Martes, 12 de Agosto de 2008

Ciclismo: de la madera al túnel del viento

La evolución de la tecnología del deporte olímpico: La bicicleta

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JOSÉ CERVERA ·12/08/2008 - 21:17h

 

Aunque se conocen juguetes con ruedas unidas por palos en Egipto y China y Leonardo da Vinci diseñó un artilugio parecido, la bicicleta no nació hasta finales del siglo XIX. Por tanto, no hubo prueba ciclista en la Grecia antigua, pero las primeras olimpiadas de la Era Moderna pillaron a Europa en plena fiebre de la bicicleta. Las olimpiadas introdujeron la competición ciclista varios años antes del primer Tour de Francia (1903).

Y las máquinas utilizadas eran sorprendentemente modernas. Desde mediados del siglo XVI habían aparecido aparatos similares a una bicicleta. En 1690, el conde francés Mede de Sivracel inventó el Celífero, una estructura de madera con ruedas impulsada por los pies y sin manillar. En 1816, el alemán barón Karl Christian Ludwig Drais creó la Draisiana, con manillar pero todavía impulsada con los pies. En 1836, el escocés Kirkpatrick Macmillan dotó de unos complicados pedales a una especie de draisiana y fue capaz de avanzar sin poner pie en el suelo, aunque a trompicones. El francés Ernest Michaux puso pedales en la rueda delantera para crear en 1861 la Michaulina. De esa idea surgiría el Velocípedo o Penny Farthing, con su enorme rueda delantera y diminuta trasera, peligroso pero rápido. La introducción de las ruedas de goma maciza, de los rodamientos, los frenos y la cadena, permitiría al británico John Kemp Starley crear en 1885 la bicicleta de seguridad, antecesora de los modelos actuales.

En 1890, el escocés John Boyd Dunlop inventa los neumáticos, que amortiguan las irregularidades del terreno y más tarde los hermanos franceses Michelin los hacen desmontables.

Ciclismo olímpico

La primera competición ciclista fue una carrera de 1.200 metros el 31 de mayo de 1889, y la ganó el inglés James Moore. A principios del siglo XX el precio de las bicicletas se había abaratado lo bastante como para proporcionar transporte a las clases trabajadoras y a las mujeres. Es normal que el Barón de Coubertin incluyera al novísimo y popular deporte en las nuevas Olimpiadas, aun con su falta de tradición. Las fotografías de Paul Masson y Leon Flameng, ganadores de las pruebas de ciclismo en pista de las Olimpiadas de 1896, muestran bicicletas muy sofisticadas, con cuadro de doble triángulo, ruedas de radios con neumáticos, sillín regulable y manillar bajo para favorecer una postura aerodinámica. Eran de tubo de acero y muy pesadas (15 a 20 kg.), sin frenos y con piñón fijo.

En las primeras competiciones sólo podían usarse dos marchas: los ciclistas llevaban dos piñones en la rueda trasera, uno a cada lado; para cambiar de marcha había que bajarse, quitar la cadena, desmontar la rueda trasera, darle la vuelta y volver a montarlo todo. El cambio de marchas apareció en la primera década del siglo, pero no fue reglamentario hasta 1930. Su uso provocó un desplome de las marcas, al permitir a los ciclistas usar de modo más eficaz su fuerza. En los años 50 el italiano Tullio Campagnolo inventó el tipo de cambio más común hoy en día; la empresa que lleva su nombre sigue siendo hoy una de las principales fabricantes, junto a la japonesa Shimano.

Viento y tecnología

Las innovaciones de los últimos años se refieren a los materiales, que se han sofisticado sobre todo para aligerar peso. Primero llegaron las aleaciones de aluminio en cuadros y ruedas; más tarde la fibra de carbono y los composites moldeados, el titanio sinterizado o las cerámicas. Una bicicleta de competición pesa hoy menos de 10 kilos; algunas, como la Koga Kimera que va a usar Holanda en Pekín, se acercan al límite inferior del reglamento, fijado en 6,8 kg. con el equipamiento completo.
Desde siempre la aerodinámica ha preocupado a los ciclistas; el uso de materiales moldeables y los estudios en túnel de viento han llevado a que las bicicletas sean aerodinámicamente más eficientes. La ropa del ciclista, su postura y el equipamiento que utiliza en sus pruebas, así como las ruedas, favorece también la aerodinámica, por lo que Masson y Flameng no habrían reconocido las bicicletas que hoy llevan sus sucesores.

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