Jueves, 7 de Agosto de 2008

Wall-E

La producción de Pixar supone una ruptura tan grande para la historia del cine como lo fue ‘Toy Story’

RUBÉN ROMERO ·07/08/2008 - 21:12h

Es una costumbre tan veraniega como la bronca con la suegra, la caravana de regreso o el sablazo en la terraza: cada año, por estas fechas, la productora Pixar presenta su nueva película (llevan cuatro años sin estrenar en diciembre: aprovechan la campaña navideña para rellenar los calcetines con dólares mediante la venta de DVD), acompañada por una constelación de estrellas por parte de la crítica. Dicho fervor ha sido, en muchas ocasiones, exagerado. No es este el caso. Si de Pixar siempre esperamos lo nunca visto en cuanto a técnica (el mundo acuático de ‘Nemo’, el universo peludo de ‘Monstruos S.A.’) no suele ser habitual que le exigamos tanto en cuanto a concepto.

En este sentido, ‘Wall-E’ supone una ruptura tan grande para la historia del cine como lo fue ‘Toy Story’ (1995). El argumento es demoledoramente dickensiano (de Philip K. Dick, no de Charles) e impropio de una cinta para todos los públicos: en un escenario apocalíptico en el que el hombre ha huido de la Tierra tras acabar con sus recursos naturales, un vetusto androide se enamora de una máquina último modelo. Él la cortejará mediante el lenguaje físico (y unos pocos chirridos hidráulicos), convirtiendo la primera mitad del filme en una deliciosa muestra de cine mudo, que estira al máximo las capacidades expresivas del género de la animación, en el consabido prodigio técnico propio de Pixar. Sin embargo, el clímax de la historia no se alcanzará hasta que aparezcan en escena los humanos… o lo que queda de ellos. Será entonces cuando nos demos cuenta de que las tuercas y circuitos de la pareja son bastante más sensibles que la carne y los huesos de unos seres entregados a la molicie y que sufren una involución sensorial y, sobre todo, sensual, galopante.

Es ahí donde surge la maravilla, en forma de poema de amor futurista digno de un Léger o un Marinetti, que tiene su punto álgido en un accidentado paseo espacial hitchcokiano con solapadas referencias sexuales en forma de espuma de extintor. Se confirman así las sospechas que nos dejaron los tríos Clarke/Hal/Kubrick (la obra de este último, por cierto, es una referencia constante en la cinta) en ‘2001. Una odisea del espacio’ (1968) y Dick/Nexus6/Scott en ‘Blade Runner’ (1982): la deshumanización de nuestra especie lleva implícita el desarrollo emocional de nuestras creaciones robóticas. Tal y como se nos cuenta en la saga Terminator, el mundo del mañana pertenecerá a los robots, pero no lo conquistarán a través de la violencia sino mediante un arma mucho más sutil y poderosa: el amor.

FICHA

GÉNERO Animación

NACIONALIDAD Estados Unidos

DIRECTOR Andrew Stanton

DURACIÓN 95 min.

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