Lunes, 4 de Agosto de 2008

La puerta de Europa en el Amazonas

En Macapá, el Brasil pobre limita con la Guayana francesa, parte de la UE

BERNARDO GUTIÉRREZ ·04/08/2008 - 08:25h

Bernardo Gutiérrez - El ecuador divide a la ciudad de Macapá en norte y sur y la línea incluso atraviesa por el medio de un campo de fútbol.

Eduardo Galeano, en su libro Patas arriba: la escuela del mundo al revés, cuenta que existe un solo lugar donde el norte y el sur se enfrentan en igualdad de condiciones: "una cancha de fútbol en la desembocadura del Amazonas". Galeano describe idílicamente el estadio de la ciudad de Macapá, donde "la línea del ecuador corta por la mitad el estadio Zerão, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro en el norte".

Pero en la prosaica realidad, la metáfora de Galeano pierde el componente poético. El Estadio Milton de Souza Correa, el popular Zerão, está en reformas. Y el choque de hemisferios, abandonado. Desconchado. El césped, invadido por arbustos. Las gradas, agrietadas. Dentro del campo, un grupo de obreros silenciosos pone orden al encuentro norte-sur.

Raimundo Nonato -39 años, pico en mano- confía en que el Zerão reformado sea una de las sedes del Mundial 2014. Pero lo que realmente desea es un partido amistoso entre Brasil y Francia. Cada uno, un
tiempo en el sur y otro en el norte. Igualdad de oportunidades. Sus compañeros ríen.

Jusiwaldo Romão -20 años, natural de Afuá, al sur de la línea- recuerda que los canarinhos ya perdieron con los bleus. Risas. Raimundo Nonato aclara el intencionado doble sentido: "Viví tres meses en la Guayana francesa, clandestino. Ganaba 1.500 euros como obrero. Fui deportado, como casi todos". Silencio. Resignación. El norte, en el centro del mundo, está muy lejos.

Jurisvaldo Romão, otro obrero que sueña con vivir "más al norte" -en la Guayana francesa- saca a colación la muerte de Nerize Dias de Oliveira, una brasileña de 36 años muerta el 19 de abril cuando estaba siendo repatriada por la policía gala en el Río Oiapoque: "La empujaron al río y no dejaron que nadie la salvara. Nos tratan como ladrones".
Inevitablemente, la conversación emigra hacia el norte. De línea a línea.

De la línea del ecuador al río

Oiapoque, frontera natural de Brasil y Guayana francesa, entre América y Europa. La Amazonia entrando por la puerta trasera del primer mundo. Y un agresivo y creciente abismo de estadísticas. Al norte: un Índice de Desarrollo Humano (IDH) de 0,850; 12.165 euros per cápita. Al sur: IDH de 0,753; 2.696 euros por persona y año. "¿Cómo no vamos a querer emigrar si allí ganamos cinco veces más? Casi todo el mundo en Macapá sueña con vivir en la Guayana", asegura Jesuel Alves, otro de los obreros del campo de fútbol fronterizo.

Tan lejos, tan cerca

Fuera, el marketing ecuatorial reina en un cartel: "Sea bienvenido a la mitad del mundo". Un obelisco gigante que preside el complejo monumental Marco Zero, luce una franja amarilla. En su parte más alta, el sol entra en un círculo durante el equinocio. Puro glamour ecuatorial. A las puertas del centro, Ana Solange barre la mitad del planeta. Como cada día, esta joven de 32 años saca brillo al ecuador. Ni una mota de polvo. Ni una hoja seca.

Entre dos carteles verdes que delimitan los hemisferios, Ana se apoya en su escoba. Suspira. "Soy de Pará (sur). Y creo que nunca iría al norte norte (Guyana)", afirma sonriente. Limpia, dice, para que "el mundo sea más justo". En el Marco Zero arranca la avenida Ecuatorial que avanza hasta la desembocadura del Amazonas.

Un asfalto básico que entona una desafinada sinfonía de casas de madera, aguas residuales e igarapés selváticos, brazos de agua. José dos Santos, en el barrio Murca, lado sur, resume la encrucijada de Macapá: "Viví siete años en la Guayana pero sólo fui bien tratado cuando conseguí papeles. Los franceses tienen prejuicios". La avenida Ecuatorial -calor denso, bares destartalados- resume a cada paso la crónica de una inmigración anunciada.

De Brasil a Europa, de la selva a un departamento francés eurificado. En el mercado Santa Luzia, lado norte, Gerardo Cuña, su gerente de ventas, encarna el anhelo brasileño busca-nortes. Llegó desde Ceará, en el paupérrimo nordeste, obnubilado por la Zona Franca de Macapá. "Es un fiasco. No genera puestos de trabajo, sólo exporta e importa, no produce. Por eso muchos emigran a la Guayana", afirma.

Horas antes, el diputado del Partido de la Républica en la Asamblea Legislativa de Amapá y presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores y Defensa, Paulo José, reveló en una entrevista a Público los "indignantes abusos cometidos por los gendarmes franceses". El caso de Nerize Dias de Oliveira, la ahogada del río Oiapoque, es la punta del iceberg. "Malos tratos. Vejaciones. Muertes. Continuas provocaciones. Una vergüenza", aseguraba Paulo José.

El informe elaborado por la Comisión, al que ha tenido acceso este periódico, recoge las constantes violaciones de derechos humanos cometidas en la puerta amazónica de Europa. El caso del joven Francisco Wilson, torturado y deportado en dos ocasiones, es el prototipo. La denuncia de Lucieneide Silva, de 38 años, roza el esperpento: fue presa cuando estaba embarazada, acusada de querer parir en el lado francés. Tras cuatro días de maltratos, Lucieneide, perdió el hijo. "La gendarmería también quema barcos brasileños usados para el comercio", matiza Paulo José.

Las estadísticas que exhibe el diputado hablan por si solas: 5.000 brasileños viviendo legalmente en la Guayana y unos 52.000 ilegales, casi el 30% de la población total. Lado sur de la línea. Carnicería Marco Zero. Raimundo Moraes recibe con un "bienvenido al norte". Su hijo Ramón tampoco sabe que está en el sur. "Tenemos vocación de norte. Mi padre vivió en Cayenne (capital de la Guayana), durante 24 años", dice entre risas. De hecho, va y viene de un lado al otro de la frontera. Entra como turista. Trabaja. Regresa con dinero. 

A su lado, un joven ríe. También confiesa su pasión por los euros. Es garimpeiro -buscador de oro-. Trabaja en una mina ilegal, en el río Mana, en el lado francés de la selva. "Me gusta la vida allí. Hay farra, prostitutas guapas, dinero", confiesa. Ahora espera que la Gendarmería baje la guardia para volver.

Desde que en febrero Sarkozy se encontró con Lula en medio de las aguas del Oiapoque, la mano dura gala es más patente y la vista gorda brasileña también. "Tras el escándalo de Barajas, Lula aplica reciprocidad. Aquí, como son brasileños pobres y no turistas, no hace nada", confiesa Paulo José. El diputado Dalton Martins definió no hace mucho a esta frontera como "un barril de pólvora".

Los medios brasileños y, sobre todo los franceses, prefieren hablar del inminente proyecto de puente sobre el Oiapoque, el único viable entre los territorios del Mercosur y la Unión Europa.

Ciudad sórdida

La Avenida Ecuatorial se desviste de asfalto. Sólo hay polvareda, barro rojo resecado. Sol abrumador. Ancianas con paraguas. La ciudad es una sórdida favela con carteles fronterizos: Jardín Ecuatorial, Restaurante Equinocio, Bar Meridional... De vez en cuando una casa lujosa, enrejada. Algún coche caro.

Una joven de mallas ajustadas levanta piropos a su paso por la pasarela Meridiano do Norte que se adentra en una subfavela de palafitas -casas edificadas sobre el agua-. "¡Madre de mis hijos, tú vales oro en la Guayana!", grita Rodrigo Barbosa, un joven de 21 años. "No te asustes, es la puta del barrio", matiza. La ecuación norte-sur se completa. Prostitución. Redes internacionales que reclutan brasileñas para los prostíbulos de Oiapoque. Y de allí a Cayenne "y luego, tal vez a la Europa continental".

El río/mar está cerca. Un barco llamado Realidad dormita sobre aguas negras. Anclado en el lado sur del Ecuador, Odecli de Souza, un fortachón de 18 años, confiesa que quiere ser una estrella del Vale Tudo, una lucha ilegal que mezcla todas las disciplinas. Y aspira a luchar en torneos internacionales para "apalear a algún francés".

Rosemiro Barbosa -49 años y 6 hijos- asegura que el norte le hizo bien. Ahorró y abrió su taller mecánico. "Allá se vive bien. Lanzan hasta astronautas", matiza. Realidad pura y dura. Francia pone en órbita cohetes desde la base de Kourou. Brasil lanza prostitutas al norte desde el lado sur.

Tráfico de uranio y minas contaminantes

En los tratados internacionales constaba como límite de la colonia francesa y Brasil un río que el navegante español Vicente Pinzón descubrió en 1500. Los franceses intentaron demostrar que el río Vicente Pinzón era el actual río Araguari y no el Oiapoque. Amapá, así, sería francesa. Pero el Consejo Federal Suizo, en su laudo de 1900, consideró que
el río era el actual Oiapoque.

Amapá es uno de los epicentros del tráfico internacional de uranio. La Policía Federal destapó un esquema por el cual la empresa Uniworld Mineração, con sede en Macapá, exportaba ilegalmente toriatina (que contiene uranio y otros componentes radioactivos) a través de la Guayana francesa.

En las localidades de Porto Grande y Pedra Branca y la Sierra del Navío hay minas ilegales de toriatina.Amapá tiene grandes reservas de oro y muchos ‘garimpos’ (minas) altamente contaminantes. La justicia alertó en 2005 que el mega-garimpo de Vila Nova, en Porto Grande, podría provocar uno de los mayores desastres de la Amazonia, vertiendo toneladas de mercurio (usado para limpiar el oro) en el río Vila Nova, afluente del Amazonas. El conflicto sigue sin resolverse. Y la mina, funcionando.

Amapá acoge uno de las iniciativas más polémicas de la historia de la Amazonia: el proyecto Jarí. El estadounidense Daniel Ludwig compró en 1967 6.475 kilómetros cuadrados por 3 millones de dólares para plantar eucalipto. Al final vendió el terreno a un conglomerado de empresas brasileñas. En la actualidad, sólo el 7% del terreno se usa para plantar eucalipto.

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