Jueves, 7 de Agosto de 2008

"Franco no fue tan malo como Hitler"

La última estatua ecuestre del dictador en Santander, tiene los días contados

DANIEL MEDIAVILLA ·07/08/2008 - 19:19h

El calor veraniego en Santander se soporta con facilidad y ya a las cinco de la tarde la plaza del Ayuntamiento está repleta de gente. Algunos de los paseantes se han acercado allí atraídos por un peculiar reclamo turístico. En algo más de un cuarto de hora pasan más de 15 personas a mirar y fotografiar la última estatua ecuestre de Francisco Franco que puede contemplarse en una ciudad española. En principio, verla será posible sólo hasta el próximo otoño. Entonces, aprovechando la remodelación de la plaza y de un aparcamiento subterráneo, la estatua será retirada y no volverá al lugar que ha ocupado desde 1964. Irá a parar al futuro Museo de Cantabria.

Fotógrafos curiosos

Entre los curiosos hay un poco de todo. Una joven pareja andaluza fotografia a sus dos niños junto al pedestal del monumento dedicado al dictador mientras uno de los pequeños pregunta a su padre quién es aquel hombre a caballo. "Un señor que mandaba mucho", le responden. Poco después, un grupo de jubiladas asturianas toma imágenes con móviles y cámaras junto a la estatua. "No nos parece bien que se quite, ya sin entrar en política ni nada, pero es un monumento bonito, como otro cualquiera", afirma una de ellas.

Un matrimonio de unos sesenta años, de Córdoba, tampoco está de acuerdo con la decisión. "La historia es bonita siempre, aunque a unos les pueda gustar más que a otros", señala el hombre. "Mira lo que hacen los franceses con Napoleón", añade la esposa.

Entre los más jóvenes las opiniones no son muy diferentes. "Esto es historia, igual que si pusiesen un símbolo que simbolizase todo lo contrario", afirma un turista madrileño que acaba de llegar del País Vasco en una ruta por la costa cantábrica. La respuesta más chocante llega de Andy, un estudiante alemán que fotografia la estatua tras cerciorarse de que no está prohibido: "Para llevarla a un museo que la dejen aquí ¿no?, fue un hombre importante". Al recordarle que en las calles alemanas no hay símbolos que recuerden a Adolf Hitler matiza: "¡Pero Franco no fue tan malo como Hitler!".

En Santander no es fácil encontrar a gente que esté claramente a favor de la retirada de la estatua. Una joven da su particular explicación: "Esta ciudad está llena de fachas". Tres personas más despachan la pregunta a toda prisa encogiéndose de hombros y diciendo "¡qué más me da!".

Alcaldes conservadores

Desde la llegada de la democracia, salvo el periodo en que ocupó la alcaldía como independiente Juan Hormaechea, AP o el PP han gobernado en la capital cántabra. Ni el alcalde conservador de la pasada legislatura, Gonzalo Piñeiro, ni el actual, Iñigo de la Serna, se han mostrado entusiasmados con la idea de retirar la estatua.

Además, la desaparición final del monumento no llegará sola. El consistorio santanderino también retirará durante las obras un escudo de la República colocado a pocos metros de la estatua. El actual portavoz socialista, Jesús Cabezón, afirma que desde su partido pedirán que se vuelva a colocar allí o en otro lugar de la ciudad. Desde el ayuntamiento de Santander se considera que el asunto de la estatua no forma parte de las preocupaciones de la mayoría de los vecinos de la ciudad y afirman que seguirán adelante con el proyecto, que fue aprobado por la corporación municipal durante la anterior legislatura.

El socialista Cabezón explica que, además de la retirada de la estatua de Franco, aún está pendiente el cambio de nombre de 40 calles de la ciudad, algunas de ellas principales, que llevan nombres como Falange Española o General Mola. Tanto en este caso como en de la estatua de Franco, "el equipo de gobierno no tiene interés en hacer grandes cambios porque dicen que no se trata de una demanda social y que no es nada urgente", explica el representante socialista de Santander. No obstante, el ayuntamiento tampoco ha defendido que se deba mantener el nombre de las calles.

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