Domingo, 10 de Agosto de 2008

El último viaje de Damon Albarn

El ex líder de Blur y estrella del brit-pop se pasa a la ópera en chino

JESÚS MIGUEL MARCOS ·10/08/2008 - 23:44h

MÓNICA PATXOT - El músico británico, ayer, en un momento de la entrevista.

El brit-pop estaba muerto en 1999. Los hermanos Gallagher (líderes de Oasis) tapaban sus pifias musicales con broncas y peleas, Suede ponía el primer pie en la tumba y poco se sabía de las numerosas bandas –Gene, Echobelly, Elastica, Sleeper, Marion– que surgieron al rebufo de la escena pop británica a mediados de la década de 1990. Por si fuera poco, los grupos que se anunciaban como relevo -Travis, Stereophonics…– sonaban descafeinados y sin brillo propio. Aquel mismo año, Blur, grupo estandarte del brit-pop liderado por Damon Albarn, publicó su quinto álbum, titulado simplemente 13.

El primer single, Tender, era una extraña balada góspel. Extraña, principalmente, por venir de quién venía: la banda que había regenerado la escena musical británica cinco años antes con el excitante Parklife. Tender parecía una broma, la última boutade de Albarn y sus tres compinches. Sin embargo, más que una excentricidad era una advertencia, la primera señal de que el horizonte musical de Albarn no se ceñía a la cuenca del Támesis.

El disco, el más experimental de Blur hasta hoy, era todo un símbolo. Aquel álbum no sólo predecía las posteriores aventuras de Albarn en la electrónica y los sonidos africanos, sino también su apuesta por priorizar la música al mercado. “13 es un disco del que estoy muy orgulloso. Llegó en un momento en el que acababa de romper la relación sentimental más importante de mi vida, un momento con muchas drogas y con mucho ruido mediático alrededor. Me di cuenta de que la música había quedado relegada a un plano secundario de mi vida y en ese momento recuperó su posición primordial, porque amo la música”, contaba ayer el cantante, recostado bajo un árbol, en una zona de descanso de la Expo de Zaragoza, donde actuaba anoche.

El músico británico llegó el sábado a la capital aragonesa. Esa misma tarde acudió a unos locales de ensayo de la ciudad junto al músico malí Toumani Diabaté y su banda. Había que preparar el concierto de anoche, en el que también participaban la islandesa Björk y Raimundo Amador. Ayer por la mañana fue a oír misa a la Basílica del Pilar. Así lo relataba: “Es una iglesia enorme, realmente bonita; la ciudad es preciosa y la gente maravillosa. Luego comí unos sea things [sic] que estaban riquísimos”. Se refiere a unos percebes. “Me encanta descubrir cosas nuevas”, precisa al respecto.

Un transgresor incorregible

No hace falta decirlo. Albarn es impredecible y su carrera está poblada de meandros del tamaño del que ejecuta el Ebro alrededor del recinto de la Expo. Tras liderar Blur, uno de los grupos que con más originalidad dibujó el pop en la pasada década, Albarn probó las mieles de la electrónica con la banda de dibujos animados Gorillaz, se atrevió con los sonidos africanos en el proyecto Mali Music –junto a Diabaté– y formó un supergrupo sin nombre con el bajista de The Clash y el batería del nigeriano Fela Kuti, con los que grabó el disco The Good, The Bad and The Queen.

En estos tres últimos proyectos y pese a ser su principal creador, su nombre siempre estuvo en un segundo plano. “No me gusta que ponga Damon Albarn en la portada de un disco en el que ha participado mucha gente. No me gusta apropiarme de las obras de esa manera”, defiende.

Su última travesura, una ópera en chino, se llama Monkey: Journey to the West, producida junto a su colaborador en Gorillaz, el dibujante Jamie Hewlett, y el director teatral Chen Shi-Zheng. La obra se estrenó el año pasado en Manchester y tras pasar por EEUU volvió a representarse semanas atrás en Londres. El próximo 18 de agosto se editará la versión en disco, con la música de Albarn y las animaciones de Hewlett.

Al preguntarle por este trabajo, Damon suelta una carcajada autocompasiva: “¿Por qué lo haría? A veces me complico la vida más de lo necesario. La vida de simple músico de pop sería mucho más sencilla”. Bromea, en el fondo revela el inmenso trabajo que ha supuesto esta obra, quizás la más exigente de toda su carrera. Durante año y medio, Albarn y Hewlett viajaron a China en repetidas ocasiones para empaparse de su cultura, conocer sus tradiciones y, por supuesto, meterse en su universo musical.

“Me costó tanto tiempo decidirme a abordar este proyecto porque estaba asustado. Antes de hacerlo parece un gran salto, pero una vez lo haces, el salto es gigantesco. China es otro mundo. La china es una de las culturas más asombrosas e inspiradoras que hay en el planeta. Es la gran pregunta de nuestros días: ¿pueden llegar a entenderse dos culturas tan distintas como la occidental y la china? Porque su progreso y nuestro progreso están obligados a entrecruzarse y entenderse”, opina el músico.

Se ha empapado tanto de la cultura oriental que ha llegado a concluir: “No somos conscientes de que el mundo actual está dirigido por China de numerosas formas”. Al pedirle algún ejemplo, Albarn toma la grabadora de la mano del periodista y le da la vuelta: Made in China, sí. “Es sólo un ejemplo, pero es estremecedor pensar en el poder que tiene China en estos momentos. Sólo hay que ver la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos: fue algo asombroso, de una belleza extraordinaria. Pero me asusta pensar que en ningún lugar de Occidente se puede encontrar semejante disciplina. Creo que hemos perdido ese sentido de la colectividad, nos hemos vuelto egoístas”, asevera.

Albarn tiene la capacidad de convertir en oro todo lo que toca. Si logró aupar a los primeros puestos de las listas a un grupo de dibujos animados como Gorillaz, en esta ocasión ha conseguido que la BBC se interese por su última creación. Una pieza de Monkey: Journey to the West sonará en la cabecera de todas las retransmisiones olímpicas de la cadena británica. “Tengo suerte y he tenido éxito. Pero ese éxito ha sido el resultado de trabajar muy duro. Si trabajas duro y ves claro lo que quieres hacer, es muy posible que triunfes”, se explica el artista.

A vueltas con EMI

Monkey: Journey to the West, el disco, está editado por el sello XL, la casa de discos con la que Radiohead editó físicamente su último trabajo tras dar la patada a EMI. Resulta que Albarn es un artista de EMI. “Me he tomado un año sabático con EMI”, suelta, como esquivando la polémica. Pero, ¿ha sentido la presión que han sentido otros artistas desde la compañía en los últimos tiempos?

“La verdad, desde la compañía no he sentido nada en los últimos tiempos [risas]. Legalmente sigo ligado a EMI, pero no sé qué va a pasar con la vieja cultura de las grandes casas de discos. Quizás su tiempo se ha terminado”, predice.

Respecto a Blur, el músico tiene las ideas muy claras. Blur se ha acabado… salvo que se dé una condición: “Si Graham [Coxon, guitarrista] vuelve, habrá más discos de Blur, pero es poco probable. El último disco de Blur fue realmente el último. Sin Graham en el grupo, siento que todo lo hago yo. Y no quiero que Blur sea eso”.

¿Cuál será la próxima aventura de Damon Albarn? Mientras llega, el músico disfruta de los amigos que ha ido haciendo en el camino. Coge su melódica y se dirige hacia el anfiteatro 43 de la Expo de Zaragoza, donde ya le esperan Toumani Diabaté, Björk y Raimundo Amador para hacer las pruebas de sonido. “Yo me sentaré al fondo del escenario con la melódica y aprenderé, como suelo hacer con los músicos de Mali”, concluye Albarn con una sonrisa.