Jueves, 14 de Agosto de 2008

El suicidio de un joven francés revive el debate de la eutanasia

·14/08/2008 - 21:22h

El joven Rémy Salvat no quería tener que vivir sufriendo y como un vegetal a costa de sus padres debido a la enfermedad degenerativa paralizante que padecía. Así que escribió a Nicolas Sarkozy para solicitar asistencia médica para una eutanasia activa. Denegada. Tres días después, Rémy puso fin a su vida con sus pocas fuerzas.

La muerte el pasado domingo de este joven de 23 años, con aspecto simpático y de buen estudiante, que vivía con sus padres en Pontoise (al norte de París) antes de tener que ser ingresado en una clínica especializada, ha relanzado el debate sobre la eutanasia activa en Francia. Por una vez las intenciones del suicida fueron claras: Rémy dejó un mensaje grabado para decir que su muerte debía servir para poner las cartas sobre la mesa.

Intentos fallidos

Rémy Salvat era un apasionado de las artes marciales que desde los seis años sufría una enfermedad irreversible que le iba paralizando músculos y articulaciones. Pronto supo lo que le esperaba y, con apoyo de sus padres, empezó a buscar autorización para una eutanasia activa. Autorizaciones que le fueron constantemente denegadas. Hace nueve años, en un gesto de lo que su madre, Regine Salvat, calificó de “agotamiento absoluto”, fue ella quien intentó quitar la vida a su hijo. Le costó un juicio por tentativa de homicidio.

Lo ocurrido la semana pasada fue, si cabe, aún más trágico: Rémy tuvo que asumir solo su propia muerte para proteger a sus padres. El sábado, Rémy, que pasaba el fin de semana en casa, se despidió de sus padres como si nada.

En realidad, vestido con su kimono de aikido, ingirió altas dosis de medicamentos que acabaron con su vida. Así lo descubrieron sus padres, junto a una grabación en la que les pedía que prosiguieran “su acción a favor de un auténtico debate público sobre el derecho a la eutanasia y al suicidio asistido” 

Tres días antes, Rémy había recibido la respuesta de la presidencia de la República a su petición de ayuda en una eutanasia. El presidente, además de recordar que la ley prohíbe la eutanasia activa, se permitió decirle que él, por “razones filosóficas personales”, estima que “no tenemos derecho a interrumpir voluntariamente la vida”.