Viernes, 15 de Agosto de 2008

Desconcierto en Edimburgo

Un recorrido por el Festival Alternativo Fringe, de la mano de la compañía española Yllana en la presentación de ‘Pagagnini'

PAULA CORROTO ·15/08/2008 - 22:59h

Embra. Algo así pronuncian los escoceses el nombre de su capital, Edimburgo. Es lo primero que llama la atención una vez se baja del avión, se sube a un taxi y se pide al conductor que circule a toda velocidad porque se llega con el tiempo justo a un estreno teatral. La segunda sorpresa es que el taxi es inmenso; lo más acorde sería vestir traje y bombín en vez de vaqueros y camiseta, sobre todo porque el termómetro no sube de los 15º C. Por supuesto, la tercera es que se conduce por la derecha -esto no deja de ser Reino Unido- y que la ciudad es como una catedral enorme. Gótica y llena de tópicos de los más oscuros, ya que aquí nacieron, entre otros, el doctor Jekyll y Mr. Hyde (trasunto literario de un personaje real, el diácono Brodie), la persecución de las brujas y Adam Smith. Sí, el economista.

El estreno al que hay que llegar a toda costa es el de Pagagnini, de la compañía española Yllana -Eduardo Ortega, Thomas Potiron y Gartxot Ortiz- junto al virtuoso del violín Ara Malikian. El espectáculo, que aporta una nueva visión de la música clásica, forma parte del Fringe, el festival alternativo de teatro que hasta el 25 de agosto se celebra en la ciudad y cuya programación llega hasta las 1.800 obras, que se distribuyen en más de 200 venues (espacios para actuaciones).

Con el Fringe hay que decir adiós al ambiente gótico, ya que le da un toque summer flower a Edimburgo que le acerca bastante más al estilo San Francisco.

Pequeños retoques

El Universal Arts Theater, escenario que acoge Pagagnini, está en la zona posh (así llaman ellos a lo pijo) de la ciudad. Esto es lo primero que se vislumbra antes de llegar a la butaca: calles llenas de tiendas caras y coches caros. Dentro de la sala -con algunos minutos de retraso-, hay que darse cuenta de que el público -la media de edad es de 40 a 50 años- parece muy contento ante lo que ve.

Cuando termina, la impresión se confirma: ha sido un éxito. Como ocurrió en España, cuando hace un año se estrenó esta idea de Malikian de darle la vuelta a la música clásica y hacer de ella algo divertido. "Hemos tenido que cortar el espectáculo, ya que en España era de 90 minutos y aquí de 70, porque nos lo exigen. Por eso hemos ido muy rápidos", explica después el también violinista Ortega. Se oyen ciertos rumores de que habrá que cambiar algunas cosas para las próximas 11 funciones.

"El número donde se termina con música de U2 no se ha oído del todo bien. Quizá hay que bajar el volumen", le dice el director de la obra, Juan Francisco Ramos, al técnico de sonido, que forma parte de la comitiva junto al responsable de luces. A pesar de esa presunta necesidad de retoques técnicos, muchos espectadores se acercan a los intérpretes para darles la enhorabuena.

Buena crítica

"Esta obra no tiene muchos problemas con el sonido. En realidad, hay pocos efectos especiales. El problema durante el Fringe es que compartimos el teatro con otras siete compañías y tienes que montar y desmontar a toda velocidad", explica el responsable de sonido. Ese es el inconveniente, pero las ventajas son muchas. Una de ellas es que si la crítica te da más de tres estrellas, tienes el lleno asegurado. La otra es que la ciudad está hasta arriba de turistas y la noche se acaba tarde. De momento, tras el estreno, no había estrellas en la prensa, pero sí la crítica de una radio:
"Pagagnini must".

Esa noche, todo el grupo (actores, director, técnicos, amigos) decide que hay algo que celebrar. Se empieza por el Assambly, un local al lado del teatro donde, por supuesto, no se puede fumar. Como en todos las tarbernas escocesas. Entre pintas de cerveza, Malikian y Potiron comentan detalles de la obra, entre otros temas (más jugosos aún para un periodista). Como las mil y una anécdotas que tienen sobre su trabajo en la Orquesta Sinfónica del Teatro Real. "Cuando viene la reina Sofía, debemos llegar más de una hora antes de lo normal para luego estar esa hora sin hacer nada en el foso", lamenta Potiron. Gajes de trabajar con la Casa Real.

Pasacalles en la Royal

La conversación deriva también hacia los encuentros entre la música clásica y el resto de géneros. Para Malikian, "todo viene de Bach y, por tanto, se puede jugar con todo". Por ahí intentan explicar el éxito que ha tenido Pagagnini. "Yo voy muy poco a los conciertos de clásica porque me parecen un funeral y la gente joven piensa lo mismo", prosigue Malikian.
En la obra los artistas, además de hacer música, saltan, bailan, ríen y hacen reír, sin perder nunca el virtuosismo, la elegancia de las partituras de Mozart, Vivaldi o Sarasate. Y eso gusta, porque no es arcaico, ni viejo. Ni repelente.

El día después del estreno, toca salir de la parte posh de la ciudad para ir a la zona vieja, a la Royal Mile, que ocupa varias calles, como la Hight street y la Canongate, que desemboca en el palacio de la protagonista de uno de los grandes culebrones de la Historia, María Estuardo.

En la Royal es donde se encuentran los pasacalles. Todo tipo de personajes van surgiendo bajo un cartelón. Casi todo el mundo parece querer montar su performance y hay público para todos ellos.Por otro lado, allí también se halla The Hub, donde tienen lugar las actuaciones del Festival Internacional de Edimburgo, ese hermano del Fringe, considerado como el responsable, el serio de la familia, que cada año también sirve de reclamo para muchos turistas.Malikian, Ortega, Potiron y Ortiz caminan tranquilos. Curiosos. Alguien propone subir al castillo, ese monumento básico en toda guía turística. Es del siglo VI, parco, austero y sin mucha gracia, pero con una vista a los jardines espectacular. Se decide subir.
Gaitas masculinas

La subida sirve también para descubrir otro de los minifestivales que ocupan la ciudad este mes: el de los gaiteros. En los jardines, donde buena parte del turismo descansa mientras tiene la oportunidad de ver algún espectáculo callejero, corre el rumor de las gaitas, acompañadas de sus faldas de cuadros de colores. Justo al lado de la Princes Street, una de las calles principales, también hay una exposición de fotografía.
El paseo llega a su fin porque la compañía debe ensayar. Va a venir prensa escocesa. Entre los casi 2.000 espectáculos de este macrofestival, que cada año acoge a miles de espectadores, hay que hacerse notar y aunque Yllana no es ninguna compañía novata -es su quinta visita al encuentro-,
es la primera vez que los intérpretes de Pagagnini están aquí. Y además -como el resto- esperan que no sea la última.

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