Jueves, 7 de Agosto de 2008

Supervivencia animal

La compañía Los Corderos sufre los calores de agosto sobre la escena

PAULA CORROTO ·07/08/2008 - 08:23h

Pablo Molinero y David Climent, dos ‘corderos’ en busca de agüita clara en un agosto infernal. ÁNGEL NAVARRETE

Los Corderos han llegado a Madrid con lo puesto. Con la furgoneta y el material escénico (algunos focos, globos, un marco y el equipo de sonido). Su misión: enclaustrarse en la sala El Canto de la Cabra durante 10 días (hasta el 17 de agosto) para ofrecer el espectáculo Tocamos a dos balas por cabeza.

Un trabajo diario a 40º grados a la sombra, ya que además el escenario es una plaza pública. En plena chicharrera madrileña. Pero saben que -aún, de momento- éste es su destino: el del cómico que todavía no ha sido tocado por la varita mágica del teatro oficial.

Pese a todo, Pablo Molinero, David Climent, Pablo Rega, Óscar de Paz y Pilar López, el rebaño que conforma la compañía desde 2003, no se queja. "Aunque nos alojemos en casas de amigos y no dispongamos de hotel, estamos encantados.

Tal y como está el patio con los circuitos teatrales, contar con 10 funciones en Madrid es un lujo", asegura Climent.

Kamikazes al volante

Ellos saben de penurias. No es la primera vez que les dicen que son unos kamikazes. Que cómo se lanzan al vacío del teatro más arriesgado y además con una compañía propia, en una época en la que el gremio artístico casi ha mutado en el paradigma del mercenario, del free-lance. "Cuando montamos el grupo nos llamaron locos, pero creemos que una compañía es la mejor manera de profundizar en el teatro.

Además, lo que nos ocurrió es que cuando todo esto surgió, ya no pudimos pararlo, aunque no tuviéramos un duro", señala Molinero.

Cuando todo esto surgió fue en 1996, año en que Molinero y Climent -los alma mater del grupo-, coincidieron en el Aula de Teatro de la Universidad Jaume I de Castellón y saltó la química teatral. Desde lo más primario: el concepto de la escena. "Los dos la concebimos como algo sacro, muy ritual, por eso nos llamamos Los Corderos, ya que es un animal muy bíblico", explica Climent.

Los instintos también tienen mucho que ver con lo que ellos dicidieron poner desde el principio sobre los escenarios. "Desde luego, en nuestras obras el público no puede decir que se identifique con los personajes, porque son muy extremos. Y si lo hacen será desde un punto de vista muy animal", añade Molinero.

No a las etiquetas

Crónica de José Agarrotado (menudo hijo de puta), elhombreVisible, Tocamos a dos balas por cabeza y A la intemperie, sus cuatro producciones hasta ahora, son además un férreo alegato contra el teatro que se rige por el texto y por esa estructura clásica de la presentación, el nudo y el desenlace. "Creemos que hay otras muchas herramientas, que se utilizaban antes, en la Grecia clásica o en la Comedia dell' Arte, y que dan un enfoque más interdisciplinar; y eso nos interesa a nosotros", observa Climent.

No obstante, esto no significa que deban ser etiquetados como un teatro físico, o incluso raro e indefinible. A Los Corderos no les van esos sellos: "No entendemos tampoco que estemos abocados al teatro off", admiten. Por eso pretenden moverse por todas las salas posibles. Ahora les ha tocado El Canto. En pleno sopor. No importa, sonríen, hay público y aplausos. ¿Qué más necesita un actor?

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