Lunes, 11 de Agosto de 2008

La fuga de un positivo

La ciclista dejó Pekín nada más pasar un control antidopaje por sorpresa. La delegación ocultó su marcha y luego la justificó en una crisis nerviosa. Los dirigentes españoles se autoliberan

Lissavetzky y Blanco buscan a los cómplices del dopaje

La tramposa Maribel y sus cómplices, por José Miguélez

NOELIA ROMÁN ·11/08/2008 - 20:58h

EFE - Fotografía de archivo de la ciclista española Maribel Moreno.

"El cerco a los tramposos se estrecha. Quien la hace la paga y la pagará. Todo el peso de la ley caerá sobre los irresponsables que manchan el deporte". La noticia del positivo de EPO recombinante de Maribel Moreno, la ciclista que se fugó de Pekín por una crisis de ansiedad -según la versión oficial-, desató una dura y solemne reacción de Jaime Lissavetzky. Pero el Secretario de Estado no disipó las dudas y las sospechas que descuadran esta historia de dopaje.

Bailan las fechas y los datos que ayer manejaba el COE. Porque, cuando los mandatarios del deporte español comparecieron para ofrecer su versión sobre el positivo de la ciclista española y anunciar que se abrirá una investigación para "saber quién ha suministrado, aconsejado y dado la sustancia a la deportista", chocaron unos cuantos datos.

Seis controles propios

A saber. Que no detectase nada ninguno de los seis controles (tres de ellos por sorpresa, entre ellos el último, realizado el 18 de julio) que, según revelaron los dirigentes españoles, pasó Moreno antes de los Juegos. "Algo ha ocurrido después de que nosotros hiciésemos nuestro trabajo", apuntó el presidente de la Federación de Ciclismo, Fulgencio Sánchez. "Dos de nuestros laboratorios están acreditados por la AMA y el presupuesto contra el dopaje ha pasado de tres a siete millones en cuatro años", se defendió Lissavetzky.

Curioso resultó también que creyesen que el COI aún no poseía los resultados del contraanálisis. No tendría sentido el anuncio de ayer. El control había sido realizado el 31 de julio, el día que Moreno, que debía competir en la prueba de ruta y en la contrarreloj, llegó y se fue de Pekín, esgrimiendo una "crisis de ansiedad". "Es cierto que el hecho de que Maribel se pusiera tan nerviosa tras el control, no parara de llorar y nos pidiera regresar a España sin dar motivos nos hizo sospechar, pero no teníamos pruebas de nada", admitió Eugenio Bermúdez, quien, en calidad de secretario de la Federación Española de Ciclismo, había acompañado a la ciclista en su regreso a España.

Y el colofón: que el CSD desconociera que la muestra B del control había sido abierta el domingo, a las nueve de la noche, y que, por tanto, el contraanálisis estaba ya, cuando menos, en curso.

El dato, crucial, desvelado en última instancia por los responsables de la Federación a preguntas de los periodistas, sembró la duda entre los dirigentes españoles que se habían empeñado en utilizar el condicional. "Si el positivo se confirma, y hablo en condicional", había recalcado una y otra vez Lissavetzky, "lamentamos el hecho y la irresponsabilidad de la deportista, pero eso no debe empañar el excelente trabajo del resto de la delegación".

"Este hecho es lamentable, pero perseguimos el dopaje las 24 horas del día, como en pocos países del mundo, y nuestro deporte es un modelo", abundó el presidente del COE, Alejandro Blanco.

"Mi obsesión es acabar con los sinvergüenzas que se lucran con la salud de los deportistas. Iremos a por ellos", afirmó Lissavetzky, antes de solicitar a la propia ciclista su colaboración. "Que diga públicamente quién le ha suministrado esa sustancia y dónde", solicitó, bajo la promesa de una rebaja del castigo, tal y como contempla la normativa.

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