Lunes, 11 de Agosto de 2008

Al Niño se le escapa el PGA

Sergio García se queda a dos golpes de Harrington

Andrés Herranz ·11/08/2008 - 21:16h

AFP - Sergio García se lamenta después de errar un golpe.

"Lo mejor es que no puedo exigirme más. Cuando las cosas no están de tu parte, no hay nada que hacer". Sergio García, polo negro y gorra bien calada, ocultaba unos ojos que todavía no se creían cómo había dejado escapar el primer grande de su carrera en los últimos hoyos. Terminó segundo el PGA estadounidense.

En realidad, las cosas sí estaban de su parte. Al menos en el hoyo 4, cuando lideraba el torneo después de firmar birdie en el 1, eagle en el 2 y par en el 3. Oakland Hills, bautizado en su día por Ben Hogan como El Monstruo, estaba domado.

Los aficionados con Sergio

En la Ryder de 2004, Sergio devoró estas calles para regalar una victoria de récord a los europeos. En el mismo torneo estuvo a punto de ganar en 1999 al mismísimo Tiger Woods. Aquella edición en Medinah, vio como un joven y atrevido español firmaba el mejor golpe de la semana gracias a una recuperación imposible con un árbol delante y los ojos cerrados. Entonces, Sergio se ganó el apelativo de El Niño y un lugar preferente en los corazones de los americanos. Quizá por eso, quien más y quien menos en este PGA deseaba una victoria del castellonense sobre Padraig Harrington, el irlandés del swing mecánico, y Ben Curtis, el jornalero del circuito que ganó el Open de 2003. A falta de Tiger, el grito más escuchado era "Ser-gio, Ser-gio".

La eficacia de Harrington

Todo funcionaba a la perfección. Líder en la penúltima partida, pateando al fin como los ángeles tras meses de trabajo con el gurú Stan Utley, en un campo talismán de un torneo talismán y compartiendo partida con un rival que le motiva. Porque Sergio y Harrington no son precisamente amigos pese a compartir el polo del equipo europeo de la Ryder. La historia dirá que el irlandés le ganó por la mano en el playoff el Open de 2007, pero en la intrahistoria ese desempate tuvo más de un momento desagradable entre ambos.

Tocaba ajustar las cuentas. Sergio hizo una vuelta de campeón, pero el irlandés echó mano de un instinto asesino que vale dos Open Británicos consecutivos. Su golpeo de bola no deslumbra, pero mete los golpes importantes en los momentos decisivos. Birdies en el 10, 12 y 13 para igualar en cabeza, y un par de putts kilométricos para llevarse el trofeo. Un pequeño error en el 16 y una bola al bunker en el 18, dejaron a Sergio una vez más acariciando la gloria.

Publicidad

Publicidad

Publicidad

Publicidad