Sábado, 9 de Agosto de 2008

El tablero de ajedrez boliviano

Al aprobar la ley que permite el referéndum revocatorio de hoy, la oposición se ha asegurado que no haya una segunda consulta popular para ratificar la nueva Constitución, a la que se opone 

ANTONIO RODRÍGUEZ-CARMONA ·09/08/2008 - 23:19h

Entre un 54% y 64% de los votos. Las encuestas dan vencedor al presidente Evo Morales en el Referéndum Revocatorio que se celebra hoy en Bolivia. Pero también los prefectos de la llamada región de la Media Luna (los departamentos del Oriente) saldrían ratificados. En Santa Cruz, Tarija y Beni obtendrían un 74%, 58% y 64% de apoyo, respectivamente. Si todos ganan, ¿qué es entonces lo que está en juego?

Desde que Morales ganó las elecciones presidenciales en 2005 con un 54% de los votos, la polarización se adueñó del país y la política boliviana se convirtió en un intrincado tablero de ajedrez. Dos adversarios. De un lado, el Movimiento al Socialismo (MAS) de Morales y las clases populares e indígenas. De otro, la alianza opositora Poder Democrático y Social (PODEMOS) y las oligarquías de la Media Luna, los departamentos más prósperos del país. Se dirime la reforma de la Constitución, con todo lo que implica: redistribución de la tierra, descentralización y derechos indígenas.

El pulso autonomista

Durante su primer año de mandato, el MAS puso en marcha sus dos medidas estrellas: la nacionalización de los hidrocarburos y la Asamblea Constituyente. Frente a estos cambios, los partidos de la derecha se rearticularon. De forma hábil, agarraron la bandera de las autonomías y obligaron al MAS a enrocarse en un papel centralista.

El primer pulso se dirimió en el referéndum celebrado en 2006 para decidir si el país se dotaría o no de un sistema autonómico. La Media Luna optó claramente por el Sí, mientras que el altiplano lo hizo por el No, que ganó ajustadamente. En la convocatoria también se eligieron –por primera vez democrácticamente– los nuevos prefectos de cada departamento. Esto introdujo nuevos actores políticos en el tablero. La partida estaba servida.

Iniciada en agosto de 2006, la Asamblea Constituyente tuvo una vida accidentada debido a los intentos de la derecha de bloquear su desarrollo. Mucho se discutió sobre la mayoría de dos tercios. En la ciudad de Oruro, los asambleístas del MAS aprobaron la propuesta de Constitución en diciembre de 2007 sin la presencia de la oposición. Desde entonces, una sombra planea sobre la política boliviana: la celebración de una consulta nacional para legitimar la Carta Magna.

Durante mayo y junio de 2008, los prefectos y Comités Cívicos de la Media Luna lanzaron un órdago: la convocatoria de plebiscitos para aprobar los estatutos de autonomía. Aunque la Corte Nacional Electoral (CNE) insistió en su inconstitucionalidad, las consultas se realizaron en medio de una gran polémica y acusaciones de fraude. Los estatutos fueron refrendados por mayoría relativa, pero con porcentajes elevados de abstención. Es decir, el apoyo no fue masivo y no tuvo, por tanto, suficiente fuerza para contrarrestar su ilegalidad de origen.

Bajo la legítima demanda de autonomía, se esconde, sin embargo, el racismo contra la población indígena, que estalló de forma trágica el 24 de mayo en Sucre. Los altercados producidos con motivo de la visita de Morales a la ciudad se saldaron con violentos enfrentamientos entre indígenas y jóvenes alineados en el bloque autonomista. Estos lograron cercarlos, conducirlos a la plaza y obligarles a ponerse de rodillas semidesnudos. Quemaron sus ponchos al son de: ¡Sucre de pie, Evo de rodillas! La imagen dio la vuelta al mundo. El argentino César Brie, Director del Teatro de los Andes, ha denunciado los hechos en un valioso documental Humillados y ofendidos, que se puede ver en youtube.com
Cerrar el paso a la Constitución

Debilitada la vía autonomista, PODEMOS recondujo su estrategia. El 8 de mayo impulsó en el Senado la aprobación de la Ley de Referéndum Revocatorio. Según esta, presidente, vicepresidente y prefectos deben ratificar sus cargos en las urnas y serán revocados si el rechazo supera al apoyo electoral recibido previamente.

La iniciativa pretendía recuperar el espacio político nacional para hacer frente al MAS. Pero había un objetivo más. La celebración de un referéndum en 2008 anulaba la posibilidad de convocar un segundo. Es decir, se lograba cerrar el paso a la nueva Constitución.

El presidente Morales aceptó el envite y firmó la Ley. Las primeras encuestas mostraron que su apoyo había crecido, mientras que algunos prefectos –los opositores de La Paz, Pando y Cochabamba– estaban en la cuerda floja.

Comenzaron los intentos de bloqueo: dudas sobre el padrón electoral, recurso de inconstitucionalidad a la Ley del Revocatorio, cuestionamiento de los porcentajes de ratificación… Todos los ardides legales fueron perdiendo fuelle en el camino, pero la CNE sembró las dudas al establecer –al margen de las atribuciones que le otorga la Constitución– que los prefectos serían ratificados si superaban el 50% de los votos.

El revocatorio no será el último movimiento de ficha en el tablero boliviano. Es probable que no sirva para deshacer lo que el Vicepresidente Linera llama el “empate catastrófico” en el país. Todos usarán su ratificación para legitimar sus posiciones, si bien la Media Luna podría resquebrajarse si caen los prefectos de Cochabamba y Pando. Pero la polémica sobre los porcentajes permitirá cuestionar los resultados y enturbiar el proceso. La partida no se resolverá hasta la consulta sobre la nueva Constitución.

Antonio Rodríguez-Carmona es autor de El proyectorado: bolivia tras 20 años de ayuda externa. Intermón/plural