Jueves, 14 de Agosto de 2008

El pantano que Franco no llenó

Jánovas (Huesca) fue desalojado durante el franquismo para construir un pantano que no llegó a materializarse. Un grupo de antiguos vecinos pelea ahora por devolver la vida a su pueblo 50 años después y una nueva resolución ministerial les respalda

DIEGO SANZ PARATCHA ·14/08/2008 - 08:11h

MÓNICA PATXOT - Algunos de los vecinos que pelean por devolver la vida al pueblo de Jánovas (Huesca).

El antiguo alcalde de Jánovas (Huesca), Andrés Baíl, chasquea la lengua. "Está reseca esta tierra", comenta, mientras pasea la punta de su bastón por el suelo, agrietado y amarillento. A su lado, una pequeña plantación de cebada demuestra el empeño del lugar y de sus antiguos habitantes en que vuelva la vida a esta zona del Pirineo aragonés, enterrada desde hace ya más de 50 años por un pantano que nunca se llegó a construir.

En toda la provincia de Huesca se cuentan 86 pueblos abandonados para embalsar agua. Pero en Jánovas, Lavelilla y Lacort, a orillas del río Ara, las casas fueron derruidas y sus habitantes expulsados sin que se llegara a completar jamás obra alguna.

La compañía Iberduero (hoy Iberdrola) consiguió que en 1951 se declarase "de interés general" la construcción del pantano de Jánovas. La presa sigue sin existir 57 años después y decenas de familias esperan volver a sus casas y a sus tierras.

Una resolución del Ministerio de Medio Ambiente, publicada el 7 de julio, ha avivado sus esperanzas: ni Endesa, la actual concesionaria, ni ninguna otra empresa podrá aprovechar las aguas del Ara para generar electricidad. El proyecto de pantano ya es historia.

50 años de escepticismo

Cincuenta y siete años de éxodo involuntario y de acoso explican la precaución de los afectados ante la noticia. "Queremos que nos devuelvan ni más ni menos lo que teníamos", afirma Teresa Buisán, secretaria de la asociación creada en 1990 para demandar la devolución de los
terrenos.

Tras el anuncio del Ministerio, Endesa pretende que la reversión sólo afecte a aquellas zonas que habían sido expropiadas, no a las vendidas voluntariamente, que sobre el papel son la mayoría.

En conversación telefónica con este diario, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Ebro (CHE), José Antonio Alonso, afirmaba ayer tener constancia de que esas no son las intenciones de la empresa.

"Esa es una diferencia formal", matiza Carmelo, un miembro de la asociación. De hecho, la propia orden de Medio Ambiente da poder a la CHE para incluir todos los terrenos afectados por el pantano en el proceso de reversión. "Iban a inundar su pueblo y los vecinos tenían dos opciones", aclara la historiadora Marisancho Menjón, autora del libro Jánovas: víctimas de un pantano de papel.

"O esperas a que pase todo el proceso expropiatorio, y te pagarán cuando te paguen, o llegas a un acuerdo amistoso, dinero en mano", precisa. En medio, la experiencia traumática del desalojo y la emigración. "La venta tenía de voluntaria lo que yo de obispo", ataja Menjón.

Más que en los papeles de compraventa, el paso de Iberduero por Jánovas se hace visible en las calles del pueblo. Sin miedo a los desprendimientos, numerosos grupos de turistas pasean por ellas, entre ramas de árboles y matas que asoman por puertas y ventanas.

En un edificio, donde en tiempos se levantaba la escuela, un enorme agujero deja ver la pizarra y el aula. La casa de la maestra, en la planta superior, fue destrozada por los empleados de Iberduero en 1965. Ocho niños asistían todavía a clase y cinco familias permanecían en un pueblo que contaba con 42 casas familiares antes de las expropiaciones.

Con gesto de rabia, Francisca Castillo, de 81 años, rememora cómo lo primero que destrozaron los obreros fue el camino de entrada. "Una reversión es que te devuelvan lo tuyo, pero yo ni siquiera en la guerra vi los destrozos que luego vi en el pueblo", afirma con escepticismo."

Aquello fue terrorismo puro", asiente Ramón Salomón, que marchó a Barcelona a estudiar con 14 años, nueve antes del comienzo de las expropiaciones. Iberduero causó los destrozos, pero Ramón no olvida que "en todo momento el Gobernador y la Guardia Civil estuvieron del lado de la empresa".

El paso del tiempo borra algunos detalles y los vecinos no pueden precisar si fueron tres o cuatro las casas familiares destrozadas con dinamita antes de que el gobernador civil ordenara el fin de las explosiones. Si hoy no queda ninguna casa con techo, se debe a que la tarea fue completada con martillos y motosierras.

Después de tantos años

Marisancho Menjón afirma haber dedicado la mitad de su libro a desentrañar por qué no se construyó la presa. "La viabilidad económica del proyecto estaba muy ajustada, por no decir que era nula", afirma.

La política desarrollista seguida por Franco obligaba a reservar parte del agua para las grandes extensiones de regadío cercanas a Zaragoza. "La empresa pedía a cambio más financiación al Estado, y entre una cosa y otra fueron pasando los años", resume.

Mientras tanto, los afectados tuvieron que rehacer sus vidas, la mayoría, en la gran ciudad. Como advierte Menjón, es posible que Endesa ni siquiera tenga a quién devolver algunos de los terrenos, por no existir herederos declarados.

A partir de septiembre la CHE volverá a reunirse con las partes para aclarar qué familias tendrán derecho a la reversión y en qué plazos. Una vez publicada la orden ministerial, las primeras declaraciones del presidente de la CHE, José Luis Alonso, provocaron la alarma entre los antiguos vecinos, que vieron reflejadas en sus palabras el deseo de la empresa de que los terrenos se vendan con precio actualizado; es decir, que en la devolución se tenga en cuenta toda la inflación acumulada en estos 50 años.

Alonso negó ayer a Público que él se pronunciara en este sentido. "Lo que la Ley de Expropiación tiene en cuenta es si ha habido actuaciones que hayan incrementado o disminuido el valor de los terrenos en ese tiempo", asegura.

La propia historia de destrucción del patrimonio de Jánovas deja claro que la zona no ha hecho sino perder valor material, paisajístico y humano. En esa historia de abusos se basa la asociación de afectados para demandar un precio justo por la reversión total de los terrenos.

En la carretera que une los municipios de Boltaña y Fiscal, dos pancartas lo recuerdan. También señalan el camino de entrada a un pueblo que, antes y después del franquismo, se ha querido borrar de los mapas. Algunos de los bienes comunales, como la fuente, han sido restaurados por los miembros más activos de la asociación, que también han recuperado 40 hectáreas para el cultivo de cereales.

Son actos de afirmación y de dignidad que recuerdan las palabras de Ma Joad, el personaje femenino de Las uvas de la ira: "Nosotros estamos vivos. No podrán acabar con nosotros, ni explotarnos. Saldremos adelante porque somos el pueblo".

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