Jueves, 14 de Agosto de 2008

Omagh, dividido tras 10 años del peor atentado en el Ulster

Familiares de las víctimas boicotearán el recordatorio para denunciar el trato de las autoridades

LAIA JARDÍ ·14/08/2008 - 19:59h

En el atentado fallecieron 29 personas, de las que dos (Rocío Abad, de 23 años, y Fernando Blasco, de 12) eran españolas. AP/ Paul McErlane

Tal día como hoy, hace justo diez años, Aidan Gallagher, un joven de 21 años, paseaba por una calle comercial de Omagh cuando, hacia las 15:10 horas vio el Vauxhall granate que segundos después acabaría con su vida y la de 28 personas más.

Hoy su padre, Michael Gallagher, sigue luchando para dar con los autores de la acción terrorista más sangrienta del conflicto de Irlanda del Norte. "Hemos probado por la vía de la justicia, que nos ha fallado", dice Gallagher. "El dolor... siempre está ahí".

Una década después de aquel 15 de agosto de 1998 y a pesar de las solemnes promesas del gobierno británico, sigue sin haber un solo culpable de aquella bomba, reivindicada por el IRA Auténtico, un grupo disidente republicano que rechazaba el desarme.

El pasado diciembre y tras el que fue uno de los mayores juicios de la historia del Reino Unido, un Tribunal de Belfast absolvió a Sean Hoey, el único acusado de un atentado que se cobró 29 muertes, entre ellas la de dos españoles: Rocío Abad, de 23 años, y Fernando Blasco, de 12. Otras 200 personas resultaron heridas.

El veredicto llegó de la mano del juez Reginald Weir, quién lanzó un duro alegato contra la Policía por cómo manejó las pruebas forenses. Las críticas de Weir no fueron las únicas. También los familiares de las víctimas denuncian la actuación de la Policía norirlandesa, cuyo fracaso en la prevención del atentado y en la posterior investigación ha potenciado las teorías de la conspiración en Omagh.

Cómplices del atentado

Muchos son los que creen que las fuerzas de seguridad fueron cómplices del ataque para poner fin al ambiente de crispación. Sea como fuere, el atentado, que llegó cuatro meses después de los Acuerdos de Paz del Viernes Santo, tuvo tal efecto: lejos de destruir el frágil proceso de paz, la masacre lo cimentó y creó un ambiente de unión que imposibilitaría la vuelta a las armas de los Republicanos. Sin embargo, el IRA Auténtico continúa en activo y sigue siendo una amenaza para la paz.

Pasar página de una tragedia como ésta es aún más difícil cuando no hay culpables y hasta el memorial para recordar a las víctimas se ha convertido en una trifulca.

En una ciudad con una fuerte presencia republicana como Omagh, los familiares han tenido que batallar para conseguir que las palabras "asesinados por el coche bomba de un terrorista disidente republicano" queden inscritas en el memorial que se inaugurará hoy.

"Los miembros del consejo del Ayuntamiento (la mayoría del Sinn Féin) quieren maquillar la historia", denuncia Carol Radford, cuyo hermano de 16 años murió en el atentado.

Este motivo, sumado a la decepción por la actuación de los gobiernos británico e irlandés, ha llevado a más de 10 familias a boicotear la ceremonia de hoy, que contará con la presencia del Martin McGuinness, número dos del Sinn Féin y ministro adjunto del Gobierno autónomo del Ulster, creado hace un año.

"No estoy preparada para mantenerme en pie al lado de los que apoyaron la violencia", añade Radford. Ella es una de los familiares que el domingo celebrarán su propio servicio religioso en memoria de las víctimas.

Otros simplemente quieren pasar página ahora que ha vuelto la paz a Irlanda del Norte. A sus 81 años, Mick Grimes, quien esa tarde veraniega perdió a su hija embarazada de gemelos y a su nieta de 18 meses, dice que llegó el momento de dejar atrás la bomba "para no hacerse más daño a uno mismo". Lo recoge en sus recién publicadas memorias Till we meet again (Hasta que nos volvamos a ver).