Los retos del feminismo

Ana I. Bernal TRIVIÑO

Periodista

Es el momento de no dar un paso atrás. Después del fortalecimiento del discurso feminista del año pasado, 2018 ha empezado fuerte con la convocatoria de la huelga del 8M. Pero queremos ir más allá. Saber en qué punto estamos y hacia dónde vamos, cuáles son los retos del feminismo para los próximos años, sus asignaturas pendientes y hacia dónde debemos ir unidas. Preguntamos a algunas compañeras para que nos ayuden a aclarar la evolución del feminismo en nuestro futuro más cercano desde diversas perspectivas.

Laura Freixas

Escritora y presidenta de honor de Clásicas y Modernas

"Tenemos que crear nuevas formas de relación, de apoyo mutuo e intercambio"

En cultura hemos dado un paso muy grande porque, desde hace casi tres años, existe por primera vez una conciencia generalizada de dos aspectos. Una es la desigualdad en cultura, al menos desde el punto de vista cuantitativo. Empezamos a visibilizar, a contar. Somos conscientes de la desigualdad enorme en los suplementos culturales, premios, programación de congresos... Hay un 85% de hombres y un 15 % de mujeres, tanto de autoría como de autoridad, como puestos de dirección. También hemos asumido que esta desigualdad no es natural y que no se arreglaba con el tiempo. A comienzo de los 80 se decía que cuando la mujer pudiera tener más formación y estudiar más, se nivelaría por sí sola esa diferencia. Ya llevamos mucho tiempo, y hemos visto que no es así.

Hay que ponerse las gafas violetas para ver la cultura, como hacemos nosotras en las conferencias de Clásicas y Modernas. Con esas gafas se ven todos los obstáculos y escollos biográficos de todas las mujeres. En resumen, el hecho de que los genios encuentran musas y las genias no encuentran musos. Para un hombre la vida privada es un apoyo para la profesional, y hay mujeres dispuestas a vivir a la sombra de ese poder, que tienen que ver con ese patriarcado. Y para los hombres creativos y ambiciosos es un apoyo porque la mujer está en la retaguardia para resolver los problemas. Para las mujeres creativas la vida privada es un dilema, una dificultad, un obstáculo, porque la jerarquía se da en un sentido y no en otro. Tenemos que crear nuevas formas de relación, de apoyo mutuo e intercambio.

Y otra cosa que se ve es que toda la cultura está basada en la idea de que lo humano es lo masculino, mientras que lo femenino es una excepción, una desviación de la norma, algo marginal. Y todas las experiencias masculinas tienen protagonismo, desde la lucha por el poder político, por la guerra, el fútbol, conquistas, el deseo masculino... Mientras las experiencias femeninas, donde la maternidad es el mayor ejemplo, están expulsadas de la alta cultura y relegada a los márgenes. Esto es un dilema para las creadoras porque o impostan una voz de hombre, o si resaltan sus vivencias se consideran que se excluyen de la cultura y entran en la autoayuda. La subjetividad y experiencias masculinas son la que se valoran.

Laura Nuño

Profesora Titular de Ciencia Política y Directora del Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad Rey Juan Carlos

"Hay que acabar con la mercantilización del cuerpo de las mujeres"

Se dice que el feminismo está de moda, hasta personas que tienen el término “feminazi” o “ideología de género” entre su vocabulario habitual, se declaran feministas. Y, en ese proceso, se está construyendo una suerte de feminismo “sensato” e inclusivo en oposición al feminismo radical dónde se intenta desvirtuar éste último y volver inocuo al feminismo en general.

Convivimos con una suerte de cultura del simulacro. Que vendría a resumirse en que la igualdad es importante, pero no importa. La inversión en políticas de igualdad es irrisoria, un 0,01% de los Presupuestos Generales del Estado. Un 0,01% para un problema que afecta al 52% de la población. Incumplir las leyes de igualdad sale gratis en nuestro país. Ninguna, ni la Ley Integral contra la violencia de género, ni la ley de igualdad, ni aquellas disposiciones normativas que incorporan, por ejemplo, la obligatoriedad de incluir la igualdad en la formación o la investigación, se cumplen.

La agenda del feminismo, salvo en lo relativo a la igualdad formal y la prohibición de discriminación que está garantizada en algunos territorios, sigue siendo la misma. Interpelar el androcentrismo como neutralidad, la lucha contra las diferentes formas de violencia contra las mujeres, los derechos sexuales y reproductivos, la igualdad en el empleo y los cuidados, la feminización de la pobreza y, en general, un reparto equilibrado del poder; que es a lo que se resiste más el patriarcado.

A estos retos se suman otros que están cobrando cada vez mayor presencia, como la mercantilización del cuerpo de las mujeres. Porque si bien es cierto que las mujeres no han dejado nunca de ser consideradas como objetos sexuales y reproductivos, el neoliberalismo como forma de racionalidad fomenta la normalización de su mercantilización. Normaliza comprar un rato de sexo, unos óvulos o una criatura. Una concepción que refuerza, aún más, la consideración de objetos y se aleja de la pretensión ilustrada de ser sujetos del derecho.

Virginia Gil

Directora de la Fundación para la Convivencia Aspacia

"Las violencias sexuales se deben tratar como violencia de género"

La violencia sexual es una grave violación de derechos humanos y una de las manifestaciones más extendidas y severas de violencia contra las mujeres, niñas y niños, aunque está muy invisibilizada. En el imaginario colectivo cuando se piensa en violencia sexual, lo que normalmente imaginamos es una violación por un desconocido en una calle desierta y oscura, con uso de violencia física y en la que hay penetración. Por desgracia existen muchas formas de violencia sexual, desde el acoso sexual, el abuso sexual, incluido el infantil, hasta la violación. El abanico de violencias sexuales que sufren las mujeres, niñas y niños es muy amplio. Y los datos y la experiencia nos dicen que, en la mayoría de los casos, los agresores son personas del entorno cercano, que usan la intimidación, la coacción o el engaño más que la fuerza bruta, y que la violencia sexual se da más en casas y sitios privados.

Lo que nos encontramos es que las víctimas que sufren casos de violencia sexual que se alejan de esa violación brutal que imaginábamos al principio, son en muchos casos cuestionadas y señaladas como responsables por no haberla evitado o incluso por haberla provocado. En el último año, la violencia sexual ha recibido una atención mediática hasta ahora nunca vista, generando una mayor conciencia social con respecto a la gravedad que supone este problema.

En este sentido, el Convenio del Consejo de Europa sobre prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica, de obligado cumplimiento en nuestro país, constituye una oportunidad para continuar presionando para que estas violencias sexuales se afronten desde un enfoque basado en la perspectiva de género, de derechos humanos y no discriminación y muy especialmente cumplir con el principio de la debida diligencia, de forma que el estado garantice la protección de las víctimas, la prevención y persecución del delito, así como políticas integrales y coordinadas. El reto pendiente en nuestro país es que estas violencias sexuales reciban el mismo tratamiento que la violencia de género en las relaciones de pareja.

Rosa Cobo

Profesora de Sociología del Género en la Universidad de A Coruña

"El capitalismo neoliberal debe abandonar la explotación sexual"

Después de la durísima reacción patriarcal que comenzó a desarrollarse a partir de la década de los ochenta, el feminismo ha resurgido con una fuerza desconocida y se ha extendido por todo el planeta. Las razones de ese resurgimiento hay que buscarlas no solo en la capacidad del feminismo para identificar los focos de mayor desigualdad, sino también en la dureza de la propia reacción patriarcal que ha empujado a muchas mujeres hacia el feminismo como forma de entender la desigualdad y la violencia masculina.

Los dos focos fundamentales de opresión son la violencia patriarcal y la feminización de la pobreza. Las violencias contra las mujeres se han intensificado y multiplicado en las últimas décadas hasta extremos desconocidos. Lo nuevo es que algunas de esas violencias se han articulado en grandes negocios. La industria internacional del sexo y los vientres de alquiler han convertido la apropiación patriarcal de las capacidades sexuales y reproductivas de las mujeres en un sector económico que contribuye a los procesos de acumulación capitalista.

De otro lado, las mujeres somos mayoría en el trabajo a tiempo parcial, en los salarios de pobreza, en el trabajo sumergido y en aquellas actividades que tienen salarios más bajos y con menos derechos.

Quizá el dato más relevante para comprender el feminismo del siglo XXI es que el capitalismo neoliberal necesita la explotación sexual, reproductiva y económica de las mujeres para reproducirse con altas tasas de beneficios. El feminismo del siglo XXI está identificando con gran inteligencia estratégica la política sexual del nuevo capitalismo. En el corazón de la política patriarcal del capitalismo neoliberal encontramos hoy los mayores niveles de violencia sexual y económica hacia las mujeres. La grandeza del feminismo global es que ha sabido verlo.

Antoinette Torres Soler

Investigadora social y Directora de Afroféminas

"La reivindicación del feminismo negro es la deshumanización de la mujer negra"

A día de hoy en toda España, una mujer migrante pese a sus iniciativas y estrategias de resistencia, simboliza una mujer subsidiada, mantenida, ignorante, violentada... y la lista de adjetivos podría extenderse sin esperanzas de encontrar un resquicio que nos conduzca a la percepción humanizada del grupo social al que yo también pertenezco.

Soy consciente de que el Afrofeminismo es una nueva epistemología. No es posible ver mi empoderamiento desde una teoría que me niega. Y así es: tenemos historias diferentes, referentes diferentes y reivindicaciones diferentes. Por lo tanto como parte de un heterogéneo colectivo femenino, tengo claro que mi empoderamiento debe partir de las iniciativas que nosotras mismas, las mujeres negras, creamos posibles. La única forma de saber qué camino tomar, es actuando y repensando nuestra experiencia vital. Ella es nuestra guía, la que nos dice cuánto más o menos hemos avanzado. O sea, con esto quiero decir que no hay feminismos negros, sin el testimonio de la mujer negra y sin el lógico protagonismo de ella. Sin embargo los hechos en la actual sociedad española dicen otra cosa. La invisibilización ha devenido en un tipo de racismo.

Necesitamos que el feminismo negro sea reconocido como una nueva epistemología y, por tanto, como una lucha con referentes históricos diferentes y objetivos diferentes. Desde mi punto de vista la reivindicación principal del Feminismo Negro es la deshumanización de la mujer negra y no el machismo (sin dejar de ser este una reivindicación más). Es decir si Simone de Beauvoir decía que el problema de la mujer es un problema de hombres, desde mi punto de vista el problema de la mujer racializada es un problema de hombres pero también de mujeres. Y como último propósito de momento vería la creación de más espacios no mixtos que permitan que las mujeres racializadas se empoderen según sus objetivos y en ningún caso según el discurso hegemónico sobre la mujer.

Alba Pérez

Abogada del 7N

"La guarda y custodia compartida no es beneficiosa por definición"

El gran reto del feminismo está en hacer ver que la guarda y custodia compartida no es beneficiosa por definición. Pese a su buena semántica, implica un régimen complejo de convivencia y es necesario que exista buena relación entre los progenitores. Nuestro Código Civil recoge el ejercicio compartido de la guarda y custodia cuando así lo soliciten los progenitores en la propuesta de convenio regulador o cuando ambos lleguen a un acuerdo en el transcurso del procedimiento.

Este régimen puede ser ideal si se acuerda de forma consensuada y siempre en beneficio de las y los menores, no como una medida más de negociación para conseguir ventajas económicas. El interés superior del menor debe ser considerado primordial en todas las actuaciones, pues trata de dar protección al más débil y tiene categoría de principio general del derecho. Sin embargo, el Código Civil recoge también la posibilidad de que, a petición de una de las partes, aún sin acuerdo entre ellas, el Juez pueda acordar la guarda y custodia compartida impuesta. Esta imposición conlleva en muchos casos elevar el nivel de conflicto entre los progenitores, poniendo en riesgo el bienestar emocional de los menores.

Además, aunque la ley prohíbe expresamente que se aplique en los casos de violencia machista, defender este régimen impuesto supone: olvidar la violencia psicológica que es muy difícil de demostrar y permitir que la bolsa de impunidad del 70% entre de lleno, concediéndose custodias en estos supuestos. La modificación de la ley para que la custodia compartida sea la modalidad preferente no obedece a ninguna necesidad real de la sociedad, tampoco protege a los menores y supone un grave perjuicio para las mujeres que aceptarán acuerdos renunciando a derechos para mantener la guarda y custodia de los y las menores en procesos de separación o divorcio. Este anteproyecto de ley, que parte del falso principio de que existe igualdad real entre el hombre y la mujer, se ha ayudado de su buena semántica para ocultar lo que realmente implica. Por eso, hay que destapar lo que esconde, es una batalla que no podemos perder.

Yolanda Besteiro

Presidenta de la Federación de Mujeres Progresistas

"La corresponsabilidad tiene que aplicarse en todos los ámbitos"

El feminismo está en buen momento, incluso hay sectores del feminismo que dudamos de si estamos ante una cuarta ola. Se está empezando a entender como una forma de vida y convivencia y no contra una amenaza contra los hombres. Vemos también un reforzamiento de las mujeres más jóvenes, renovando el discurso y con un activismo militante. Eso garantiza el relevo generacional y la idea de que no daremos un paso atrás. El feminismo goza de muy buena salud, hemos visto movimientos como el #metoo, la palabra feminismo fue una de las más consultadas del año, la conciencia del acoso sexual… El patriarcado se rearma en parte, pero hay un contramovimiento de las mujeres haciendo frente.

Como retos queda avanzar hacia la corresponsabilidad para romper ese techo de cristal que impedir que las mujeres se incorporen en plenitud de derechos a todas las esferas de la vida laboral, social, cultural, política... porque se nos sigue atribuyendo a nosotras la atención y cuidado de los hijos, también con la implicación de todas las instituciones y sociedad.

Igual que hemos conseguido que la violencia sea reconocida un problema de primera magnitud, debemos conseguir que la ausencia de corresponsabilidad se señale para que no se cercenen nuestras aspiraciones profesionales, como viajes al extranjero o especializarse. Y luego el sentimiento de culpa que tenemos porque se nos atribuye, sentimos el reproche social si no lo hacemos. Eso nos hace creer el mito de supermujeres, cuando es imposible de cumplir, y para ello se tienen que sumar toda la sociedad, empresas e instituciones y que establezcan todas las medidas para que hombres y mujeres tengamos una vida personal, familiar y laboral sostenible y que no sea a costa de la mochila de las mujeres. Que la corresponsabilidad deje de ser un problema privado y pase a ser público.

Otro punto es incentivar la incorporación de las mujeres en el mercado laboral y su permanencia en condiciones dignas, porque muchos contratos basuras con salarios bajíisimos son a costa de las mujeres y las condenan a la pobreza y, sobre todo, a las familias monomarentales. La desigualdad salarial es insostenible hoy día en sociedades occidentales. Un reto fundamental en España es desplegar todas las medidas del Pacto de Estado y tomar la conciencia contra otras formas de violencia de género como la sexual, la trata, la prostitución, la nueva forma de explotación reproductiva de mujeres como el alquiler de vientres, luchas contra la mutilación genital y matrimonios forzados. Son formas de violencia difíciles de erradicar a corto plazo, pero hay que plantar ya las semillas.

Marisa Fernández Gálvez

Responsable de Igualdad en Dones Juristes

"Hay que legislar, interpretar y aplicar la ley con perspectiva de género"

La modernidad jurídica sigue presidida por el paradigma de la unidad, sostenida por los ideales liberales de racionalidad y de igualdad formal; la ley es el instrumento de la igualdad pero el Derecho obvia las diversas situaciones y las diferentes circunstancias sociales y su gran déficit es que no tiene en cuenta el carácter estructural de las desigualdades. En la construcción de las categorías jurídicas, el sexo se ha considerado irrelevante, una categoría social domesticable que siempre se podía reconducir a la categoría abstracta del Derecho: el modelo es una abstracción del que las mujeres han sido excluidas, las reglas han sido establecidas desde la uniformidad; la normativa, la interpretación y la aplicación de las leyes pivotan sobre el individuo hombre.

Un marco normativo aparentemente neutro y desvinculado de las mujeres no resuelve nuestros problemas concretos. Una buena prueba es la escasa o nula repercusión que tienen las leyes en la disminución de las violencias machistas o que las victorias en el terreno de la equiparación jurídica no han impedido que en la práctica se mantenga la situación de subordinación legal de la mujer y su falta de representación sociopolítica, hechos que evidencian que es necesario ampliar las nociones de justicia y superar el universalismo jurídico de la igualdad formal que neutraliza y mutila la diversidad.

Ampliar las nociones de justicia significa incorporar el modelo jurídico de la lógica de las diferencias, el derecho entendido como un instrumento que contribuya al desarrollo de la ciudadanía, un mecanismo incluyente e integrador que permita superar la construcción de las identidades, un derecho que se apoye en la idea de igualdad compleja. El Derecho no se nutre de la igualdad, se nutre de las diferencias, las diferencias no se oponen a la igualdad, al contrario, permiten su realización: el reto es legislar, interpretar y aplicar la ley con perspectiva de género, es decir, incluyendo a la mitad de la humanidad.

Mabel Lozano

Guionista y directora de cine social

"Llegar a los jóvenes a través del arte para educar en igualdad y respeto"

El cine es uno de los mayores inventos del ser humano y es tan poderoso que incide en nuestro imaginario. El cine español, por desgracia, ha sido contado desde el patriarcado. Todavía, hoy en día, hay una escasa presencia de la mujer como creadora de historias y relatos, y no es que no haya mujeres directoras de cine. Sí las hay, y magníficas, pero en número todavía no somos muchas. La situación de nuestro cine es de desigualdad, lo vemos en las nominaciones y en los premios Goya, lo vemos en la cartelera, en los festivales de cine… Según los datos de CIMA ( Asociación de mujeres cineastas y de medios audiovisuales )... todavía estamos en absoluta desventaja numérica en comparación con nuestros compañeros varones: mujeres 26%, hombres 74%.

La presencia en la dirección y guión de las mujeres no es un capricho, sino una necesidad, puesto que somos el 50% de la población y también el 50% del talento. Por tanto, es vital que estemos en la configuración del relato, porque entonces este no será ficción, sino real, plural, diverso y rico, tal como es la sociedad compuesta por hombres y mujeres. También esta herramienta tan poderosa, es capaz de cambiar la percepción que tenemos sobre determinadas cuestiones, en muchos casos de gran importancia, como la violencia de género, que no debería tratarse solo en los juzgados, sino también en el cine. A través del séptimo arte se puede llegar a los jóvenes y educar en igualdad, en respeto, valores, en la no violencia. Y este para mi es un gran reto, llegar a los jóvenes a través del arte como vehículo de transformación social. Por esto, la igualdad en la cultura es vital.

Alicia H. Puleo

Presidenta de honor de la Red Ecofeminista

"Potenciar el ecofeminismo frente al virilidad patriarcal"

El ecofeminismo es hoy una teoría que está cobrando mucha fuerza por dos razones fundamentales: debido a la creciente evidencia de la crisis ecológica y del cambio climático, y por la expansión de la conciencia ética con respecto a los animales, sobre todo en las nuevas generaciones. En 2012, se creó en Madrid la Red Ecofeminista que asumió mi propuesta de “ecofeminismo crítico”, una teoría que evita el riesgo de devolver a las mujeres a sus papeles tradicionales de cuidadoras y madres. Se trata de revalorizar el cuidado pero considerándolo una capacidad humana que tienen que desarrollar todos los individuos. El ecofeminismo estudia las relaciones de los conceptos de “mujer” y “Naturaleza” en la historia del pensamiento, mostrando que ambas han sufrido procesos de inferiorización y dominio similares. Como ecofeministas, denunciamos la cultura androcéntrica y antropocéntrica de la voluntad de dominación del guerrero y el cazador. Ya no es adaptativa en el siglo XXI. Proponemos un modelo empático frente al alejamiento emocional propio de la construcción de la virilidad patriarcal que produce tanto daño a la sociedad y a la Naturaleza.

El ecofeminismo ayuda también a las mujeres a ser conscientes de la relación entre su salud y la contaminación ambiental. Por su porcentaje mayor de tejido adiposo y su variabilidad hormonal, el cuerpo femenino es más vulnerable a pesticidas, herbicidas y otras toxinas ambientales causantes de diversas enfermedades. Una razón más para ser ecofeministas.

Al realizar una crítica de la cultura androcéntrica y antropocéntrica, así como de los nefastos efectos económicos y ecológicos de la globalización neoliberal, el ecofeminismo busca comprendernos mejor como especie, preservar nuestra salud, defender a los animales, luchar por la ecojusticia y la sororidad internacional y alcanzar una mejor calidad de vida que no esté definida por la infinita acumulación de bienes materiales. A estos retos del ecofeminismo, añadiría el establecimiento de lo que llamo “Pactos de Ayuda Mutua” entre movimientos emancipatorios para evitar la canibalización y agresión mutuas que se pueden percibir tantas veces en sus relaciones y favorecer la interseccionalidad, el respeto y el apoyo.

Diana López Varela

Autora de "No es país para coños" y guionista

"Necesitamos crearnos fuera de los cánones masculinos porque son ellos los que llevan años definiendo qué es la feminidad"

El feminismo como movimiento lo veo fuerte, esta última ola del feminismo que ahora representamos está calando en la sociedad y en la agenda mediática y que estén en bocas de todos. Todo está siendo una demostración de fuerza y esta huelga marcará un antes y después. Cada vez somos más y de diferentes generaciones. Por el contrario lo que no veo bien es la situación de la mujer. La brecha salarial sigue ahí en más del 20%, es imposible conciliar y lleva a renunciar a proyectos vitales, bien porque si tienen el hijo no pueden trabajar o bien porque si tienen trabajo es tan precario que no pueden tener un hijo a su cargo. Y me preocupa mucho la violencia. Lo peor es que cada vez la gente más joven, de 14 o 16 años, como las Manadas que agreden a las mujeres y también sexualmente y aumenta nuestra sensación de inseguridad.

Hemos estado otras veces peor pero no veo nuestro futuro muy bueno. La victoria de la derecha en España además es un indicativo de que algo va mal, de que tenemos que estar el movimiento feministas y las personas progresistas para demandar más política social y mayor educación que favorezca la igualdad y que las cosas puedan cambiar así. Y que dejen de matarnos y violarnos. En España en 2018 ser mujer es factor de riesgo para que nos violen, asesinen, agredan, y ser más pobre. Y también necesitamos escribirnos, pintarnos, cantarnos… necesitamos crearnos fuera de los cánones masculinos porque son ellos, precisamente, los que llevan años definiendo qué es la feminidad. Y no sólo hablar de nosotras sino de esa nueva masculinidad apartada de los cánones patriarcales y violentos que sigue imperando en la cultura.

Carmen Castro

Doctora en Economía. Creadora de SinGénerodeDudas.com

"La equidad no será mientras los hombres no renuncien a sus privilegios patriarcales"

Como retos del feminismo apunto a una confluencia con otros movimientos sociales nacidos de las situaciones de precariedad y vulnerabilidad social provocadas, por la beligerancia de las políticas neoliberales de estos últimos diez años. Más sinergias feministas para seguir sumando y construyendo colectivamente vidas vivibles, a través de un pacto constituyente del paradigma feminista, basado en la equivalencia humana y la justicia redistributiva (social, de género y ecológica) desde la certeza de que no todo vale. También asumir que el objeto de la movilización feminista es la transformación social y la reestructuración de las relaciones -laborales, familiares, sociales, institucionales- desde la equidad de género, la equivalencia humana, la equifonía y la equidistancia, contribuyendo también a que las generaciones futuras puedan tener expectativas y condiciones de vida digna. Eso pasa también por asumir que la equidad no será tal mientras los hombres no renuncien a sus privilegios patriarcales.

Tenemos que adaptar el ritmo del sistema económico a los tiempos de la regeneración y reproducción de la vida, lo que nos permitiría salir de la perversión del ciclo tiempo para trabajar-trabajar para ganar- ganar para consumir-consumir para producir y con ello replantearnos qué producimos, en qué condiciones, a cambio de qué y sobre todo, qué necesitamos realmente para vivir, para bien vivir. Por eso es importante hacer de los indicadores de (des)igualdad de género (brechas por género en los salarios, pensiones, empleo, desempleo; feminización de la precariedad, incidencia de la violencia machista y agresiones sexuales, etc...) el termómetro que alerta de una sociedad enferma y cuya sanación requiere atajar de manera efectiva las causas estructurales que provocan dicha enfermedad.

Por último, exigir políticas públicas con enfoque género-transformativo, con capacidad de subvertir el orden de género y la división sexual del trabajo existente. Además de alentar o implicarnos en iniciativas ciudadanas emergentes que faciliten la desnaturalización de los cuidados y la redistribución de los mismos, la desmercantilización de la vida y la despatriarcalización de las organizaciones y redes de participación. Y, cómo no, que las vidas de todas las mujeres se vean arropadas por los derechos humanos.