Viernes, 8 de Agosto de 2008

Occidente se deja fascinar por Pekín

La espectacular y luminosa ceremonia de apertura de los Juegos transcurrió sin sobresaltos para un régimen que trata de suavizar su imagen exterior.

La inauguración minuto a minuto

Noche mágica, por Daniel Méndez

IGNACIO ROMO ·08/08/2008 - 23:26h


Fue un despliegue inmenso de energía y de arte. Fue el sentimiento de la ceremonia de inauguración de estos Juegos Olímpicos de Pekín, los Juegos con los que China trata de suavizar su vieja imagen. No sólo fue una exposición. También fue una reivindicación para lograr la estima del mundo occidental, que le exige a voces una ideología más tolerante en la que se consienta la libertad individual. Algo que hoy no pasa.

La obra recortó toda la distancia posible con la perfección. De líricas y oníricas coreografías. De maravillosas luminotecnias, que demuestran el rigor de este país de 1.300 millones de personas, el obediente compromiso con un sueño. China, efectivamente, no duerme.

China se pasea por el globo terráqueo. China es la fábula. O El Nido del Pájaro, la arquitectura prodigiosa, que acompañó la narración de esta epopeya. Porque fue eso a lo que apeló el director de cine Zhang Yimou para desarrollar esta ceremonia que hizo de la emoción un sentimiento. Las sonrisas de aquellos niños sobre el tablado gigantesco que nunca se olvidarán. O la marcialidad de sus gentes. O esa esfera que emergió del centro del estadio con bailarines corriendo boca abajo como si el mundo no se acabase nunca. O, simplemente, los pergaminos gigantes, que asocian pasado y presente y que humanizaron una ceremonia que hasta George Bush contempló sin decaer. Occidente entero, en realidad. Y hubo motivo.

Es la nueva ruta de la seda reconocida esta vez por las 204 banderas de esos países que acompañaron al sueño. O del paso de los deportistas. En algunos casos la fotografía recogió toda la heroica posible, como el momento en el que apareció Natalie du Toit, la nadadora surafricana que sufrió la amputación de una pierna y que dirigió la bandera de su país. Hasta unas horas antes, Natalie, la primera deportista de la historia que compite en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, desconocía su papel. Pero el suspense tiene estas cosas: no sólo es una tentación. También es un deseo que nunca avisa. Y eso es lo que hizo de esta ceremonia un espacio infinito, una vida para siempre.

El momento cumbre de la noche también sintió la libertad. De entrada se desconocía todo. Hasta la identidad del hombre que conduciría la antorcha al pebetero. El pueblo chino también tiene sus enigmas. Los ocho relevos magnificaron la duda, la enérgica llamada del suspense. El héroe nacional no se definía hasta que apareció Li Ning. Y entonces ya sí. Tenía que ser él. Porque su biografía es patrimonio de la humanidad. Li Ning fue triple campeón olímpico de gimnasia en los Juegos de Los Ángeles 84. De aquello queda el recuerdo que no morirá nunca. Tampoco lo hará su ascensión de ayer hacia el cielo, el vuelo cinematográfico, la zancada elegante y la clase que no desaparece.

Al fondo quedó una ceremonia sensacional, en la que los deportistas españoles se dejaron llevar por el momento inolvidable. Y retrataron en la cámara sonrisas ingeniosas y hasta angelicales para captar la atención de los Príncipes. Pero es la bondad del día que tal vez no se repita en la vida y que se resume con un lema Un mundo, un sueño que es lo que se vive hoy. En Oriente y en Occidente, sin distinción. Al fin y al cabo, así se titula la canción de los Juegos, Tú y Yo.

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