Jueves, 7 de Agosto de 2008

Un reto de bigotes

En su obsesión por superar los siete oros olímpicos de Mark Spitz en Múnich 72, Michael Phelps se ha dejado un divertido mostacho que se parece al de se predecesor hace 36 años

IGNACIO ROMO ·07/08/2008 - 09:11h

Phelps vive con una obsesión. Aquel niño de Baltimore, que se refugiaba en la piscina para no oír las discusiones de sus padres, escuchó decenas de veces con los ojos bien abiertos la historia de aquel nadador californiano que se atrevió a disputar -y ganar- siete medallas de oro olímpicas en una cita, la de Múnich 72, que vería oscurecida su hazaña por un acto de terrorismo.

Al ídolo de la natación mundial, que debuta pasado mañana en Pekín con las eliminatorias de los 400 metros estilos, le ha llegado la hora más importante de su carrera. Phelps se acercó muchísimo en Atenas (hay incluso quien piensa que sus seis oros y dos platas de 2004 brillan más que los siete metales dorados de Spitz) y sabe que a los 23 años el reloj biológico de un nadador señala una hora privilegiada.

La obsesión de Phelps, entre la broma y la admiración, ha alcanzado el plano físico. El hombre que sueña con ocho oros olímpicos bajo el incierto y plomizo cielo de Pekín, decidió parecerse aún más a Mark Spitz para alimentarse de su espíritu. Phelps luce un divertido mostacho que le recuerda cada día su misión en estos Juegos Olímpicos.

"Cuando le vea, voy a decirle que si hay alguien que puede hacerlo ese es él

Presión mental

¿Es acertada la decisión del de Baltimore? ¿Es positivo para una persona que se ha planteado un reto, tenerlo presente cada vez que ve su imagen reflejada en el espejo o que la gente le comenta su nuevo aspecto? ¿Será capaz de aguantar esta presión creciente? La realidad es que los psicólogos del deporte siempre recomiendan niveles intermedios de presión.

Una ansiedad excesiva, como la que solía sufrir el corredor portugués Fernando Mamede, destroza las posibilidades de cualquier competidor. Por el contrario, la falta de tensión competitiva no propicia el rendimiento máximo.

Ahora, Pekín vive ya pendiente de Phelps y su reto monumental. Los nadadores hablan maravillas del agua de la piscina, ese vaso incrustado en una auténtica obra de arte a la que se denomina cubo de agua aunque sea demasiado achatado para constituir un auténtico cubo geométrico.

"¿Qué espero de Michael en Pekín? Una historia de éxito para todos los tiempos"

¿Qué dicen los expertos? Ian Thorpe, el mejor nadador australiano de todos los tiempos, no lo ve claro, pero trata de animar a Phelps. "Cuando le vea voy a decirle que si hay alguien que puede hacerlo es él", ha anunciado el nadador rubio de los récords impresionantes y la retirada precoz.

¿Qué dice el máximo afectado? Mark Spitz, la posible víctima de esta hazaña, cree en ella y además la desea. El californiano, un hombre de 50 años que cuida su físico con esmero, está apoyando a Phelps desde el principio. Una postura que además de ser muy inteligente, -sirve para reivindicar su hazaña 36 años después- ayuda aún más al hexacampeón olímpico.

De Spitz a Phelps

Las diferencias:

01: Un velocista frente al rey de los estilos

Spitz y Phelps no tienen nada que ver. La primera gran diferencia es su propia especialización. Spitz fue siempre un velocista. Phelps, no. Mientras el californiano tenía a su alcance el oro de los 100 metros libre, Phelps no tiene suficiente velocidad punta.

02: Spitz sólo nadaba dos rondas por especialidad

Desde el punto de vista del número de pruebas que deberá nadar Phelps, su hazaña supera con mucho a la de Spitz porque en su época no se disputaban semifinales. La barracuda se lanzará a la piscina 18 veces frente a las 14 del californiano.

03: Rivales de diferente calibre

Sin restar un ápice de méritos a Mark Spitz, en los años setenta la natación masculina de alto nivel no existía fuera de los Estados Unidos. Rivales australianos e la talla de Ian Thorpe u holandeses como Van den Hoogenband, han encarecido los retos de Phelps, algo impensable en unos Juegos como los de Múnich, en los que a Spitz le bastaba con reeditar sus victorias en los Trials americanos.

04: Físicos muy distintos

Phelps es un auténtico hombre-pez desde el punto de vista anatómico. Está dotado de un tronco interminable y largas piernas, lo que favorece su flotabilidad y además se impulsa por sus aletas (calza un 47) naturales y su gran envergadura, que supera en ocho centímetros a su talla. Spitz, desde el punto de vista antropométrico, era un nadador muy cercano al promedio.

05: La tecnología

En la época de Spitz, hace ya más de 35 años, el apoyo tecnológico a la natación era muy limitado. Actualmente, se ha avanzado mucho en la investigación textil y los bañadores permiten que los nadadores se desplacen con el mejor deslizamiento posible.