Viernes, 1 de Agosto de 2008

Una caricatura de sí mismo

La detención y el descubrimiento de la doble identidad del ex líder serbobosnio deja desolados a sus seguidores

JASMINA TESANOVIC* ·01/08/2008 - 08:00h

EFE - Karadzic se enfrentó ayer por fin a la Justicia.

El guerrero sagrado de la etnia, Radovan Karadzic, ha salido perdiendo en la Nueva Era del gurú Dabic: su otro Jeckyll-and-Hyde en los últimos 13 años. Unas 16.000 personas salieron a manifestarse a la Plaza de la República la noche en que fue extraditado a La Haya, una amplia multitud en el centro de Belgrado, pero solo un fragmento de los tres millones de votantes del Partido Radical, un tercio de la población serbia.

Hace dos meses, los seguidores de los radicales estaban destrozando alegremente las embajadas extranjeras como respuesta al asunto de Kosovo, pero ahora sólo son un montón de personas desconcertadasy alicaídas.

Los simpatizantes del Partido Radical centran su odio en el presidente Tadic

El clima político ha cambiado en Serbia. El presidente pro-europeo, Boris Tadic, está salvaguardando los intereses de la nación y lo está haciendo de forma implacable. Su antecesor, Kostunica, hizo justolo contrario.

La semana pasada algunos periodistas de distintas tendencias recibieron una paliza de un grupo de radicales, hasta el punto que el nuevo gobierno afirmó que los periodistas serbios se están convirtiendo en el equivalente a la policía, al cumplir con el deber de penalizar a quienes sabotean los discursos públicos.

Los radicales han cambiado de rumbo sus miedos y odios hacia Boris Tadic, que se ha convertido en una amenaza para ellos, al ser el traidor que ha autorizado la extradición.

Ahora sólo son un montón de personas desconcertadas

Los radicales llevaban camisetas con los rostros de Karadzic y Mladic pintados en ellas; rostros de hace 14 años. Hoy en día, Karadzic es una caricatura de sí mismo y probablemente los radicales no sepan que Mladic debe tener una imagen similar.

Odio generalizado

La mayoría de los partidarios radicales tenían mal aspecto. Eran sobre todo hombres empobrecidos con un aire a los jóvenes delincuentes, que no pueden recordar la guerra, pero odian cualquier cosa que no puedan entender. La oradora, una actriz nacionalista, lloraba cuando decía: "¡Radovan, te necesitan en La Haya. Allí tienes que sacar a la luz la justicia y salvar al mundo!".

Mientras, alguien que podría ser el doble de Dragan Dabic vagaba por las calles del centro. Un gurú local con una larga barba blanca, pelo largo canoso, vestido con una sotana negra y una gran cruz ortodoxa colgando del cuello. Todo el mundo señalaba a este extraño personaje y sonreían al verle pasar.

Dragan Dabic ha reducido por su cuenta la amarga guerra civil yugoslava a un chiste de humor negro serbio. Los radicales no pueden perdonar que su ídolo se haya limitado a hacer cicatrizar las heridas de algunos idiotas ingenuos y no haya arrasado Sarajevo con artillería pesada.

Los radicales trataban de avivar a la muchedumbre tocando los himnos del desaparecido Red Berets, el grupo paramilitar de Legija, el criminal convicto que fue acusado del asesinato de Zoran Djindjic. Como siempre, la muerte permanece como la mejor apuesta política de los radicales. Aun con suficiente tiempo y engaños, hasta la muerteparece ridícula.

Documentos secretos

Dragan Dabic ha estado preparando su defensa para Radovan Karadzic, pero su ordenador portátil ha sido confiscado por la policía. Para ser un humilde curandero, el Doctor Dabic parece tener en sus manos un sorprendente número de documentos sobre la guerra de Bosnia. También estaba en contacto con los abogados del difunto Slobodan Milosevic, un veterano en la interminable pantomima dentro de los tribunales holandeses. Esta será la última reencarnación del Doctor Dabic: la nueva estrella de un viejo proceso contra los crímenes de guerra.

Un gran manicomio

Escuché con gran sorpresa que un amigo cercano y gran poeta serbio, falleció en una clínica de Belgrado que resultó ser la guarida de Dragan Dabic y cuya "energía humana cuántica" obviamente no pudo curarle el cáncer de pulmón que padecía.

Mi amigo el poeta nunca cometió un genocidio, ni tampoco se escondió de la justicia robándole la identidad a un hombre inocente. Escribió versos sobre su amada ciudad y publicó libros. También fumó mucho para sobrevivir, pero su mortalidad no era el más doloroso de sus problemas porque sus versos le hacían sentirse vivo.

Su peor tragedia fue perecer en ese manicomio en el que se convirtió Serbia, un país asolado en el que no se puede distinguir entre poetas y criminales.

(*) Jasmina Tesanovic es periodista y escritora serbia 

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