• Nidhogg 2

    08/09/2017 10:00 // Dóri Halldórsson Comparte en facebook Comparte en twitter Comparte en google plus Comparte en tuenti

    Meshoff tiene mucho que demostrar con la secuela de este clásico de culto de duelos entre dos jugadores.

    Autor: Dóri Halldórsson - Gamereactor.es

    Nos encantan los juegos multijugador local. Hay pocas cosas más divertidas en la vida que invitar a un amigo a casa, acomodarnos en el sofá, poner uno de los cinco juegos que siempre tenemos instalados y machacar a nuestro invitado desprevenido.

    Nidhogg fue nuestro juego favorito del género cuando lo lanzaron en 2014, hasta el punto de que este crítico lo proclamó su juego del año. Prácticamente todo era perfecto y todas las partes se complementaban bien. No hace falta decir que ahora que Messhof por fin ha sacado la segunda parte había mucha ansiedad por recibir la copia de prensa de Nidhogg 2. Como ocurre con la mayoría de continuación de juegos que nos encantan, durante el tiempo que pasamos jugando de cara a escribir este análisis tuvimos que pasar por las cinco fases de aceptación de secuelas:

    Negación: Este no puede ser el nuevo diseño artístico que han elegido. Ira: el manejo de las armas y la detección de golpes no están tan bien y no son tan concisos como en el primero. Negociación: Bueno, las bases son las mismas, además el tener más armas le da variedad y esta vez hay más niveles. Depresión: El multijugador online sigue funcionando mal a veces. Aceptación: Bueno, no es más de lo mismo, han cogido las mecánicas principales y las ha desarrollado para darle al juego una su propia identidad nueva.

    Una vez nos hemos quitado esto de en medio, podemos retroceder y comenzar el análisis de nuevo con una perspectiva informada, racional y esperamos que sin el filtro fan.

    Vayamos por partes: ¿qué es Nidhogg 2? Como su predecesor, es un juego de esgrima uno contra uno donde cada jugador intenta matar a su oponente para abrirse camino, corre hasta el final de la pantalla para pasar a la siguiente etapa del nivel y, finalmente, a la pantalla "ganadora" donde Nidhog, el gusano gigante, los devorará rápidamente. Todo esto mientras intentas no morir y avanzar evitando al adversario que se regenera constantemente. Es un concepto simple que se complica con el posicionamiento de las armas, peligros en el entorno y la incorporación de un arsenal más amplio.

    Lo primero a lo que reaccionarán los jugadores experimentados es la gran modificación del diseño artístico. Ya no tenemos esa estética del original minimalista y sombría pero curiosamente absorbente. Ha sido reemplazada por unos personajes coloridos y caricaturizados que llegan a recordar a animaciones con plastilina y que luchan delante de una gran variedad de fondos complejos y coloridos que nos van mostrando el trasfondo de cada mundo. Ya no hay personajes sin cara ni rasgos que luchan sin conexión alguna con el entorno. Hasta tal punto que antes de cada partida los jugadores pasan por una pantalla de personalización donde eligen su color y un montón de estilos de ropa y peinados.

    Aunque nos costó bastante tiempo adaptarnos a la ausencia de esa estética estilo Atari tan familiar que ya conocíamos y amábamos, la anterior a esta secuela de colores vibrantes, hay que admitir que nos acabó gustando. Ahora hay una sensación diferente, la de un universo más estudiado, aunque todo sigue muy enfocado a la jugabilidad real.

    La segunda gran ampliación del juego son las nuevas armas y el esquema piedra-papel-tijera que siguen al interactuar. El florete clásico sin duda es el pilar principal, con sus tres alturas de bloqueo y ataque. Las incorporaciones son la daga, que se comporta de una manera similar al florete pero con un tiempo de respuesta ligeramente más rápido, el sable, devastador pero más lento con dos posiciones y un golpe que no se puede bloquear y, por último, el arco, más deslucido, con su ataque a distancia. Cada arma funciona mejor contra otra arma específica, pero la ventaja no es lo suficientemente fuerte como para que te quedes atrapado en un bucle mortífero esperando encontrar el arma correcta.

    Se ofrecen diez niveles para seleccionar de un mapa del mundo precioso y extrañamente nostálgico. Todos están enmarcados de una manera única, con un aspecto diferente, que van desde versiones de los cuatro mapas del original, a un nivel de invierno peligroso, un club nocturno subterráneo y, nuestro favorito, un pantano donde comienzas la pelea frente a un enorme árbol psicodélico y te abres camino por el sistema digestivo de un gusano Nidhogg (todo al ritmo de reggae relajante). La banda sonora también se ha adaptado, dejando atrás la visión sonora procedural de Dedelus para apostar con fuerza por unas canciones más animadas de Mux Mool entre otros, pero funciona perfectamente, intensifica la experiencia y te garantizamos que después de una sesión larga se te va a pegar más de una canción.

    En cuanto a modos no hay una gran variedad, igual que en el original, sino más bien un par de opciones de cómo y con quién juegas. El modo arcade es la parte de un solo jugador donde juegas a lo largo de diez mapas contra una inteligencia artificial cada vez más inteligente con un arsenal que va creciendo gradualmente. Una partida durará unos 20 minutos y aunque en seguida deja de ser entretenido, resulta ser un muy buen tutorial para prepararse para el enfrentamiento contra otro humano.

    El modo local es el principal y, además, donde el juego brilla realmente. A pesar de la sensación de que no está tan pulido como el original, lo que lo hace más informal y provoca más extrañezas, el resultado final es más divertido. Resume perfectamente lo mejor de los multijugadores de sofá: cada partida evoluciona de manera diferente, desde las victorias holgadas hasta los tira y afloja eternos. Habrá risas, gritos, y algún mando roto que otro, pero lo más importante es que habrá mucha diversión (sobre todo con la opción de organizar un campeonato con hasta ocho personas).

    Para añadir variedad está la opción de ajustar las reglas para los emparejamientos con un tiempo límite que conduce a una muerte súbita, el orden de las armas, y varias "trampas" que cambian el juego y ayuda a mantener la novedad. Así que, para los puristas, podéis modificar el juego para tener los ajustes antiguos e incluso conseguir logros cuando estéis jugando.

    El online también vuelve con un modo competitivo opcional, pero tristemente, como ocurría con el original, hemos tenido algunos problemas que provocaban de vez en cuando ese lag tan irritante. Pero, por otro lado, gran parte de la diversión de Nidhogg 2 es tener al adversario sentado a nuestro lado para poder ser testigos de su desesperación de primera mano y ver cómo ven desvanecerse toda esperanza de ganar cuando su personaje explota y sus tripas y miembros vuelan por los aires.

    Aunque por lo general es genial, Nidhogg 2 no acaba de ser perfecto y tiene varios problemillas. Hemos acabado disfrutando la nueva estética de los entornos, aunque aún creemos que los personajes son un poco sosos. Conseguir dominar todas las armas es un deleite, aunque el arco todavía parece prácticamente inútil frente a un jugador habilidoso y el sable puede golpear por todo el entorno y matar a un jugador que está en una plataforma superior. Los niveles tienen más etapas que recorrer, pero en cambio se tarda más en regenerarse. No hay votación de mapas o mapas aleatorios, pero esto hace que la selección de niveles sea un mini juego en sí mismo de rapidez con los dedos. Los controles de teclado en los menús pueden ser un poco engorrosos con varias teclas que hacen lo mismo o funciones alternas, pero es que a ver, ¿qué haces que no estás jugando con un mando?

    La pregunta del millón es: ¿ha superado la secuela al original? Pero lamentablemente no tiene una respuesta simple. El segundo ha mejorado varias partes, con más variedad y una estética más acogedora (y mainstream al mismo tiempo), pero los puristas notarán fallos en la detección de golpes, más descuidada, y la recuperación que a veces es algo injusta.

    Al principio de este análisis decíamos que tenemos una selección de cinco juegos que esperan a todo aquel que tenga el valor de retarnos a un multijugador local. Nidhogg, Duck Game, TowerFall Ascension, Gang Beast y YamaYama. ¿Si Nidhogg 2 podría reemplazar a alguno de ellos? La respuesta, por desgracia, es no. Sin embargo creemos que es hora de hacer una excepción, ampliar la lista e instalar permanentemente en nuestro sistema un sexto juego multijugador de sofá de esos que destruyen amistades.

    8/10

    Fuente original: Gamereactor.es

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