Martes, 5 de Agosto de 2008

Lacarra baila con 'swing'

La bailarina, estrella del Ballet de la Ópera de Múnich, interpreta piezas de Duke Ellington en el Conde Duque

PAULA CORROTO ·05/08/2008 - 07:34h

La bailarina Lucía Lacarra. MÓNICA PATXOT

prichst du Deutsch?". "Ein bisschen ("¿Hablas alemán?". "Un poco"), arranca la charla. Lucía Lacarra (Zumaia, Guipúzcoa, 1975) entorna los ojos como una niña pillada en falta. Lleva seis años como primera bailarina del Ballet de la Ópera de Múnich y sabe que a estas alturas no dominar la lengua teutona queda hasta mal. Más en una entrevista. Otra cosa hubiera sido si le hubiera tocado hablar inglés.

Porque esta vasca, que se pasó un lustro en el Ballet Nacional de San Francisco y en el Ballet Nacional Roland Petit, tiene un leve acento anglosajón. Ese extraño toque del nómada del que salió de su casa en la adolescencia, buscó el triunfo fuera y todavía no ha vuelto. Como casi todos los bailarines.

Ahora ha regresado. Pero de pasada, con una gira que le ha llevado por varias localidades españolas con el espectáculo Duke Ellington Ballet, de Roland Petit. Desde hoy y hasta el 7 de agosto, Lacarra actuará en el Patio del Conde-Duque de Madrid y después bailará en Santander (días 8 y 9), en el Palacio de Festivales. Un experimento en el que caben minués acompañados de piezas de jazz del gran compositor, como It don't mean a thing o Sophisticated Lady y que dejan bien claro que Lacarra no es sólo una gacela válida para el Cascanueces.

"Es que yo no soy una persona clásica. Es más, creo que se puede bailar hasta en el silencio. Desde un Tchaikowsky hasta la percusión. Para la danza debes tener un espíritu abierto", sostiene Lacarra, ya con una mirada más segura. Si hay que seguir a Duke, se sigue, y si una tiene que bailar a Pink Floyd, lo hace, como hizo hace un par de años en otro espectáculo que presentó en Santander, también, como ahora, con la compañía Asami Maki Ballet de Tokio.

La mezcla de todo

El eclecticismo del repertorio del ballet muniqués fue precisamente lo que llevó a esta bailarina a tierras alemanas. "Llevaba cinco años en San Francisco y tenía muchas ganas de volver a Europa. Hablé con el director del ballet de Múnich y cuando me contó que hacían desde El lago de los cisnes a coreografías de Pina Bausch, no me lo pensé y me vine", señala.

Llegaba así la última parada de una trayectoria que comenzó cuando Lacarra apenas contaba tres años y les dijo a sus padres que iba a ser bailarina. En su casa no había ninguna tradición de clásica. En Zumaia, su pueblo natal, de apenas 8.000 habitantes, ni siquiera había escuela de ballet. "Tuve que esperar hasta los 10 años para empezar a bailar", recuerda con cierta rabia.

Eso sí, su carrera fue luego a todo trapo y cuando su cuerpo se sometía a los vaivenes de la pubertad, ya estaba a las órdenes de Víctor Ullate, compartiendo gimnasio con otras futuras estrellas, como Tamara Rojo o Ygor Yebra. No obstante, fue entonces cuando se topó con el mundo real. Con la máxima de Larra llevada al universo de la danza clásica: En España, bailar es llorar.

Porque una puede ser muy buena, destacar, incluso ser la mejor, pero sin medios, sin recursos, sin pilares, no hay nada. "Es muy triste, pero aquí no hay compañías del nivel que tienen las que hay en el extranjero. Es lógico que todo el mundo se vaya y además no quiera volver. ¿Quién va a dejarlo todo por algo inestable?", se pregunta, al tiempo que se justifica. Ella hizo lo propio. Lo mismo que Tamara Rojo e Igor Yebra: cogió los bártulos y se marchó.

Un ballet como la ONU

Lacarra reconoce que esta falta de apoyo -institucional, privado- no es por una cuestión de tradición. La bailarina se enorgullece de vivir y bailar en una ciudad que llena la ópera todos los días, que disfruta con los repertorios clásicos.

No es de extrañar, cuando en Múnich han nacido compositores como Richard Strauss, y no a muchos kilómetros de allí otros grandes nombres, como Richard Wagner o Beethoven. Sin embargo, reconoce que esto no es lo más importante: "En el Ballet somos 75 bailarines y solamente hay un alemán. Hay bailarines de 33 nacionalidades distintas, por lo que eso de la tradición alemana no creo que pese tanto".

Es más, para ella España podría estar a la cabeza de la danza mundial. "Es que no lo entiendo. ¡Si aquí todo lo celebramos bailando! En cualquier región hay bailes, y la gente se lanza enseguida. Lo que pasa es que es algo que se ha dejado desintegrar, y claro, ahora no hay manera. Hacen falta muchos años para que en España se vuelva a estar al mismo nivel que están fuera", admite.

¿Y ella, piensa volver? Ya en alguna ocasión ha reflejado su intención de lanzarse a enseñar; sin embargo, la idea de montar su propia compañía la tiene descartada.A pesar de todo, Lucía Lacarra no es de las que se puede quejar. En 2005 fue galardona con el Premio Nacional de Danza y suele volver con cierta asiduidad a los escenarios españoles. Una temporada de gira que, además, como ella relata, le ayuda para sobrellevar el régimen espartano de ensayos y de entrenamientos. "Sí, aunque para los bailarines no hay ningún mes facilito. Yo, por ejemplo, sé que si quiero estar en forma tengo que hacer abdominales todos los días, sin pasar ni uno", cuenta.

Así que no quiere ni que le nombren a los deportistas de los Juegos Olímpicos. "Ellos entrenan para una meta, nosotros debemos estar bien todo el año. Bailar es disciplina, disciplina y disciplina".

Lo ha repetido tres veces. La fama cuesta, como decía la profesora de danza de la popular serie ochentera Fama. Lacarra lo sabe bien y por eso no duda en posar para la fotografía, aunque tenga algo de prisa. Porque sabe lo que le espera: una buena tanda de abdominales.

Una treintañera que escucha a Coldplay y a Gun’s & Roses

“Qué escucho en el iPod? Uf, de todo. Si es que me va cualquier tipo de música”. Una de las preguntas más facilonas se le atraganta a la bailarina vasca. Intenta dar explicaciones: “Además, ahora tengo el Iphone, con lo que me paso más tiempo viendo películas y series que otra cosa”.

Así que hay que preguntarle otra vez: ¿Qué escucha? ¿Mucha música clásica, tal vez? “No, no, ahora llevo el nuevo disco de Coldplay, pero también Gun’s & Roses”. Vale, ya queda claro. Le gusta casi todo.

La generación de oro que surgió con Víctor Ullate

Cuando Lucía Lacarra llegó a la Escuela de Víctor Ullate era una adolescente. Se iniciaba la década de 1990 y coincidió allí con Tamara Rojo e Ygor Yebra, dos estrellas actuales del ballet.

“Yo creo que  Víctor supo sacar lo que los chavales llevábamos dentro. Nos inculcó mucha disciplina y eso ha dado sus frutos”, explica la bailarina.