Viernes, 1 de Agosto de 2008

El lince sigue en el centro de España

Un estudio confirma la presencia de la especie en cuatro áreas del interior de la Península Ibérica

MANUEL ANSEDE ·01/08/2008 - 21:29h

Un ejemplar cautivo en el Parque de la Naturaleza de Cabárceno (Cantabria). REUTERS

Encontrar indicios de la presencia de lince en el centro de la Península Ibérica es como hallar una aguja en un pajar. Pero un grupo de investigadores españoles ha conseguido encontrar 18 agujas. Entre 2004 y 2007, el equipo recogió más de medio millar de excrementos sospechosos de pertenecer al felino en cinco áreas en las que la especie se consideraba extinta. Los análisis genéticos de las heces ofrecen resultados esperanzadores: una veintena de deposiciones son, sin lugar a dudas, de lince.

Como explica el principal autor del estudio, el biólogo Fernando Alda, del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC), en 1990 existían mil ejemplares, distribuidos en 48 áreas de cría en España. Pero la volatilización de los conejos –azotados por la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica–, la fragmentación de su hábitat por presas y carreteras, la leucemia felina y los atropellos han diezmado a la especie, dejando sólo 200 supervivientes arrinconados en el Parque Nacional de Doñana y Sierra Morena oriental.

El nuevo trabajo, publicado en el último número de la revista Animal Conservation, demuestra que el felino emblemático de la Península Ibérica sigue pululando por los Montes de Toledo, la Sierra del Relumbrar (Albacete), la parte occidental de Sierra Morena y el río Guadalmez (Ciudad Real), donde el año pasado se grabó un vídeo que mostraba a un grupo de decenas de individuos. En la cacereña Sierra de Gata, vacía de conejos, no se han encontrado restos del gran gato, a pesar de los exhaustivos rastreos llevados a cabo en 2005 y 2007.

“Están ahí”

Para los investigadores, este estudio constituye “la evidencia más importante de la presencia de lince ibérico fuera de los núcleos de Doñana y Andújar” aportada en los últimos años. “No conocemos si son jóvenes de paso o grupos que se están reproduciendo; el estudio sirve, sobre todo, para saber que están ahí”, comenta Alda.

En las áreas estudiadas, los científicos han encontrado cinco nuevos haplotipos, o perfiles genéticos, diferentes al característico del área de Doñana. A su juicio, esta variabilidad podría tener, en el futuro, un “efecto de rescate genético”, si se cruzan estos animales con las poblaciones consolidadas de Doñana y Andújar, empobrecidas genéticamente por la endogamia y el aislamiento. Por ello, Alda apunta que estas cuatro áreas “se deben tener en cuenta” a la hora concretar el proyecto de reintroducción de los ejemplares criados en cautividad en el centro de El Acebuche (Huelva), que comenzará en 2010.

Como si hablara de indígenas aislados en la Amazonia, el biólogo subraya que lo más importante es “saber que están ahí”. “Con estos métodos se localizan los linces y podemos facilitar su conservación, al anticiparnos a la construcción de una urbanización o un campo de golf”, ilustra. Aunque, afirma compungido, “hay gente que prefiere cerrar los ojos y que no se sepa dónde están”.

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