Ibiza y Formentera, dos islas de faros y pueblos escondidos

Si Ibiza y Formentera no faltan nunca en las listas de las islas más bonitas del Mediterráneo es gracias, en gran medida, a sus sorprendentes faros y a la belleza de algunos pueblos escondidos que atesoran recuerdos de tiempos pasados. Hoy visitamos algunos de ellos para que tomes buena nota cuando visites alguna de estas islas afortunadas.

Los Faros

Como bien recita el cantante Jorge Drexler, lo importante en un faro no es tanto la luz que emite, como esos segundos de oscuridad que transcurren entre los destellos. Era la paciente espera la que guiaba a los barcos y esa metáfora de serenidad se vuelve realidad en dos islas, donde conviven una frenética actividad lúdica con lugares llenos de paz, ideales para relajarnos.

Uno de los faros más destacados en Formentera es el Faro del Cap de Barbaria, construido en los años sesenta del siglo XX, e inaugurado en el año 1972. Desde hace unos años no está habitado y se controla a distancia, pero eso no ha frenado la llegada de miles de visitas cada año. Su privilegiada situación, en la parte más meridional y más aislada de la isla, le ha convertido en protagonista de numerosos anuncios televisivos y de alguna película como “Lucia y el Sexo” de Julio Medem.

Faro de la Mola - Formentera

Pero si hay un faro espectacular y especialmente fotogénico en esta isla, ese sería el Faro de la Mola, con más de 150 años de historia. Situado a más de 120 metros de altura, se erige sobre un impresionante acantilado que cae directamente sobre el mar. Los amantes de la fotografía y la naturaleza tienen una visita obligada en este enclave para disfrutar de uno de los amaneceres más bonitos del mundo.

En la isla de Ibiza podemos encontrar hasta nueve faros, que recorren todo el litoral y protegían a los barcos de las peligrosas tormentas de las Pitiusas. Uno de ellos es el faro Des Moscarter, que presume con su torre de 52 metros de ser el más alto de las islas Baleares. El paseo para llegar hasta el faro desde la Cala d’En Serra nos permite disfrutar de la belleza de los acantilados y las aguas de azul turquesa de esta zona de Ibiza.

En uno de los islotes más bonitos de las islas, encontramos el Faro del Vedrá, de pequeño tamaño, pero en un emplazamiento espectacular, rodeado de rocas y de difícil acceso. Otro faro, ya abandonado, es el de Punta Grossa, que se construyó a mediados del siglo XIX en una zona de acantilados y muy lejos de los caminos de la época, lo que complicó mucho las obras de edificación. Los materiales se transportaban por mar y se subían luego al emplazamiento del faro. El proyecto, que tardó más de veinte años en ser una realidad, solo sobrevivió medio siglo. En 1916 fue sustituido por el faro de Tagomago y, desde entonces, se ha convertido en un bonito y espectacular recuerdo en una ubicación imposible que atrae a los viajeros más valientes.

Los mejores pueblos escondidos de Formentera e Ibiza

Santa Eulària des Riu - Ibiza

Formentera e Ibiza son dos islas que esconden mucho más que sus maravillosas calas y playas. En ambas, podemos encontrar pequeños pueblos costeros o de interior que conservan una magia especial y que nos recordarán cómo vivían sus habitantes hace algunas décadas.

En Formentera encontramos algunos pueblos que todavía atesoran la tradición pesquera durante todo el año. Un buen ejemplo sería Es Caló, cuyo puerto, en uso desde la época romana, ha sido siempre refugio de pescadores y navegantes, gracias a la protección que les ofrece el acantilado de la Mola. Las vistas son, además, impresionantes y en días despejados podremos observar las vecinas islas de Ibiza y Mallorca.

En el interior encontramos pueblos más tradicionales que, desde hace unas décadas, se convirtieron en atractivos núcleos para artistas y visitantes bohemios, muchos de los cuales residen aquí todo el año. Es el caso de San Ferrán, para muchos visitantes el pueblo más auténtico de la isla. La llegada de muchos hippies en los años sesenta y la mezcla de personas de diferentes lugares y culturas de medio mundo, han dotado a esta pequeña localidad de una atmósfera muy especial. Un ambiente que refleja bien la Fonda Pepe, lugar indispensable de reunión que ha sido frecuentado por artistas como Bob Dylan (o al menos eso dicen las leyendas locales). Muy cerca de aquí no podemos olvidarnos de visitar San Francesc, capital de Formentera, con un centro histórico que mantiene la tradición local de la isla.

En Ibiza también podemos encontrar algunos interesantes destinos todo el año sin necesidad de pisar la playa. Sant Miquel de Balasant, en el municipio de Sant Joan de Labritja, representa bien la imagen de pueblo blanco que nos viene a la cabeza cuando pensamos en Ibiza. Presidida por una bonita iglesia fortificada en forma de cruz, se alza sobre una colina para ofrecernos unas vistas impresionantes de la costa norte de la isla. Otro original pueblo de interior es Santa Gertrudis de Fruitera, que crece alrededor de una iglesia encalada de finales del Siglo XVIII, con una interesante selección de coquetas tiendas de artesanía y antigüedades.

Un pueblo escondido con mucha historia es Sant Llorenç, en donde podremos disfrutar de las ruinas de un antiguo pueblo medieval, con sus dos torres de defensa y un grupo de cinco casas. La soledad frente al distante mar, la convirtió en un núcleo fundamentalmente agrícola y, todavía hoy, sus cultivos tienen una relativa importancia en la economía local. Ya en la costa, encontramos Santa Eularia des Riu, el único pueblo con río de la isla, como bien indica su nombre. A lo largo de la historia ha sido ocupado por fenicios, cartagineses, romanos, musulmanes y cristianos. El paso del río permitió el funcionamiento de una serie de molinos de trigo, que fabricaron el pan que alimentó a toda Ibiza y muchas islas vecinas del Mediterráneo durante muchos siglos.

Sant Miquel de Balasant - Ibiza