Viernes, 8 de Agosto de 2008

El Dios Sol

Ruta por la arquitectura de las estrellas

ÓSCAR MENÉNDEZ ·08/08/2008 - 17:30h

Templos que se orientan hacia las estrellas, antiguas civilizaciones que rinden culto a los astros... Podría parecer un programa de televisión, pero en este caso se trata del mundo real. Desperdigados por todo el globo hay miles de monumentos que recuerdan que hubo una época en la que la observación del firmamento era una tarea cotidiana. “El cielo es fundamental para cualquier cultura, representa la única forma de orientación en el tiempo y en el espacio”, explica el arqueoastrónomo e investigador del Instituto de Astrofísica de Canarias Juan Antonio Belmonte.

En la actualidad, las herramientas digitales permiten realizar cálculos con exactitud. Pero en la antigüedad sólo se disponía del cielo para fijar la ubicación geográfica y temporal. La posición de la Tierra con respecto al Sol marca el ritmo de los días y, sobre todo, de las cosechas. Y también marca la ubicación en el planeta. No es raro, por tanto, que muchas de las civilizaciones rindieran culto a los dioses del firmamento. En muchos casos, las civilizaciones antiguas buscaban la espiritualidad en el cielo. En realidad, lo que estaban haciendo es adorar aquello que les permitía vivir. “El papel del cielo era tan importante –insiste Belmonte– que no es extraño que la cosmología fuera el inicio de la metafísica”.La mezcla de cosmogonía y astronomía tiene especial interés en el Islam.

De acuerdo a los preceptos coránicos, todos los lugares de oración deben estar orientados hacia La Meca. Hasta el siglo XVIII, eso exigía una enorme labor. Para medir la latitud, el plano norte/sur, basta con saber la posición del Sol a mediodía, algo no demasiado complejo ni entonces ni ahora. La longitud, sin embargo, exige cotejar la hora del día en al menos dos lugares para así poder establecer la comparación. Esto sólo se pudo hacer cuando los británicos inventaron los relojes de precisión, capaces de aguantar las embestidas de las olas en los viajes marítimos.

Como muestra la mezquita de Marrakech, la solución medieval de los religiosos islámicos pasó por orientar sus espacios de culto del mismo modo que estaba orientada la Qaaba en La Meca: como no sabían dónde se situaba la ciudad santa, al menos colocaban sus templos del mismo modo a cómo ésta se asentaba.Pero los musulmanes tienen aún mayor dependencia del cielo. Su calendario, en vez de ser solar, como el de los cristianos, está basado en los ciclos de la Luna. Su mes sagrado, el Ramadán, también lo está.De acuerdo al Corán, el ayuno tiene que iniciarse en ese mes cuando aparece la luna, en fase creciente. Como plantea Belmonte en uno de sus trabajos, ¿qué podrá hacer un musulmán que habite en Groenlandia durante el Ramadán de 2016? “En ese año, el mes de Ramadán está centrado más o menos en el solsticio de verano, el 21 de junio, por lo que en las regiones árticas nunca se pondrá el sol”, responde.

Los religiosos islámicos, en cualquier caso, ya han encontrado la solución. El auge de las comunicaciones en el siglo XX llevó a plantear varios de estos problemas, que se resolvieron con sencillez: los creyentes que estén de viaje pueden practicar el Ramadán de acuerdo a su horario local. Y es que el cielo manda, pero tampoco tanto.

Control de la temperatura

Nadie sabe cómo se pasó del “dónde estoy”, “qué hora es” al “quién soy”, pero es claro que el cielo tuvo su parte de responsabilidad. Y un protagonismo tan importante acabó trasladándose a las construcciones. Desde los moais de la Isla de Pascua (Chile) hasta un pequeño agujero troquelando una roca gallega, pasando por las inevitables pirámides egipcias o el Machu Picchu, son muestras del papel del firmamento en el desarrollo de las civilizaciones humanas.
Aunque no todo es teología. La posición del Sol marca la construcción de las viviendas desde una perspectiva más práctica. Si las ventanas de una casa están orientadas al mediodía, es decir, mirando hacia el sudeste, los movimientos planetarios permitirán que dé en ellas el sol en invierno y deje de hacerlo en el verano. En sentido práctico, los hogares serán menos calurosos en las estaciones cálidas, pero tibios en las épocas frías.

La influencia celeste

En cualquier caso, prácticamente todas las culturas han dejado que sus pautas constructivas tuvieran de alguna manera una influencia celeste. Y los investigadores se han esforzado en demostrarlo. España, aunque inicialmente fue a la zaga en la disciplina de la arqueoastronomía, la ciencia que analiza la relación entre los astros y las civilizaciones, en la actualidad tiene un papel destacado en el ámbito internacional. El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), con el equipo de Juan Antonio Belmonte a la cabeza, detenta el liderazgo.

En poco más de una década, son numerosos los trabajos del IAC que confirman ubicaciones estelares de construcciones históricas. En España sus estudios han confirmado que los aborígenes de las islas canarias levantaban marcadores solares coincidentes con solsticios y con equinoccios. Entre los solsticiares, se encuentran el de Cuatro Puertas, en Gran Canaria, y el de Degollada de Yeje, en Tenerife. De los equinocciales, por su parte, están los de Bentaiga, La Fortaleza y Arteara en Gran Canaria, y el Tablero de los Majos, en Fuerteventura.

Cuando Eduardo Chillida tuvo la idea de vaciar la montaña Tindaya, en Fuerteventura, fue debido a que una publicación del IAC demostraba que los grabados podomorfos presentes en esa montaña podrían estar orientados hacia el solsticio de invierno y otros fenómenos estelares, en un polémico proyecto que desasosiega a los ecologistas y también a arqueoastrónomos como Belmonte.

La cueva del Parpalló

Ya en la península, miembros del Instituto Astrofísico de Canarias han investigado la posibilidad de que la cueva paleolítica del Parpalló, en Valencia, hubiera sido elegida por causas celestes, ya que la estancia se ilumina en el amanecer del día más corto del año. De demostrarse, sería la más temprana relación de un yacimiento arqueológico con el firmamento, puesto que los humanos empezaron a utilizar la cueva hace 21.000 años.

Otras de las confirmaciones que llevan el sello canario es la ubicación de los toros de Guisando, en la localidad abulense de El Tiemblo. Ya en el siglo IV antes de nuestra era, la tribu de los vetones orientó esos animales de piedra hacia las puestas de sol equinocciales. Los expertos españoles también han realizado importantes hallazgos fuera de nuestro país. Por ejemplo, han estudiado la situación de diferentes monumentos funerarios prerromanos en el norte de África, lo que podría confirmar que numerosos dólmenes y túmulos construidos por los antiguos libios estaban orientados de forma astronómica. El trabajo en Petra, por su parte, ha demostrado que los más importantes edificios de esta ciudad de Jordania tienen patrones astrales.

El peligro del esoterismo

Los científicos, sin embargo, quieren recordar que no es oro todo lo que reluce y que puede existir cierta tendencia a exagerar los resultados. Gran culpa de ello lo tiene el hecho de que la arqueoastronomía no sea una disciplina convencional. Mezcla una ciencia social, como la arqueología, con una ciencia exacta, como la astrofísica.
Para curarse es salud, Belmonte prefiere seguir la táctica que podría denominarse de Sherlock Holmes: “No tenemos pruebas escritas de las propias civilizaciones que certifiquen la mayoría de las teorías. Por eso, tenemos que hacer como la policía: acumular pruebas circunstanciales hasta convertirlas en una evidencia. Como se dice, cuatro indicios constituyen una prueba”, explica.

La desgracia es que construcciones como Stonehenge o el castro de San Cibrán de Las son únicas. Todo apunta a que su ubicación rinde pleitesía al cielo, pero para los científicos tendrán que limitarse a ser pruebas circunstanciales.

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