Viernes, 1 de Agosto de 2008

Sociología de un edificio

Último capítulo: Galicia. Luisa Castro descubre la realidad sociolingüística de Galicia, donde el castellano y el gallego conviven en aparente armonía, aunque existen considerables diferencias entre el medio rural y las ciudades

 

LUISA CASTRO ·01/08/2008 - 08:00h

Miguel riopa - ¿Galicia o Galiza? Las dos denominaciones conviven en esta comunidad autónoma.

En el edificio donde vivo la inmensa mayoría hablan en español. Claro que es un edificio del centro de Santiago, y la mayoría de sus habitantes son gente de cierta edad y de procedencia urbana. Sólo habla gallego la vecina de arriba, que es profesora de instituto, una persona joven y, por lo que yo puedo intuir de su habla, seguramente no recibió el gallego de la familia pero lo adoptó en la adolescencia como una opción de vivir y de estar.

También habla gallego la vecina del segundo, la señora Adela, que vive sola a sus 80 años y conserva intacta su independencia y su perfecto registro de la aldea. Es un personaje maravilloso. Sólo con ella el resto de los habitantes del inmueble hablan en gallego, ella no es bilingüe, habla únicamente su lengua, la que recibió. Y el caso es que se entiende a la perfección con todos.

En las urbes se conserva ese complejo del gallego frente al castellano como lengua del poder

De hecho esta mujer trasplantada a Santiago es la jefa del edificio, la más auténtica y la que más queremos todos. Me encanta encontrarme con ella en el ascensor, es con la única, además de la vecina de arriba, que puedo hablar en mi idioma. Con el resto también hablo, por supuesto, pero inevitablemente la conversación siempre acaba derivando al castellano. Aunque yo me exprese en gallego mis vecinos acaban inclinando la balanza hacia el idioma que les resulta más cómodo. Yo actúo con ellos como ellos con la Señora Adela, es decir, con cortesía y deferencia, en gran parte por su edad.

En el mercado, en gallego

Con los jóvenes no hago lo mismo, me pongo en el lugar de la señora Adela, y ellos me responden en gallego, aunque no sea el idioma enque les hablan sus padres, pero sí lo han aprendido en el colegio, además de una perfecta educación que exige siempre la deferencia con losde mayor edad.

En el medio rural, niños y adolescentes se relacionan en gallego, su lengua natural

La mujer que atiende el quiosco al que bajo a comprar cada día también habla en gallego y es, además, una mujer comprometida con la causa de las mujeres maltratadas. Tenemos grandes charlas; también con los camareros de mi bar de cabecera.

Las cajeras del supermercado, la pescadera, la de los embutidos, todas me hablan en gallego. Mis hijos van a un colegio donde reciben la enseñanza al 50%, en gallego y castellano, que es la norma de la enseñanza aquí, aunque no se cumpla siempre estrictamente. Todavía existen muchos profesores que por su formación no se sienten cómodos impartiendo su asignatura en gallego, aunqueasí lo dicte la ley.

En el patio, con las madres, algunas hablan en gallego y otras no. Yo no cambio de registro, y esto a veces anima a algunas a emplear el idioma que les es propio y que reprimen en los lugares públicos, es decir,fuera del hogar.

Lo curioso es que mis hijos, que hablan gallego en casa, con abuelos gallegos, con familia gallega y catalana, con lecturas, profesores y asignaturas en gallego, hablan con sus amigos en castellano. La fuerza que el gallego tiene en el grupo familiar se diluye en la calle, y se puede afirmar sin temor a equivocarse que el castellano es la lengua predominante de relación entre los niños y los adolescentes.

Esta es la preocupación que esgrimen los que temen por el futuro del gallego. Pero esto sólo pasa en las ciudades. En un pueblo como Fozpor ejemplo, de 9.000 habitantes, los niños y los adolescentes se relacionan entre ellos mayoritariamente en gallego, pues es la lengua naturalde su medio, lo mismo que lo hice yo y que lo seguirán haciendo las generaciones venideras.

La diferencia está en el medio urbano, que hereda de los tiempos de Franco esa diglosia o complejodel gallego frente al castellano como lengua habitual de las instituciones y del poder.

Del pueblo a la ciudad

Mi edificio, uno más entre los muchos que pueblan la parte nueva de Santiago, es un ejemplo de todo esto. Casi estoy segura que en el resto de los inmuebles, de 14 familias sólo cuatro emplean el gallego como idioma normal de comunicación. Pero esta tendencia yo estoy convencida de que se irá invirtiendo con el cambio generacional.

El gallego que no se habla en las ciudades no es un gallego inexistente sino reprimido, un gallego latente que la mayor parte de los castellano hablantes han dejado en un segundo lugar. La cultura, la educación y la formación de los nuevos hablantes, de sus propios hijos, irá invirtiendo esta tendencia, o al menos irá equilibrándola.

Esos niños de las ciudades que ahora hablan en español con sus amigos aunque hablan gallego con sus padres, cuando se hagan mayores es de esperar que extiendan el gallego a todas sus relaciones sociales. No me gusta ser catastrofista, yo no creo en los peligros de extinción del gallego y por supuesto mucho menos del español, en realidad creo que estamos en una etapa más o menos larga de transición generacional, y los usos y los modelos sociales que han regido hasta hace 30 años y que han condenado al gallego a ser una lengua de uso estrictamente familiar, se irán adaptando a la realidad actual e íntima de la mayoría de los gallegos, que comprendiendo y hablando perfectamente el castellano, sin embargo sienten, hablan y se expresan naturalmente en su idioma, el gallego.

En el aeropuerto, en el médico, y en general en todos los servicios públicos, hablo indistintamente en gallego o castellano dependiendo de la procedencia de mi interlocutor, pues aquí vive mucha gente que es de Baleares, de Cantabria, de Sevilla o de Madrid. No se me ocurre exigirle a nadie que me hable en la lengua que no le resulta cómoda o que simplemente desconoce.

En casa vemos todos los canales de televisión, y Televisión de Galicia es uno más. Los periódicos que leemos por supuesto están la mayoría escritos en español pero yo colaboro en dos diarios, uno de Galicia y otro español, en gallego y en castellano respectivamente.

Creo que no hay que confundir el mercado con las lenguas. Es obvio que la producción de los medios en español es mayor que la delgallego, pero eso no me impide en absoluto seguir relacionándome en mi idioma.

La publicidad, sin embargo, está inclinándose cada vez más por el gallego, y yo en mi sucursal bancaria hablo en gallego y me hablanen gallego, aunque luego cometan faltas de ortografía aberrantes cuando quieren publicitar sus productos en este idioma. Han decidido ahorrar en un buen lingüista. Mala política. Que se den cuenta es sólo cuestión de tiempo. D