, se lamentó de esta amenaza creciente en la celebración en Delhi.

Tras las recientes explosiones ocurridas en las ciudades de Ahmedabad y Bangalore, la volátil situación en la región de Cachemira, donde la semana pasada murieron 20 personas en enfrentamientos entre el Ejército y manifestantes, y la creciente violencia de la guerrilla naxalita, Singh denunció que "el terrorismo, el extremismo y el fundamentalismo han surgido como la mayor amenaza a la unidad y a la integridad del país".

El viernes, las calles de la capital estaban transitadas casi exclusivamente por las fuerzas de seguridad en este día habitualmente proclive a explosiones de violencia.
Pero el terrorismo y las crecientes tensiones religiosas entre hindúes y musulmanes no son los únicos problemas acuciantes de la democracia india. Con una tasa de crecimiento del 9% en los últimos años, la economía nacional ha entrado en el juego global con bastante éxito. La industria informática y la deslocalización de servicios de los países occidentales han ayudado a crear una nueva clase media de 300 millones de indios ávidos de consumir.

Pero esta nueva clase da la espalda al resto del país. Ha decidido atrincherarse en comunidades cerradas con agua y luz 24 horas al día, algo desconocido en el resto del país, que incluyen restaurantes, colegios, gimnasios y vigilancia extrema. No les hace falta poner los pies en las caóticas calles del país. Ellos, a su vez, se han independizado de la India.

La nueva clase urbana adinerada, cada vez más orgullosa de sentirse india, habla frecuentemente sobre política a la hora de la cena, pero le cuesta mucho moverse del sofá para ir a votar.

Son los 800 millones de pobres quienes ejercen mayoritariamente su derecho al voto y derriban y ponen en pie a los gobiernos, cada vez más marcados por la conciencia de casta. Si en la mayoría de las ocasiones las castas bajas no han podido beneficiarse del avance económico, al menos ocupan cada vez más puestos del Gobierno y de las universidades a través del sistema de cuotas.

Durante la noche del 14 al 15 de agosto de 1947, cuando India vio la luz como nación soberana, el entonces primer ministro Jawaharlal Nehru pronunció exaltado estas palabras en referencia a la recién adquirida independencia: "Cuando el reloj toque la medianoche, mientras el mundo duerme, la India se despertará a la vida y la libertad. Es apropiado en este momento solemne comprometerse con la dedicación del servicio a la India y sus habitantes, e incluso con la mayor causa de la humanidad".

Este idealismo político que vio nacer la independencia india se ha desvanecido 61 años después.

Lo quieren todo

Durante un paseo en barca en una instalación educativa en Akshardham, el mayor templo hindú construido recientemente en Nueva Delhi, se observan diferentes escenas de la historia india que muestran al país como el descubridor del cero, la embriología, el avión y hasta la cirugía plástica.

La madre India ha sido el origen de casi todo. Este ejercicio de autocomplacencia, que en Europa sería difícil de encontrar, entusiasma a familias enteras que se agolpan para montarse en la barca.

A Rohan Rao, empresario indio de 30 años, también le gusta mucho. "La India es el país del conocimiento. Somos una civilización muy antigua que ha inventado muchas cosas".

Y continúa diciendo: "Me siento muy orgulloso de ser indio. Hace diez años sólo se podía prosperar en la Policía o con un puesto estatal, hoy en cambio se puede ganar mucho dinero en el sector privado. Todo el mundo quiere hacer dinero".

Los indios menores de 25 años suponen la mitad de los 1.100 millones de personas que habitan el subcontinente. Para esta tercera generación después de la independencia, Gandhi y Nehru son figuras cada vez más lejanas.

Lo que tienen muy presente es estudiar y enfrentarse a una enorme competitividad para entrar a las mejores universidades técnicas del país que les darán acceso a sueldos cuatro y cinco veces mayores de lo que ganan sus padres.

La historia o la filosofía son menos apreciadas por la juventud india; hoy sólo cuenta acceder a carreras universitarias como Informática, Ingeniería o Económicas y hacerse ricos después.