Lunes, 4 de Agosto de 2008

"Si no les gusta, que silben"

Tras nueve años al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el maestro español se marcha a dirigir al extranjero para liberarse de sus obligaciones administrativas y simplemente "hacer música"

DANIEL MEDIAVILLA ·04/08/2008 - 11:11h

El director de orquesta Juanjo Mena, en Santander. A. ANDERS

Después de nueve años al frente de la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el director Juanjo Mena (Vitoria, 1965) decidió dejar su tierra para continuar creciendo en el extranjero. En lugares como Bergen (Noruega) o Baltimore (EEUU) tendrá la oportunidad de liberarse de las labores organizativas que requería su trabajo en la ciudad vasca y dedicarse así en exclusiva a la música.

Como les ocurre a muchos científicos, allí podrá seguir aprendiendo. Se considera aún joven y cree que en 20 años podrá tener algo sólido que decir como director. Mena, uno de los maestros españoles con mayor proyección internacional, ha llegado a Santander para acompañar, al frente de la Real Filharmonía de Galicia, a los seis intérpretes que disputarán las semifinales del XVI Concurso Internacional de Piano Paloma O'Shea.

Después de tantos años al frente de la orquesta de Bilbao, ¿cómo afronta dirigir a grupos desconocidos y de culturas diferentes?

El trabajo continuado con una orquesta es gratificante, porque llega a haber un entendimiento en el sonido, en las ideas; obtienes más rápido las cosas que has explicado tanto... pero también a veces se agota el lenguaje. En Bilbao aprendí mucho, sobre todo a relacionarme con la gente, y eso me sirve cuando voy a otros países.

Cuando dirijo en Italia parece que soy un señor profundo, interior, místico, aunque no lo soy, porque si vas allá como soy yo de abierto, estás perdido, te comen, entran en ese juego, y allí hace falta disciplina. Si consigues unirles, es impresionante, pero es complicado, porque son individuales. Es diferente en Bergen, donde hay una gran disciplina. Allí hay que buscar un poco lo contrario: entender rápido a quien tienes delante es una de las virtudes más importantes para nosotros y creo que eso me ha ayudado a tener mucho feeling con las orquestas en el extranjero.

¿El director debe ser un buen psicólogo?

En una orquesta los maestros saben que la psicología es fundamental, deberíamos hacer cursos especiales. Es importante saber cómo se puede conseguir lo mejor de los intérpretes, controlándolos, pero sin apagarlos; dejarles sacar lo mejor sin que sea excesivo. Entre los participantes del concurso de piano, por ejemplo, hay uno que es más extrovertido. Con él trato de controlar esa energía que tiene, no debo potenciarla, y mientras dirijo, ni le miro. Con otro, que es lo contrario, en el que todo está interno, le miro, le sonrío...

¿Cuál es la impresión que quiere dejar en las orquestas que dirige?

A veces, como me sucedió en Bergen, te encuentras con orquestas que tienen un sonido impresionante y dices: "¿Cómo voy a intervenir yo contra esto que es tan maravilloso?" Ahora bien, luego ves que falta esto y esto otro. Trabajamos a partir del material que nos llega. A partir de lo que tienen intentamos buscar lo que está dentro de la música.

Dijo que había dejado Bilbao para aprender, ¿qué, en concreto?

Conozco casos de compañeros que se han centrado mucho en sus orquestas y han establecido un mecanismo de lenguaje con ellas muy conocido... pero cuando han dirigido a otras orquestas donde no había ese conocimiento, se ponían nerviosos, se enfadaban, porque no les entendían y no funcionaba. El conocimiento de otras culturas, de otra manera de hacer, enriquece tu producto final.

¿Qué más va a buscar en el extranjero?

Me entregué en Bilbao, porque es mi país, soy vasco, quería hacer algo grande... El problema es que el tiempo que dedicas es enorme a nivel musical, pero también extramusical. No hay el trabajo superprofesional que hay en otras orquestas para que el maestro se ocupe de lo que se tiene que ocupar: hacer música. Eso es lo que quiero hacer ahora.

¿Cree que en Bilbao se habrá aprendido y se corregirán los errores que usted señaló?

Peleé mucho y gané batallas, pero me desgasté. Creo que entendieron mis criterios, hay un proyecto de futuro y se sabe por dónde trabajar.

¿Le parecen bien las colaboraciones con bandas de rock para acercar la música clásica al público?

Me parecen muy mal. Fue una de mis grandes discusiones en la orquesta. Soy un clásico, hice conciertos con grupos folk, rock, de jazz... pero fuera de temporada. Esto es como si sacamos chicas guapas o enseñamos el pecho. Está bien, pero en su justa medida, porque la gente no va a respetar la música y tengo un gran respeto por la tradición.

¿Cómo se puede acercar la música clásica sin pervertirla?

El problema es de conocimiento. Al público se le puede dar algo de lo que él conoce. Si alguien conoce algo, se vuelve loco con eso, puede entenderlo... La clave es la educación y es donde hay que centrarse. Para que la gente sepa lo que está bien y lo que está mal. Me gustaría que se volviese a silbar en los conciertos si la cosa no ha gustado, que hubiese una participación, que se exigiera... Pero estamos muy verdes. Somos muy jóvenes en el mundo sinfónico en este país.