• Zelda: Breath of the Wild - Las Pruebas Legendarias - impresiones

    06/07/2017 20:00 // Juan A. Fonseca Comparte en facebook Comparte en twitter Comparte en google plus Comparte en tuenti

    El primer DLC del mayor Zelda de la historia ha llegado.

    Autor: Juan A. Fonseca - Gamereactor.es

    Pensaba que tardaría bastante más tiempo en hacerlo, pero he vuelto a Hyrule. No sé cuántas horas he pasado explorando sus llanuras, sus montañas, su desierto; descubriendo ese mundo orgánico, reactivo, vivo; ese lugar con el que Nintendo pegó un puñetazo sobre la mesa con la intensidad y la fuerza que solo podían corresponder a un nombre tan legendario como es la saga The Legend of Zelda.

    Vaya por delante que nunca he sido defensor de las estrategias de DLC. Adquirir contenidos descargables previo pago no han sido una de mis prácticas habituales en esto de los videojuegos, salvo contadísimas excepciones. Siempre he pensado que ofrecer algo realmente nuevo, algo que proponga un desafío duradero y que me haga descubrir otra faceta de ese mundo que tanto he recorrido, de esos personajes a los que conozco prácticamente como si fueran familia; debía ser un elemento necesario para convencer al usuario de pasar por caja con este tipo de añadidos, y Las Pruebas Legendarias trae mucho de lo primero para que nos preparemos para lo segundo.

    El primero de los dos DLC que forman el Pase de Expansión inseparable de The Legend of Zelda: Breath of the Wild tiene un objetivo tremendamente claro: atraer al que se ha dejado las manos escalando, cabalgando, corriendo, peleando, en definitiva, explorando toda Hyrule; a ese que sabe acertar en el cuerno de un Moblin a 50 metros con su arco (y bueno, también al que siempre haya querido corretear con una Máscara de Majora). Por el camino se deja el ahondar en la narrativa, en esas personificaciones que dan forma a la historia; pero eso vendrá más adelante, con la Balada de los Elegidos.

    Pero bueno, ¿qué traen estas Pruebas Legendarias? Haciendo un recuento rápido, tres nuevas máscaras, dos sets de armadura, un nuevo objeto, un sistema de seguimiento en el mapa, una mazmorra y una dificultad adicional. Cabe destacar que las partes relacionadas con el equipamiento son esa pequeña parcela destinada a saciar la sed de fan service de los seguidores más fervientes de la saga; pero todo lo demás apunta directo a sacar el lado más desafiante del juego, el que se esconde tras sus infinitos paisajes.

    Se trata de asuntos distintos, aunque es magnífico ver cómo Breath of the Wild los aborda sin abandonar la exploración tan alimentada en esta aventura. Las nuevas piezas de equipamiento son meros adornos para vestir al bueno de Link con la ropa de Tingle, el casco de Midna o la mítica Máscara de Majora; sin embargo, su añadido a este micromundo se hace cómo debe ser: invitando al jugador a buscarlos siguiendo pequeñas pistas, algo menos sutiles a lo que acostumbra el juego en su aventura principal, pero con el suficiente gancho para animarte a salir en su busca. Y si no lo consigues, siempre puedes ir al grano y leer las guías Dónde están todas las máscaras y el Teletransportador y Dónde están los trajes del DLC.

    No obstante, la chicha, el auténtico jugo de Las Pruebas Legendarias está en aquello de lo que parte su nombre. Decía antes que el auténtico objetivo de este descargable es llamar a los que nos hemos perdido durante horas y horas con Link, a los que hemos visto el letrero de Game Over tantas veces que hasta se nos aparece en sueños. Y siento decir que, ahora, va a aparecer más todavía. Todo por culpa del Santuario de la Espada y del Modo Experto (o Modo Maestro).

    Seguir el orden es aburrido, por eso, voy a empezar por el Modo Experto. Bueno, lo hago por eso y porque debo reconocer que la primera vez que comencé (perdón, recomencé) la aventura con él, volví a tener la misma sensación que la primera vez que pude manejar a ese Link que había estado cien años de letargo. Y no, no hablo solo de la nostalgia por ese imponente plano de Hyrule al salir del Santuario de la Vida, sino de esa sensación de indefensión, de volver a sentirme alguien que comienza su odisea en un mundo inmenso, y hostil.

    La experiencia que te dan las horas previas de juego te sirve para tener en mente las triquiñuelas de los combates. Conoces cómo se mueven los enemigos, donde están y cómo se pueden conseguir esos objetos y armas que te faciliten las cosas. Pero, ay. Cuando el primer Bokoblin, ese que te espera poco después de la hoguera del anciano, se ha vuelto azul y ahora te parte la cara sin piedad una y otra vez, te das cuenta de que las cosas han cambiado; y más aún después, cuando avanzas un poco más y observas los alrededores del Templo del Tiempo para encontrarte con un Centaleón blanco. Ahí te paras, terminas de asumir que esto es más serio de lo que parecía y te encomiendas a Hylia por lo que pueda pasar.

    Esta subida de dificultad que te lanza el Modo Experto a la cara nada más empezar te obliga a cambiar la forma de jugar. Algunos siempre hemos sido un poco "cabras locas" y hemos enfocado más nuestras habilidades en la agilidad en batalla, aprovechar las esquivas y las armas de los enemigos para acabar con ellos. Esto aquí no funciona. Las armas se siguen rompiendo, los enemigos regeneran su salud y, para colmo, son más fuertes y hay más. La acción se queda rezagada, dejando paso a la estrategia, al aprovechamiento del entorno y de todo lo que tengas a mano. Puede que una hoja Kolog tenga un ataque mínimo, pero a lo mejor te sirve para lanzar a los enemigos al agua y que mueran rápidamente, sin gastar más armamento.

    Ahora me vuelve a venir a la cabeza aquello de definir a Breath of the Wild como una aventura de "cielo abierto". No puedes, no debes limitarte a seguir las mecánicas más sencillas y típicas. Esta nueva dificultad te hace pensar, estudiar el terreno y sopesar si es mejor aprovechar un árbol para emboscar a unos enemigos o tentar a un arquero para que falle y te lleves sus flechas. La perspectiva que te haya dado la experiencia previa puede ser muy útil, pero debes asumir que tienes todo un mundo vivo que puede servirte de ayuda o hacerte caer a merced de un grupo de Moblins.

    La forma en que un cambio en aspectos como el poder de los enemigos o su regeneración te hace redescubrir las mecánicas más naturales de este Zelda es algo que llama soberanamente la atención. Nintendo solo ha necesitado modificar algunas cosas para que todo sea más hostil y para que, incluso el más experto, tenga que pararse a pensar cómo actuar. El problema llega a la larga, cuando ya te habitúas y ves que ya controlas estos cambios. Hyrule vuelve a estar a tus pies y el atractivo de la novedad se pierde después de los meses que Link lleva con nosotros, aunque los combates te lo pondrán más difícil que nunca. Todavía queda por ver si se han cambiado algunos Santuarios o hay más cambios en la disposición de los monstruos. Tened por seguro que seguiremos haciendo descubrimientos durante un buen tiempo; el juego sigue siendo exageradamente grande.

    El Santuario de la Espada es, aunque no lo parezca, el polo opuesto al Modo Experto. El otro se ejecuta por separado, como si se tratara de una versión Master Quest que ponemos en lugar de la normal; pero este santuario es una prueba que se integra en la aventura original, con el pretexto de hacernos mejorar la Espada Maestra y despertar su auténtico poder, y de nuevo con la intención de poner a prueba al jugador.

    La forma de integrarse en el mundo de Breath of the Wild no es lo único por lo que, repito, es algo opuesto a la nueva dificultad. El modo complicado, como explicamos antes, hace ligeras modificaciones en aspectos ya asentados (cambios en estadísticas, enemigos y solo un pequeño experimento con los Octorok); sin embargo, la nueva mazmorra inventa situaciones y se atreve con mecánicas que no se nos habrían ocurrido jamás a pesar de haberle echado incontables horas a la aventura.

    Se compone de 48 niveles divididos en tres zonas (inicial, intermedia y avanzada) en las que siempre comenzamos con Link como Zelda lo trajo de nuevo al mundo, o al menos a este. A partir de ahí, el jugador debe aprovechar las situaciones y todo lo que le rodea para acabar con todos los enemigos que hay en cada escenario. La dificultad, por supuesto, va creciendo a medida que avanzas, y morir implica empezar de nuevo desde el primer nivel de la sección (con su correspondiente mensaje de Game Over, claro).

    Lo bueno de esta prueba impuesta por la Espada Maestra es que la recompensa no es lo que te motiva a seguir, ni tampoco el pique de haber caído tontamente ante una flecha que no esperabas. La curiosidad se convierte en el auténtico motor para seguir intentándolo. No sabes qué te va a esperar en la siguiente prueba, con qué te van a sorprender para que saques a relucir tus dotes de luchador y de superviviente. Salas en las que todo está a oscuras, en las que no deja de soplar el viento o las que se reducen a trampas mortales repletas de Guardianes. Todo vale, y eso también se te aplica a ti.

    Por un lado los complementos y los ropajes, por otro la nueva dificultad y la nueva mazmorra. Las Pruebas Legendarias han llegado a The Legend of Zelda: Breath of the Wild para que nos volvamos a dejar llevar por esa abrumadora Hyrule que nos abrazó el 3 de marzo, para que la sigamos explorando. La mayor pega que se le puede poner es que la única sección nueva sea una mazmorra que puedes completar en poco tiempo si te pones las pilas; pero la mayor bondad es cómo, aunque lleves 80, 100, 200 o más horas, te va a sorprender al aprovechar ese mundo y sus hostiles habitantes.

    Un buen aperitivo para ir picando mientras llega la Balada de los Elegidos, ese DLC que nos explique qué pasó hace 100 años con mayor tranquilidad y sin necesidad de recurrir a flashbacks. Tenemos varios meses por delante para conocer un poco más del 'lore', y tenemos la ocasión de pasarlos redescubriendo el mundo que ha dado forma a una de las mejores aventuras jamás jugadas.

    Fuente original: Gamereactor.es

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