Sábado, 9 de Agosto de 2008

Servidor del dios del goce

La vida del aventurero Giacomo Casanova estuvo marcada por el escándalo en la época prerrevolucionaria

JESÚS CENTENO ·09/08/2008 - 19:55h

AFP - Federico Fellini, que acabó odiando al personaje, lo inmortalizó en el filme de 1976 ‘Casanova'.

Algunos ni siquiera creen que existiese realmente, pero casi todo lo que se suele contar sobre él es cierto. Giacomo Casanova (1725-1798), arquetipo del libertino del siglo XVIII, dedicó toda su vida a cultivar el placer de sus sentidos. "Si no has vivido cosas dignas de escribir, escribe, por lo menos, cosas dignas de leerse", decía en sus Memorias. Él fue de los que vivió. Cínico, bufón y ácrata hasta el extremo, se convirtió en un profesional de la mentira, especializándose en el arte de engatusar a las mujeres. Su tremendo testimonio va ligado al del siglo XVIII, el de la galantería y el placer soberano que anunciaban la inevitable Revolución.

Veneciano de nacimiento, muy poco se sabe de su infancia, salvo que su madre lo mandó a Roma a los 21 años, donde debía servir al Cardenal Acquaviva como fraile. Sus escarceos amorosos le costaron el puesto. Desde entonces decidió ser nómada y comenzó a viajar. Recorrió cortes y burdeles de media Europa, donde utilizó un alter ego con título nobiliario bajo el nombre de Chevalier d'Seingalt.  Tocó todos los palos: religioso y militar por conveniencia, llegó a regentar un casino, se alió con dos Papas, fue truhán en Turquía y filósofo en Corfú. Entre affaire y affaire regresaba a su Venecia natal, donde fue expulsado dos veces. Primero, por "masón y mago" y, después, por depravación, al organizar un ménage à quatre junto al abad de Bernis y el embajador de París. En esa ciudad fue acusado de fraude y falsificación, pues Casanova no vacilaba en vaciar los bolsillos de próximos y extraños para atender sus caprichos. Falso escritor -no se permitió el lujo de ser ignorante-, pasó de espía a soldado y de empresario sin escrúpulos a violinista frustrado.

Maestro de la seducción

Mucha literatura ha girado en torno a sus conquistas. Algunos autores, como Judith Summers, las cuentan por cientos. ¿Su secreto? Arrinconar a sus víctimas -a las que decía comprender- con palabras y seducirlas. Con cierta ingenuidad, pues en no pocas ocasiones ellas se aprovechaban de su generosidad. Nunca tuvo un harén, pero sí disfrutó de la diversidad: "Compartió lecho con actrices y cantantes de ópera, amas de casa y tenderas, esclavas y siervas, esposas de abogados e hijas de empresarios. También cayeron nobles, cortesanas y prostitutas. Frecuentó fiestas, conciertos y bailes de disfraces, donde enamoró tanto a casadas como a vírgenes", escribe Summers.

Francmasón, rosacruz y librepensador, Casanova no ocultó su naturaleza pasional. Él aseguraba sentirse cristiano. Temía, sobre todo, el paso del tiempo. Escandalizó, aunque la indiferencia religiosa y el libertinaje empezaban a ser cada vez más imaginables. Conoció a Voltaire en el fragor cultural prerrevolucionario, pero no acabó como producto de la Ilustración, sino como uno de sus resultados necesarios. Estudió alquimia para que la gente creyera que era un sabio y las condesas le pedían que les predijese el futuro a cambio de favores. Según la ensayista Corinne Maier, se las ingeniaba para que lo dejasen y después les encontraba un marido. Así, volvían a él.

En sus Memorias aparece la primera mención a un ménage a trois en la literatura contemporánea. También habla de voyeurismo, incesto y monjas víctimas de la pasión. A pesar de su vida liviana, los historiadores que se han acercado a su figura destacan su coraje y lo justifican porque fue fiel a su espíritu anarquista, pese a las terribles consecuencias de una época en la que los libertinos terminaban en un manicomio o en prisión. Casanova acabó sus días solo y recluido en el castillo de Dux, en la vieja Bohemia, custodiando la biblioteca de su amigo el conde de Waldstein.

Las conquistas de un genio

1. La juventud

Casanova aconsejaba mostrar tolerancia y comenzaba su estrategia de seducción con una comida exquisita: "La atracción se mezcla con la curiosidad, y la oportunidad hace el resto". Bettina, de 16 años, fue su primer amor. "Las mujeres italianas fingen demasiado bien el amor", decía, así que recomendaba a las "frías alemanas".

2.Un amor en cada puerto

Desde las dos mujeres, hermanas entre sí, que le iniciaron en el sexo, hasta una monja libidinosa o una viuda rica, a la que desplumó, fueron cientos sus amantes. Fue acusado de carecer de conciencia y de ética, pero  conoció el amor: Charpillon, una cortesana londinense por la que decía estar dispuesto a arrojarse al Támesis.